domingo, 23 de diciembre de 2007

El abandono



("Atardecer con puente", Ramiro Rodríguez)


Ardor que toca los cinco sentidos,
sentir que vibran abstractos ardores;
incendio impenetrable en los rigores,
rigores desatados y encendidos.

De olas furiosas estallan sonidos,
furia insolente de regios colores;
suenan cohetes de afables fulgores,
luces que ciegan en mil estallidos.

Cuando renacen serenos momentos,
el tiempo denuncia un espacio manso,
instantes caminan lentos, muy lentos.

Transporte sutil que llega al remanso,
suave cansancio después de los vientos
o tal vez los vientos tras el descanso.


De Desierto azul (2005)

jueves, 22 de noviembre de 2007

Espionaje



Mar rebelde, dos cuerpos y nadie.
Ah sí, el sol con su incendio vibrante,
gaviotas en vuelo por los vientos,
cangrejos en los médanos.

Nosotros y la inminencia de la noche,
luna anticipada en su rielar eterno,
barcos de sal que habitan horizontes
en sonidos glaucos de mareas altas.

Mar rebelde,
                        bocas exhaustas y nadie.

Ah, olvidaba a Tiziano Ferro en la radio,
nubes de pelícanos a ras del agua,
seseo de soles besando las olas.

Y yo pensando que nadie nos veía.

lunes, 5 de noviembre de 2007

Impulso




“Prolija Memoria
permite siquiera...”

Sor Juana Inés de la Cruz

Infértil Impulso,
permite siquiera
que vea en naufragio
tus barcas miméticas.
Si afectos te ofrezco
o te abro la puerta,
te escapas al agua
trayendo odiseas.
Si encuentras al sol
sus luces revientas
y rompes aromas
cuando haces presencia.
Si ocultas tus sales
quedándote a ciegas,
disipas recuerdos
y horadas conciencias.

Insípido Impulso,
permite siquiera
que salgan mis peces
de voces ingénitas.
Permite que el viento
me encuentre en arenas,
expuesto al arpegio
de antiguas mareas.
Que en dunas de oro
mi estuario descienda
y duerma en el canto
astral de sirenas.
Permíteme, Impulso,
dejar la materia
y verme en las olas
de angélica cresta.

Ingrávido Impulso,
permite siquiera
hallarme desnudo
en islas desiertas.
Saberme de templos
marinos la esencia,
de ser en las playas
murmullo o cadencia.
Y en vuelo constante
de altiva grandeza
ser siempre y por siempre
gaviota viajera.
Permíteme, Impulso,
salir de mi celda,
ser libre en los mares
de lunas y estrellas.

De Poemas a propósito (ALJA Ediciones, 2012)

domingo, 21 de octubre de 2007

Perro, enemigo del hombre


Perro que ladra, era de suponerse. Para aquellos que piensan que el perro es el mejor amigo del hombre, debo decirles que antes de hacer tal afirmación a los cuatro vientos piensen varias veces lo que esto implica. De lo contrario –en el porvenir– aquello que se dijo un día, no será más que un cliché de pacotilla.

Por lo general, un perro ladra cuando un hombre pasa cerca de lo que parecen ser sus dominios. El perro reflexiona –es un decir– sobre el hecho de que su terreno ha sido invadido con arbitrariedad por un extraño elemento. Por este motivo, ladra como justo reclamo por la aparente afrenta. Ladra una y otra vez. Pero lo meritorio de este perro es que ladra de frente, permite que el supuesto invasor se entere que está pisando terrenos enemigos. El invasor se aleja en muestra de sincera consternación y admite que su acción fue bárbara al invadir la propiedad ajena. Cuando el perro enfrenta su realidad con el aplomo del caballero y la justicia del redentor, se dice que posee autenticidad para resolver sus conflictos. El hombre mismo lo felicita por surgir en defensa inmediata de lo que es suyo por antonomasia. La autenticidad no es sólo característica del creador.

Pero, por otra parte, existen perros extraños que avergüenzan a su respectiva raza, perros que colocan a todo su canino universo en la picota del escarnio. Esta especie de perro se puede identificar con facilidad entre multitudes y paisajes de mimetismo: su pequeñez –no sólo física– es bastante notoria. Siempre encuentra ocasión oportuna para mover el rabo, sobre todo cuando el hombre –cuya riqueza pudiera ser objeto de su anómala avaricia– deambula frente a su hocico. Tras mover la cola, se acerca con cínica docilidad para lamer los pies del hombre y obsequia la mirada más humilde y conmovedora, poniéndose a su servicio incondicional. Pero cuando el hombre decide retirarse, cuando se marcha y da vuelta a la esquina, el perro se vuelve entonces la fiera más salvaje que se haya conocido. Ladra hasta romper las oscuras paredes de su garganta para que lo escuche todo el pueblo, pero cuida –con astucia asombrosa que, en realidad, podría ocuparse en otros menesteres de utilidad al universo– que el hombre que se aleja no lo escuche porque podría enterarse de la doblez conductual característica en el hipócrita y adiós riqueza que vio cerca de sus fauces. Si alguien lo viera ladrar con tal donaire, pensaría que es el perro más valiente de la colonia, el perro en cuyo hocico los colmillos relucientes son indiscutible bravura.

