sábado, 30 de junio de 2007

¿Un recado trivial? "El recado" de Elena Poniatowska.


Pocos cuentos poseen la originalidad formal de “El Recado” (en De noche vienes, 1979). La escritora mexicana –nacida en Francia– Elena Poniatowska Amor (1933) explora nuevas estructuras formales en su narrativa. En Querido Diego, te abraza Quiela la escritora recurre al formato epistolar para crear una novela distinta. En el cuento “Cine Prado” –de la misma colección de cuentos mencionada antes– es posible apreciar un formato similar al de Querido Diego, te abraza Quiela y al del cuento objeto de análisis.

Elena Poniatowska crea una obra con estructura lineal en donde la inserción de recuerdos hace acto de presencia: la rememoración, la remembranza, la retrospección al elucubrar. Recurre al formato epistolar para crear una obra donde el punto de vista o perspectiva es, desde luego, la primera persona. La escritora sabe que las cartas –o recados– poseen carácter personal. Por ende, la calidez comunicativa busca atrapar la atención del lector. Ese dirigirse a un “tú” –Martín– pretende involucrar al lector en la aventura de formar parte activa dentro la acción.

En el cuento, el personaje femenino de “ella” sabe que Martín no vendrá, sabe que Martín no piensa ya más en ella. Y reacciona como una gran cantidad de mujeres hispanas lo hace: con la paciencia que dicta la tradición sumisa, con la humildad que las madres heredan a la hija en relación al amor, una espera para que la contraparte presente una solución a su problema y no ella misma. Para atenuar la soledad, recurre a la observación de banalidades para mitigar el cansancio que provoca dicha espera:

“tu mimosa se inclina hacia afuera y los niños al pasar le arrancan las ramas más accesibles…” (1)

Existe cierta identificación entre ella y la mimosa del jardín, ya que ésta representa su lamento interno, el abandono, el desgarramiento provocado por la ausencia. La mimosa es maltratada como maltratada es ella con un categórico –pero velado– rechazo por parte de Martín, el hombre que la postra de rodillas ante la melancolía. Y además, el jardín de la casa de Martín tiene plantas con hojas como espadas, símbolo de muerte: el amor que muere. Con aparente cotidianidad, la descripción de los elementos –la mimosa, las hojas, el jardín– guarda una relación intrínseca con la ruptura inminente.

Ella encuentra en las cosas frente a sus ojos un nostálgico simbolismo de su sexualidad con Martín. Inclusive, los elementos circundantes parecen ser la simbología de un acto sexual que no se consuma corporalmente en ese momento, sino en su imaginación:

“El cielo enrojecido ha calentado tu madreselva y su olor se vuelve aún más penetrante.” (2)

El erotismo entre ellos, un erotismo profundo que ya se ha ido, se manifiesta en las líneas anteriores: la madreselva de Martín (en casa de Martín) se calienta y la penetra. Pero la sospecha está presente. Ella sabe que Martín no la ama, que tal vez nunca la amó sino sólo a su cuerpo. Es un intento desesperado por asirse a un pedazo de madera flotante en las aguas marinas tras la violencia del naufragio:

“Es el atardecer. El día va a decaer.” (3)

Ella manifiesta la añoranza de un cambio, ella quiere enmendar errores pretéritos, ansía que las cosas adopten un ritmo a su favor. Pero tiene la inaplazable certeza de que no es posible que ese cambio, esa rectificación de rumbo, suceda:

“Quisiera tener la certeza de que te voy a ver mañana…” (4)

Pero no la tiene porque conoce el desenlace de esta historia de amor inconsumado. Sabe que Martín no la ama como ella lo ama a él. La imagen del perro que ladra con agresión es una analogía del desamor que el hombre le prodiga. Y ella piensa que la hora de irse –no sólo de su casa sino de su vida– ha llegado.

El trasfondo social sobre la situación delictiva en las colonias pobres de la Ciudad de México, se despliega con una valiente actitud de señalamiento y acusación propios del intelectual. Aun en este recado de amor –de un amor no correspondido en plenitud, de un amor pospuesto y mutilado de raíz– la situación social hace acto de presencia. La escritora encuentra el momento oportuno e impostergable para ventilar los estremecimientos sociales que agobian al pueblo mexicano:

“en esta colonia asaltan mucho, roban mucho. A los pobres les roban mucho; los pobres se roban entre sí…” (5)

La gran mayoría de las escritoras hispanoamericanas abordan la problemática de la mujer ante la tiranía masculina tradicional. Es una necesidad acumulada desde hace mucho tiempo para romper con la dictadura fálica que las ha gobernado colocándoles un cíngulo en la garganta. Poniatowska no quiere ser la excepción al ventilar en algunas líneas del cuento esa situación de roles predeterminados desde tiempos ancestrales:

“Sé que todas las mujeres aguardan”. (6)

¿Un recado trivial? Por supuesto que no. El lenguaje es predominantemente connotativo. Si observamos la prosa de Poniatowska en La noche de Tlatelolco, en Nada, nadie o en Fuerte es el silencio, apreciaremos una prosa más sobria, denotativa, concreta, pero esto se justifica con el carácter testimonial de la obra. En cambio, la narrativa ficticia –cuento, novela– de la autora es poseedora de riqueza literaria en cuanto a su lenguaje. La abundancia de imágenes en “El recado” le atribuye singularidad y distinción bastante notorias:

El hombre es “una granada que de pronto se abre y muestra sus granos rojos, lustrosos”. (7)

El cuento cumple con las expectativas del lector más exigente. Y es que el talento femenino queda comprobado en una de las escritoras más importantes de la literatura hispanoamericana.