Estos perros son traicioneros, lamentable escoria del universo. Abundan en bandadas organizadas para asaltar intimidad de hogares, roban lo que consideran valioso y fuera de su alcance o destruyen lo que no pueden llevarse y que en ellos es tormentosa carencia. La mancha negra de toda sociedad y todas las naciones. Perros rechazados hasta por aquellos que habitan en su propia casa, perros que se alían con otros de su calaña y que se fortalecen con sorbos de soledad, perros que sostienen su estrago al deleitarse con lo destructivo de su crítica a los demás. Hay seres agobiados por la soledad, aun en multitudes.

Estos perros son enemigos del hombre. A veces fingen dolor o padecimiento y se echan en la calle a gemir para conmover al hombre que pasa. El hombre –sobre todo aquel de buena fe– se acerca para auxiliar al que padece su miseria, porque la empatía hacia los débiles es más poderosa. Decide darle de beber de su misma agua, comparte el pan y la sal con aquel que tiene hambre, le acaricia con ternura –que en realidad es lástima– para disipar su desequilibrio. Y cuando menos espera el hombre un feroz ataque, aquella víctima de su propia ausencia de identidad se convierte en verdugo implacable de quien lo ayuda: lanza mordidas rabiosas porque quiere mucho más de lo que el hombre puede darle.

Estos perros son de pensamientos malvados. Poseen descaro inconcebible de proclamarse amigos del hombre cuando su avaricia los convierte en enemigos hasta de sí mismos. Porque –desde luego– se conocen a sí mismos. De ahí que exista odio hacia su prójimo. El hombre podría volver la mirada y ver que existen ballenas, caballos, elefantes o arañas que serían mejores amigos que el perro. Por esta experiencia universal, me atrevo a establecer que no todo perro es el mejor amigo del hombre.

Imagen: eyeonmiami.blogspot.com

jueves, 4 de octubre de 2007

Decesos de familia


El hombre de México ríe y llora con la muerte. La festeja con alimentos y bebidas, entre parientes que comparten el mismo despojo, que padecen la misma pérdida, el mismo silencio, convivencia e interacción de familia, el día dos de noviembre. Sin embargo, también inicia una lamentación profunda cuando la muerte se asoma a la ventana, buscando a alguien que la acompañe a la oscuridad infinita, alguien que siga sus pasos hacia la voz que se encuentra a dos metros bajo tierra. Una paradoja de la vida cotidiana con la que se lidia sin descanso, con la que hay que encontrarse y desencontrarse un día. La naturaleza humana así lo ha dispuesto desde el origen de las cosas.

En mi familia hay decesos que petrifican el cuerpo por su violento impacto, como suelen hacer casi todos los decesos. Proceso doloroso cuando es necesario comprender que los consanguíneos también están hechos de materia y sustancia deleznables, que alcanzan la calidad de fugaces durante su permanencia en la tierra. También las personas especiales deben cruzar la frontera entre la vida y la muerte en algún momento. Unos a tiempo, otros antes de tiempo. Es decir, a destiempo. Se agobian los ojos con la ausencia definitiva de los seres queridos. Se rehúsan los párpados a la partida irrevocable, a la predestinación, como estigma perpetuo, después de ser distinguidos con el privilegio de la vida. Siento tristeza profunda por mis muertos, ¿habrá alguien que no se ahogue en su tristeza cuando una persona especial se marcha para siempre?

En casa escuché conversaciones sobre decesos de familia. En particular, defunciones antes de mi nacimiento. Por ejemplo, mis abuelos paternos; y mis tres hermanos Ramiro y Luciano –cuyos nombres renacieron en mi hermano y en mí– y Socorrito, quienes fallecieron siendo bebés. Mamá nos hablaba acerca de mis tres hermanos con relativa frecuencia. Aunque no los conocí en persona, lo hice a través de fotografías y las descripciones detalladas, llenas de remembranza, de mamá. Aprendí a quererlos a través de ella, a lamentar su ausencia a través de ella. Ramiro tenía cinco años cuando murió de leucemia. Luciano y Socorrito tenían alrededor de un año cuando abandonaron a mis padres, suspiros débiles de enfermedades que se previenen con vacunas en nuestros días.

Los relatos que aquí se reúnen –algunos de ellos con visión ensayística– están basados en la experiencia familiar y convergen en el mismo asunto: la ausencia física de consanguíneos. No son espejo auténtico de la realidad. Está presente el vuelo arrebatado para construir nuevos nombres y nuevos mundos. Pero son, en gran parte, la Inminencia del ayer, el ayer que vuelve al presente para renacer y recordar.

De Desierto azul (E. A., 2005)

sábado, 29 de septiembre de 2007

Himno a la patria




Gloria eterna a la Patria mexicana
con hombres valientes de piel morena,
la que en campos se inventa, soberana,
con prolíficas cumbres de azucena,
territorio en sus cantos de campana,
rostros de luna en la noche serena.
Asciende al cosmos indómito canto,
gloria a la Patria de materno manto.

Un himno que se posa en tu grandeza
de guerrero origen, aguas sagradas.
Es tu selva encarnación de belleza,
surcos que guardan semillas doradas
y en tus entrañas, fortuna y riqueza,
de alas que pintan brillantes miradas.
¡Tierra de bosques en excelsa escuela,
pintas paisajes con verde acuarela!

La unción de la Madre Naturaleza
refulge en los cauces de manantiales,
busca el camino ansioso a la tibieza
donde se oculta el brillo de rituales.
Es el cenzontle eminente cabeza,
canto náhuatl en pródigos trigales.
Son flora y fauna constantes aliados,
eclipses de campos predestinados.

Eres pluma fértil, Patria erudita,
de ciencia y de verbo en el mexicano.
Ostentas tierras de estirpe exquisita
en gestas heroicas del soberano.
Patria grande, tu simiente me habita
y mi entraña honra el origen hispano.
¡Urdimbre blanca de pródigos mundos,
nobles heraldos de frutos fecundos!

Cantas, Patria, célebres epopeyas
que reconstruyen tu estampa bravía
y eres madre de mujeres doncellas
tan bellas como bella lo es María.
Pintan tus cielos cuantiosas estrellas,
proclaman su luz de pulcra armonía.
¡Noble ejército que lucha incansable,
pechos henchidos de amor inefable!

Patria de abolengo en herencia casta,
jaguares que conquistan el progreso.
Suelo impetuoso de cultura vasta
que sostiene renuencia al retroceso.
Su gracia ondula el pendón en el asta
y el sol, cada tarde, marca el regreso.
¡Tú eres emblema, Patria tricolor,
siempre esbelta surges tras el dolor!

Cuna de héroes que dictan tu gloria,
Patria buena, de ascendencia valiente,
te ofrezco mi reverencia en memoria
del pródigo mártir de ágil simiente,
los hombres memorables en la historia
que son un recuerdo vivo en la gente.
Hombres, mujeres que son nuestro orgullo
descansan su lucha en materno arrullo.

Oye a la Patria en mi canto elocuente
cuando en marzo surge la primavera:
date a tu México, encumbra la frente
como a tus padres te das sin la espera;
renace con garbo frente a la gente
y observa el pendón que vibra en la vera.
¡Bandera inquieta que acaricia el cielo
libre como águila que emprende el vuelo!

(De Alfalogías, 2001)
Segundo Lugar Estatal "Ofrenda Patriótica 1998"
Gobierno del Estado de Tamaulipas

Imagen: ensanluispotosi.com

jueves, 30 de agosto de 2007

Celebración



(Imagen: "Piedras en el río", Ramiro Rodríguez)

A Lupita Flores

Guadalupe, amiga del hombre, me ennobleces,
me transfiguras al lloverme con tu tiempo,
me purifica morirme en tu apocalipsis de agua,
amiga, me felicito por saberme un Sol celebrado.
Tienes en tus manos, amiga, el bellísimo nombre
de la Virgen Morena
y yo soy tu Juan Diego que te escucha
y te obedece con la ceguera fiel de la confianza.
Me reinvento en la idea de idealizarte,
me idealizo en el invento de reinventarte.
Amiga, mi Virgen Morena del Tepeyac,
mi Guadalupe Amor de la poesía del siglo XX,
mi Guadalupe Pineda de música de bosques,
concédeme el sereno aroma de una taza de café
para que ambos celebremos la creencia de pájaros
al bajar al río en búsqueda del líquido de la vida.

jueves, 23 de agosto de 2007

Ya no te quiero


(Imagen: "Faro en Bagdad", Ramiro Rodríguez)

Ya no te quiero
como te quise
pues alguien dice
que casi muero.

Ya no te espero
como lo hice
pues me maldice
ser pordiosero.

Ya no lo soy,
ya no te espero,
¡cómo lo hice!

Yo ya me voy,
ya no te quiero,
¡cómo te quise!



De Claustros Vedados al Penitente (2000)

domingo, 12 de agosto de 2007

Una Rosa asciende en brazos del viento

Conocí a Rosa Elva Paz Treviño en el mes de septiembre de 1978. La vi entrar al grupo de primer año "C" de la Escuela Secundaria General No. 1, Lic. y Gral. Juan José de la Garza, con la encomienda de impartir la cátedra de Matemáticas I. Yo estaba entre los 45 estudiantes de nuevo ingreso que esperábamos con ansiedad al maestro, aquel primer día de clases. Desde entonces, la admiración y respeto que despertó en mí fue madurando con el paso de los años, hasta convertirse en una hermosa amistad cimentada por el amor fraterno y el respeto recíproco a nuestras individualidades. Rosa Elva no sólo fue mi maestra de Matemáticas durante el ciclo escolar 1978-1979, sino que fue mi maestra de Vida dentro y fuera del aula durante todos los años que siguieron a aquel memorable día y, lo que es mejor aún, es que llegamos a construir una amistad auténtica y perdurable.

Rosa Elva nació el 4 de mayo de 1950 en la ciudad de Matamoros, Tamaulipas. Fue hija del Sr. Carlos F. Paz García y la Sra. Enedelia Treviño de Paz. Inició sus estudios en la Escuela Primaria Particular Incorporada México de 1956 a 1962. Posteriormente ingresó a la Escuela Secundaria Federal No. 1 “Lic. y Gral. Juan José de la Garza” donde obtuvo su certificado en 1965.

Ese mismo año ingresó a la Escuela Normal Básica J. Guadalupe Mainero donde obtuvo el título de Profesora de Educación Básica en 1968.

En 1970 ingresó a la Normal Superior de Tamaulipas donde obtuvo el título de Profesora de Educación Media con la especialidad de Matemáticas. Y de 1976 a 1982 realizó los estudios correspondientes para obtener el título de Maestra en Pedagogía en la Escuela Normal Superior de México.

Ejerció su labor docente en diversas escuelas de H. Matamoros, como el Colegio de la Salle, la escuela secundaria Gabriela Mistral, las primarias José Ma. Morelos y Frankiln D. Roosevelt, para después dedicarse de lleno a la educación de los adolescentes. Ingresó como maestra de Matemáticas a la Escuela Secundaria General No. 1 "Lic. y Gral. Juan José de la Garza" el 1º de septiembre de 1976, donde se distinguió por su organización y entrega a sus alumnos. En el año 2005 fue ascendida al cargo de subdirectora de la Escuela Secundaria General No. 7 “Prof. Ricardo Salazar Ceballos”. Mujer con carácter, decisión, independiente, justa, elegante, pero a la vez tierna, sonriente, sensible, solidaria, detallista. Rosa Elva Paz Treviño abandona su cuerpo en este mundo donde fue creada con la misma materia fugaz que a todos nos conforma. Se va su imagen, su figura, su presencia física. Pero nos queda la memoria indeleble del amor, el cariño, la ternura, la simpatía, la justicia, la honestidad, el respeto, en aquéllos que tuvimos el enorme privilegio de contarnos entre sus compañeros de trabajo y mejores amigos.

Rosa Elva no se va del todo. Permanece resguardada en los rincones del corazón y la memoria.



Itinerario cósmico
A Rosa Elva Paz Treviño, in memoriam.
(4 de mayo, 1950 – 4 de octubre, 2006)

Palomas de luces blancas
pintan el rostro del cielo,
cubren sus ojos con flores
que lucen callados pétalos.
La fragancia de la lluvia
aroma la voz del cuerpo,
una Rosa roja asciende
en los suspiros del viento.
Estrellas fugaces pasan
por donde pasa el cortejo,
son ramos de rosas frescas
que lucen brillante atuendo.
Llega sin nombre, desnuda
de palabras y de aliento,
en su materno castillo
se conmemora su credo.
La voz dormida se extiende
sobre su profundo estero,
bajo un cosmos luminoso
canta de albores etéreos.
Seis caballeros la escoltan
bebiéndose el propio duelo,
se petrifican los árboles
cuando lloran en silencio.
Del cielo descienden astros
para cantarle sus verbos,
pueblan de intensos colores
la superficie del lienzo.
Mencionar su frágil nombre
es concederle al recuerdo
los diagramas contundentes
que nos reserva el destello.
Luego se marcha sin prisa,
se oculta dentro del templo,
tal vez no quiere apagarse
del todo su limpio cuerpo.
Un dios bueno nos alienta
con palabras de consuelo
y nos enciende en las almas
la brillantez de los céfiros.
Retoma su rumbo al norte,
remonta ingrávido vuelo,
se acerca el íntimo adiós
en unos breves momentos.
La lluvia fresca desciende
mojando todos los cuerpos,
mojando también las almas
que esperan un casto beso.
Es ella quien se despide
con sus palabras de incienso,
con lluvia abundante dice:
“te amaré sin sol ni tiempo”.
Se encienden en el espacio
resonancias del recuerdo,
blancas palomas de luces,
aromas suaves y pétalos.
Hoy reciben las estrellas
el viaje triste a destiempo,
transfiguración de flores
en transparentes senderos.
Se muere una Rosa roja,
lleva en labios el misterio,
las palabras sin fronteras,
sin piedras frías ni vértigos.

viernes, 3 de agosto de 2007

Mía


No Rosario Castellanos,
nunca Rosario Ferré,
con Elsa Cross yo tendré
la luna roja en mis manos.
En Alfonsina son vanos
los esfuerzos que ofrecí,
en Pita Amor me morí
y así en Sor Juana lo mismo;
mas en ella no hay cinismo,
¡Gloria es toda para mí!

De Voces desde el Casamata (2010)
Ateneo Literario José Arrese de Matamoros

Imagen: rosas.florpedia.com

martes, 17 de julio de 2007

¿Dónde, Don Quijote?


¿Dónde estás                                                              ¿Dónde estás
Don Quijote                                             Don Quijote
dónde estás?                   dónde estás?
La justicia para
mi España, oh bella
Dulcinea, pretendo en
campos de Montiel.
Justicia, Dulcinea.
¿Dónde estás                ¿Dónde estás
Don Quijote             El hombre           Don Quijote
dónde estás?               camina por silencios               dónde estás?
con rapidez de vientos.
Sólo Rocinante y Sancho
le siguen con la esperanza
de hallar luz en la sombra.
El hombre olvida su origen,
encuentra sangre irrigando
tierras que mueren de sed.


De Destiempo (2002)

martes, 10 de julio de 2007

Acento nicaragüense



“El poeta suda letras,/huele a letras,/come letras,/se ducha por las mañanas con letras...”, me sorprendió una voz bastante familiar cuando contesté el teléfono en mi oficina después del mediodía del 10 de julio. Después de escuchar esos versos, me llegó a la mente el libro Defragmentación Poética, una colección de poemas donde reflexiono sobre el poeta, el poema y la palabra. La voz me parecía conocida, pero no pude definir la identidad del hombre al otro lado de la línea telefónica. La manera particular de iniciar por su parte la conversación, me hizo sonreír. Ahora tenía le certeza de que había un lector en el universo que ocupaba su tiempo en mis textos. Tras preguntarle su nombre, me respondió que leería un poco más para ver si el recuerdo tomaba forma alguna en mi conciencia, a ver si por mi memoria pasaba un arco luminoso que materializara un nombre del pasado: “El poeta escupe letras,/duerme sobre letras,/eyacula letras,/se orgasma en laderas eróticas de letras...”, continuó.

Ni pista. Caray. De esas veces que la vergüenza envuelve la memoria y se manifiesta en las mejillas con un tono de estupidez. La voz me decía mucho, pero a la vez no me daba la pauta para pensar en nada. La terrible emoción de saberse leído. El frenético nerviosismo al saber que los textos creados sirven para algo más que contribuir a la deforestación de la tierra. Entonces pensé que no sólo Lupita Flores, Elvia Ardalani, Roberto de la Torre o Raquel Rodríguez Brayda eran los únicos que pasaban por el Blog donde aparecen mis textos, sino que había alguien más cuya identidad no podía imaginar dada la prontitud del asalto mental.

Adán Duarte se identificó al ver que Ramiro Rodríguez no daba una para recordar a gente memorable. Al escuchar su nombre, se vinieron muchos rostros con el golpe vertiginoso de una estampida, experiencias de catedrático dentro de las aulas universitarias, autores estudiados en la clase de Poesía Hispanoamericana en UTB/TSC. No pude detectar el acento nicaragüense de un joven responsable, con talento para la crítica y el estudio de la literatura, ávido lector y graduado en Letras Hispánicas. Pero, por encima de todo, ahora licenciado en Paternología por la Universidad de la Vida. Una pequeña de año y medio apenas nos permitió hablar e intercambiar impresiones sobre las actividades cotidianas de ambos. Me da gusto saber que Adán es profesor de enseñanza media superior en la ciudad de Houston, Texas; que escribe poesía, aunque todavía no la comparte con lectores; y que su casa tiene una ubicación cercana a la casa de mis hermanos José Luis y Luciano, en la atractiva tierra de la metrópolis tejana. Acordamos algún café, algún día. Tal vez para entonces Adán Duarte quiera compartir, con algún público en algún pueblo o ciudad, los textos poéticos de su creación.

Foto: mariebuiphotography.wordpress.com

martes, 3 de julio de 2007

Espera

Llegas cada tarde hasta mis manos ávidas, tremendas,
sorprendidas, necias, ocultas, deseosas de bajarte
estrellas, imantadas, tristes pero alegres.
Y allí te quedas tú por segundos,
minutos, horas, meses,
años, décadas,
siglos.
Y el tiempo
que no es tiempo sino
sombra, rayo de luz, historia,
distancia, espacio. Germinan mis manos
que te encierran, te aprietan, extinguen, eligen,
auxilian, te asesinan y te renacen, trazan tu geografía,
tu contorno,
trayectoria,
perímetro,
mar y tierra,
sombra y luz.

Me dices que me amas eterna,
entrañable,
olvidada,
absurda,
imperativamente.

Y yo espero, espero…

De Destiempo (2002)

sábado, 30 de junio de 2007

¿Un recado trivial? "El recado" de Elena Poniatowska.


Pocos cuentos poseen la originalidad formal de “El Recado” (en De noche vienes, 1979). La escritora mexicana –nacida en Francia– Elena Poniatowska Amor (1933) explora nuevas estructuras formales en su narrativa. En Querido Diego, te abraza Quiela la escritora recurre al formato epistolar para crear una novela distinta. En el cuento “Cine Prado” –de la misma colección de cuentos mencionada antes– es posible apreciar un formato similar al de Querido Diego, te abraza Quiela y al del cuento objeto de análisis.

Elena Poniatowska crea una obra con estructura lineal en donde la inserción de recuerdos hace acto de presencia: la rememoración, la remembranza, la retrospección al elucubrar. Recurre al formato epistolar para crear una obra donde el punto de vista o perspectiva es, desde luego, la primera persona. La escritora sabe que las cartas –o recados– poseen carácter personal. Por ende, la calidez comunicativa busca atrapar la atención del lector. Ese dirigirse a un “tú” –Martín– pretende involucrar al lector en la aventura de formar parte activa dentro la acción.

En el cuento, el personaje femenino de “ella” sabe que Martín no vendrá, sabe que Martín no piensa ya más en ella. Y reacciona como una gran cantidad de mujeres hispanas lo hace: con la paciencia que dicta la tradición sumisa, con la humildad que las madres heredan a la hija en relación al amor, una espera para que la contraparte presente una solución a su problema y no ella misma. Para atenuar la soledad, recurre a la observación de banalidades para mitigar el cansancio que provoca dicha espera:

“tu mimosa se inclina hacia afuera y los niños al pasar le arrancan las ramas más accesibles…” (1)

Existe cierta identificación entre ella y la mimosa del jardín, ya que ésta representa su lamento interno, el abandono, el desgarramiento provocado por la ausencia. La mimosa es maltratada como maltratada es ella con un categórico –pero velado– rechazo por parte de Martín, el hombre que la postra de rodillas ante la melancolía. Y además, el jardín de la casa de Martín tiene plantas con hojas como espadas, símbolo de muerte: el amor que muere. Con aparente cotidianidad, la descripción de los elementos –la mimosa, las hojas, el jardín– guarda una relación intrínseca con la ruptura inminente.

Ella encuentra en las cosas frente a sus ojos un nostálgico simbolismo de su sexualidad con Martín. Inclusive, los elementos circundantes parecen ser la simbología de un acto sexual que no se consuma corporalmente en ese momento, sino en su imaginación:

“El cielo enrojecido ha calentado tu madreselva y su olor se vuelve aún más penetrante.” (2)

El erotismo entre ellos, un erotismo profundo que ya se ha ido, se manifiesta en las líneas anteriores: la madreselva de Martín (en casa de Martín) se calienta y la penetra. Pero la sospecha está presente. Ella sabe que Martín no la ama, que tal vez nunca la amó sino sólo a su cuerpo. Es un intento desesperado por asirse a un pedazo de madera flotante en las aguas marinas tras la violencia del naufragio:

“Es el atardecer. El día va a decaer.” (3)

Ella manifiesta la añoranza de un cambio, ella quiere enmendar errores pretéritos, ansía que las cosas adopten un ritmo a su favor. Pero tiene la inaplazable certeza de que no es posible que ese cambio, esa rectificación de rumbo, suceda:

“Quisiera tener la certeza de que te voy a ver mañana…” (4)

Pero no la tiene porque conoce el desenlace de esta historia de amor inconsumado. Sabe que Martín no la ama como ella lo ama a él. La imagen del perro que ladra con agresión es una analogía del desamor que el hombre le prodiga. Y ella piensa que la hora de irse –no sólo de su casa sino de su vida– ha llegado.

El trasfondo social sobre la situación delictiva en las colonias pobres de la Ciudad de México, se despliega con una valiente actitud de señalamiento y acusación propios del intelectual. Aun en este recado de amor –de un amor no correspondido en plenitud, de un amor pospuesto y mutilado de raíz– la situación social hace acto de presencia. La escritora encuentra el momento oportuno e impostergable para ventilar los estremecimientos sociales que agobian al pueblo mexicano:

“en esta colonia asaltan mucho, roban mucho. A los pobres les roban mucho; los pobres se roban entre sí…” (5)

La gran mayoría de las escritoras hispanoamericanas abordan la problemática de la mujer ante la tiranía masculina tradicional. Es una necesidad acumulada desde hace mucho tiempo para romper con la dictadura fálica que las ha gobernado colocándoles un cíngulo en la garganta. Poniatowska no quiere ser la excepción al ventilar en algunas líneas del cuento esa situación de roles predeterminados desde tiempos ancestrales:

“Sé que todas las mujeres aguardan”. (6)

¿Un recado trivial? Por supuesto que no. El lenguaje es predominantemente connotativo. Si observamos la prosa de Poniatowska en La noche de Tlatelolco, en Nada, nadie o en Fuerte es el silencio, apreciaremos una prosa más sobria, denotativa, concreta, pero esto se justifica con el carácter testimonial de la obra. En cambio, la narrativa ficticia –cuento, novela– de la autora es poseedora de riqueza literaria en cuanto a su lenguaje. La abundancia de imágenes en “El recado” le atribuye singularidad y distinción bastante notorias:

El hombre es “una granada que de pronto se abre y muestra sus granos rojos, lustrosos”. (7)

El cuento cumple con las expectativas del lector más exigente. Y es que el talento femenino queda comprobado en una de las escritoras más importantes de la literatura hispanoamericana.



(1) Poniatowska, Elena. De noche vienes, p. 81.
(2) Idem.
(3) Idem.
(4) Idem.
(5) Idem.
(6) Idem.
(7) Idem.


Bibliografía:
Poniatowska, Elena. De noche vienes. Biblioteca Era. México, 1996.

miércoles, 27 de junio de 2007

Con sentido común


(Foto: Buganvillas)


Es frecuente que los hombres caigamos en la tendencia de formarnos impresiones equivocadas de aquéllos que nos rodean. El terrible equívoco del enjuiciamiento humano frente a otros seres humanos. La distracción efímera de la subconsciencia ante una realidad incuestionable. Y admito la validez y la necesidad de la enmienda.
El pasado domingo 24 de junio me sorprendió un mensaje de voz de Ernesto Velarde Danache en mi teléfono celular. Ernesto conduce el programa televisivo Con Sentido Común, en Televisa Matamoros. Me asaltó con la invitación para estar en su programa al día siguiente, lunes 25 de junio. Al comunicarme con él, más por cortesía que por genuino interés, me aclaró que estaba interesado en abordar el tema de la poesía en el estado de Tamaulipas. Acepté la invitación diciéndole que le iba a presentar un panorama de la auténtica poesía, no de los versos que se escriben aspirando a las formas clásicas al por mayor y sin sentido, con tremendas deficiencias en la técnica de la teoría literaria.
Siempre había tenido la impresión de que Ernesto era tan arrogante como buen conductor de televisión. Y la llamada telefónica no cambió en nada la impresión.
Por la tarde del lunes, llegué a Televisa acompañado de Roberto de la Torre. Ahí tuve la oportunidad de saludar a Chuy López, un cuate de la preparatoria. Luego saludé a Erasmo López Martínez, otro cuate en los quehaceres literarios de la ciudad ("Y rodaron las rosas a tus pies, derramando su perfume por el suelo..."). Asimismo saludé a Érika del Fierro, exalumna de la universidad donde trabajé hace diez años. Finalmente me encontré con Ernesto, unos minutos antes de que iniciara el programa. Por la forma de saludar y agradecer con anticipación mi respuesta afirmativa para aceptar la entrevista, me di cuenta que al menos era un hombre amable. Durante el desarrollo del programa me sentí muy cómodo. Los asaltos mentales a los que me sometió el entrevistador dieron paso a una charla interesante y fluida, con bastante lógica y concordancia. Los comentarios entre ambos mientras estábamos fuera del aire durante la transmisión comercial de los patrocinadores, me hicieron comprender que Ernesto es inteligente, académicamente preparado, culto y ávido lector, hábil en el manejo de la entrevista y con sentido del humor equilibrado y bastante propio. Al término del programa, charlamos un poco más sobre los resultados de la entrevista y otros asuntos relacionados con el tema de la poesía.
Después de despedirnos en el estacionamiento de la televisora, Roberto y yo nos fuimos a cenar para darle forma a otros planes sobre futuras publicaciones literarias. Durante la cena, le comenté a Roberto que estaba asombrado por la ridiculez en la que podemos caer las personas al juzgar y formarnos impresión equivocada de otros seres humanos. A mis cuarenta, comprendo que no debo dar paso a ideas mal fundamentadas sobre el carácter de otros individuos. Me felicito por haberme dado la oportunidad de charlar con un conciudadano singular y "con sentido común".

viernes, 22 de junio de 2007

Voces en la Frontera

El pasado viernes 8 y sábado 9 de junio tuve la oportunidad de asistir al Encuentro Voces en la Frontera en Reynosa, Tamaulipas y en McAllen, Texas. Ahí se dieron cita algunas de las voces más representativas de los estados de Tamaulipas, Nuevo León y el Valle de Texas. Se leyeron textos poéticos, ensayo, cuento y fragmentos de novela, en voz de los autores. Roberto de la Torre Hurtado, presidente del grupo literario "Canto Rodado", fue el anfitrión del Encuentro. El evento se inauguró a las 7 de la tarde del primer día en el Salón Diplomático del Gran Premier Hotel, en Reynosa. Ahí leyeron Adolfo Kott (Reynosa), Javier Rábago Palafox (Reynosa), Teresa Loera (Cd. Mante), Francisco Salazar Acevedo (Reynosa), Ramiro Rodríguez (Brownsville/Matamoros), Alejandro Rosales Lugo (Cd. Victoria), Roberto de la Torre (McAllen), Luis Aguilar (Monterrey) y Dulce María González (Monterrey). Posteriormente, se realizó un homenaje al poeta Efraín Huerta, con la lectura de algunos de sus poemas, en voces de Laura Salinas, Aída Flores y Beatriz Rocha (Reynosa).

Las actividades continuaron el sábado a las 10 de la mañana en el Auditorio de la Biblioteca Palm View Community Center, en McAllen. Este día leyeron Arturo Zárate Ruiz (Matamoros), Ramiro Rodríguez, Elvia Ardalani (Matamoros/Harlingen), Juan Antonio González (Matamoros/Brownsville), Jay Álvarez (Brownsville), Luz Verónica Sáenz (Reynosa), Rossy Evelin Limá (McAllen), Alejandro Rosales Lugo, Roberto de la Torre, Celeste Alba Iris (Cd. Victoria), Luis Aguilar y Dulce María González. Las lecturas culminaron a las 2 de la tarde.

Estos encuentros, además de fortalecer los lazos de amistad entre gente con intereses análogos, ayudan a promover la creación literaria, a llevar a un grado de madurez los textos que tienen su origen en esta región de México y Estados Unidos.

Me permito reproducir un poema de Luis Aguilar, tomado del libro Tartaria, publicado en el año 2003 por Mantis Editores:

Lo más oscuro de la muerte no es la muerte:
es la negritud
después del guiño último
Su tardanza
cincodiezquincesegundos
son pocos para acoger tanto vacío

lunes, 11 de junio de 2007

Soledad


(Imagen: "Arcos en Filadelfia", Ramiro Rodríguez)
I

Soy soledad
sobre sombras sorprendidas,
sangre sacrificada,
soberbia sin sentido,
simiente sorda
sin suelo soterrante.
Soy sólo soledad
sempiterna,
sabiduría sepultada.
Soy sensación sobornante,
sencillez,
sacrificio,
sobriedad sojuzgada.
Soy soledad.
Soy seca sangre.
Soy semilla sin suspiro,
sin secuencia,
solitaria…


II

Oigo olvidos
obcecados,
oigo olores orgullosos.
Odio otroras…
¿Odio?


III

Lo lamento…
Lamento libertar
lamentaciones,
lamento limitar
luminosas letras;
luego lamento laicizar
lunas lastimadas.
Levanto los lirios
lapidados.
Lo lamento…
Lamento libertar
lamentaciones.
Las lágrimas lastiman,
los leídos lechos,
los letargos,
la luctuosidad lacerada.
Lo lamento…
Lamento libertar
lamentaciones.


IV

Es enajenamiento
en espacios encadenados,
explosión equidistante;
enlutante es el encuentro,
es evasión,
entrega en etapas.
En este equinoccio
encomiendo el espíritu.
Es exasperación errante.
Estallo en elocuencias,
emano ebriedad
envuelta en extasiados ecos.
Ebrio estoy en escapes esperados.
Enajenado, Eros,
enajenado…


V

Desencuentro:
¿dónde duermes?
¿dónde derramas dones?
Desencuentro:
dame distancia,
desilusión,
desencadena de disgustos,
desaparece dramas.


VI

Amanece…
Ahora adormecen
alucinaciones,
ahuyentadas amenazas.
Amanece…
Ante apariciones
apremiantes
acepto acumular ambiciones,
alabanzas,
aletargadas asperezas.
¡Ah! Anticipo agresión,
acoso,
ambivalencia,
adioses amalgamados.
Amanece…
Acepto ausencias
asignadas;
agradezco augurios,
agradezco.


VII

Duelen dolores
de derramamientos,
dudas,
desavenencias.
Deliro delirios delirantes,
desentiendo,
duermo donde duermen
discriminaciones.
Disiento de doctrinas
deslumbrantes.
Discrepo,
desobedezco…

De Desierto azul (2005)

lunes, 4 de junio de 2007

Tierra de sed perpetua



LIV

Xochipilli llegará algún día.
Besará estas tierras desoladas
que parecen morir cada instante.

Xochipilli llegará algún día.
Habrá arroyos de agua hacia el sur
no para volver, sino para alimentar.

Xochipilli llegará algún día.
Lágrimas de Tláloc se derramarán
y se reencarnará la juventud
y germinarán las semillas dispersas.

Xochipilli llegará algún día
y habrá númenes corriendo
bajo mantos frescos de agua.

Xochipilli llegará algún día.
Será celebración que se prolonga
hasta la llegada de otra sequía.

Xochipilli llegará algún día.
Ya llegará, ya llegará algún día.




LVIII

Algún día Tláloc llorará,
serán lágrimas de alegría
en los arroyos que surcan el monte.

La tierra parirá sus hijos de sangre
en silencio profundo de nostalgia.

La tierra abrirá sus piernas
porque algún día Tláloc llorará.

Caerá el agua de voluntades místicas
como semen que germina bajo el sol.

Algún día Tláloc llorará,
sus lágrimas correrán en estampida.

Habrá ríos de lluvia inundándolo todo,
asombro del barro ante el naufragio.

Algún día Tláloc llorará,
la gente dejará a San Todopoderoso,
saldrá de sus habitaciones oscuras
a beber el llanto de los dioses.

Reafirmará su profesión de fe,
bailarán como ofrenda y sacrificio
por la desmitificación de la sed.

Algún día Tláloc llorará,
el diluvio arrasará huizaches,
las palmas se volverán barcas,
saldrán las aves que nutren
su gula de inertes entrañas.

Se acabará lo que entonces
por temor a los dioses no acababa
y la gente dirá con justa razón:
“sanseacabó”.

Algún día Tláloc llorará,
renacerá la tierra que murió de sed eterna,
la tierra que fue de sed perpetua,
en brazos de Coahuila,
Madre de mi Raza.

De Tierra de sed perpetua (ALJA Ediciones, 2012)

Imágenes: Wikipedia.

miércoles, 25 de abril de 2007

La barbarie literaria



REINAUGURACIÓN

                 Vine a reconocerme aquí,
en altos ramajes del poema,
en letras dispersas sobre páginas blancas,
en raíces del álamo a la ribera del verso.

Aquí reencontré mi origen de dioses vivos,
en cadenas sudorosas de la euritmia,
en espejos profundos de figuras libertarias,
en rayos de metáforas alucinantes.

Aquí, vine a reinaugurarme aquí.



LETRAS

El poeta suda letras,
huele a letras,
come letras,
se ducha por las mañanas con letras.

El poeta escupe letras,
duerme sobre letras,
eyacula letras,
se orgasma en laderas eróticas de letras.

Cuando muere el poeta, se lo comen las letras;
sólo queda una osamenta que fertiliza a la tierra.



ORIGEN

El regocijo del poeta
se confunde con el llanto del poema.
(Yo soy el origen.)

Llega al mundo la luz del experimento,
curva drástica de la experiencia,
(No veas más allá porque no existe más allá.)
mentira,
ficción del entorno,
fantasías aleteando en la conciencia,
                                 (Soy el orgasmo literario.)
la voz orgásmica de la verdad
—prueba fehaciente del yo interior.



PAISAJE ÁRIDO

Mi voz es quebrantamiento, cansancio.
Soy el hijo bastardo de las bellas letras.

Pero mis bellas letras
ni letras
ni bellas.

Por lo tanto no soy hijo bastardo
ni tengo cansancio
ni quebrantamiento
ni voz.



BÚSQUEDA

Los pájaros bajan a la charca
para beber agua en tierra de naufragios.

La lluvia sucumbe a la fuerza del sol
y continúa el ciclo interminable.

Los pájaros vuelan hacia nuevos horizontes;
sólo quedan trinos dando tumbos en el monte.



PÁJAROS

Treinta y ocho pájaros en la parvada
se posan en conciencia de sauces,
en palabras tangibles de ébanos.

Treinta y ocho trinos en mitad del camino
después de conocer zarzas,
después de sortear frondas y arbustos.

No son aves de rapiña ni de mal agüero;
más bien pájaros que semejan liras alígeras.



POESÍA Y ORGASMO

Las letras me corren por las venas,
el verso el verso el verso las letras el verso.

Soy el constructor de la barbarie literaria
en bosques que me hinchan los pulmones,
destructor de mundos increados
en una guerra entre policías y ladrones.

Las palabras se me enredan en los testículos,
serpientes deseosas de morder el fruto.

Las ideas son semen saliendo con furia
hasta encontrar el óvulo exquisito de la poesía.

La poesía habita la poesía quema la poesía arde
en paredes dúctiles de sentimiento y experiencia,
dualidad indivisible que pernocta en la memoria,
defragmentación de alas dispersas.

La poesía es aliento de vida que succiona mi vida,
consumación catártica de ebullición y orgasmo.

De Defragmentación Poética (2007)