(1) Poniatowska, Elena. De noche vienes, p. 81.
(2) Idem.
(3) Idem.
(4) Idem.
(5) Idem.
(6) Idem.
(7) Idem.


Bibliografía:
Poniatowska, Elena. De noche vienes. Biblioteca Era. México, 1996.

miércoles, 27 de junio de 2007

Con sentido común


(Foto: Buganvillas)


Es frecuente que los hombres caigamos en la tendencia de formarnos impresiones equivocadas de aquéllos que nos rodean. El terrible equívoco del enjuiciamiento humano frente a otros seres humanos. La distracción efímera de la subconsciencia ante una realidad incuestionable. Y admito la validez y la necesidad de la enmienda.
El pasado domingo 24 de junio me sorprendió un mensaje de voz de Ernesto Velarde Danache en mi teléfono celular. Ernesto conduce el programa televisivo Con Sentido Común, en Televisa Matamoros. Me asaltó con la invitación para estar en su programa al día siguiente, lunes 25 de junio. Al comunicarme con él, más por cortesía que por genuino interés, me aclaró que estaba interesado en abordar el tema de la poesía en el estado de Tamaulipas. Acepté la invitación diciéndole que le iba a presentar un panorama de la auténtica poesía, no de los versos que se escriben aspirando a las formas clásicas al por mayor y sin sentido, con tremendas deficiencias en la técnica de la teoría literaria.
Siempre había tenido la impresión de que Ernesto era tan arrogante como buen conductor de televisión. Y la llamada telefónica no cambió en nada la impresión.
Por la tarde del lunes, llegué a Televisa acompañado de Roberto de la Torre. Ahí tuve la oportunidad de saludar a Chuy López, un cuate de la preparatoria. Luego saludé a Erasmo López Martínez, otro cuate en los quehaceres literarios de la ciudad ("Y rodaron las rosas a tus pies, derramando su perfume por el suelo..."). Asimismo saludé a Érika del Fierro, exalumna de la universidad donde trabajé hace diez años. Finalmente me encontré con Ernesto, unos minutos antes de que iniciara el programa. Por la forma de saludar y agradecer con anticipación mi respuesta afirmativa para aceptar la entrevista, me di cuenta que al menos era un hombre amable. Durante el desarrollo del programa me sentí muy cómodo. Los asaltos mentales a los que me sometió el entrevistador dieron paso a una charla interesante y fluida, con bastante lógica y concordancia. Los comentarios entre ambos mientras estábamos fuera del aire durante la transmisión comercial de los patrocinadores, me hicieron comprender que Ernesto es inteligente, académicamente preparado, culto y ávido lector, hábil en el manejo de la entrevista y con sentido del humor equilibrado y bastante propio. Al término del programa, charlamos un poco más sobre los resultados de la entrevista y otros asuntos relacionados con el tema de la poesía.
Después de despedirnos en el estacionamiento de la televisora, Roberto y yo nos fuimos a cenar para darle forma a otros planes sobre futuras publicaciones literarias. Durante la cena, le comenté a Roberto que estaba asombrado por la ridiculez en la que podemos caer las personas al juzgar y formarnos impresión equivocada de otros seres humanos. A mis cuarenta, comprendo que no debo dar paso a ideas mal fundamentadas sobre el carácter de otros individuos. Me felicito por haberme dado la oportunidad de charlar con un conciudadano singular y "con sentido común".

viernes, 22 de junio de 2007

Voces en la Frontera

El pasado viernes 8 y sábado 9 de junio tuve la oportunidad de asistir al Encuentro Voces en la Frontera en Reynosa, Tamaulipas y en McAllen, Texas. Ahí se dieron cita algunas de las voces más representativas de los estados de Tamaulipas, Nuevo León y el Valle de Texas. Se leyeron textos poéticos, ensayo, cuento y fragmentos de novela, en voz de los autores. Roberto de la Torre Hurtado, presidente del grupo literario "Canto Rodado", fue el anfitrión del Encuentro. El evento se inauguró a las 7 de la tarde del primer día en el Salón Diplomático del Gran Premier Hotel, en Reynosa. Ahí leyeron Adolfo Kott (Reynosa), Javier Rábago Palafox (Reynosa), Teresa Loera (Cd. Mante), Francisco Salazar Acevedo (Reynosa), Ramiro Rodríguez (Brownsville/Matamoros), Alejandro Rosales Lugo (Cd. Victoria), Roberto de la Torre (McAllen), Luis Aguilar (Monterrey) y Dulce María González (Monterrey). Posteriormente, se realizó un homenaje al poeta Efraín Huerta, con la lectura de algunos de sus poemas, en voces de Laura Salinas, Aída Flores y Beatriz Rocha (Reynosa).

Las actividades continuaron el sábado a las 10 de la mañana en el Auditorio de la Biblioteca Palm View Community Center, en McAllen. Este día leyeron Arturo Zárate Ruiz (Matamoros), Ramiro Rodríguez, Elvia Ardalani (Matamoros/Harlingen), Juan Antonio González (Matamoros/Brownsville), Jay Álvarez (Brownsville), Luz Verónica Sáenz (Reynosa), Rossy Evelin Limá (McAllen), Alejandro Rosales Lugo, Roberto de la Torre, Celeste Alba Iris (Cd. Victoria), Luis Aguilar y Dulce María González. Las lecturas culminaron a las 2 de la tarde.

Estos encuentros, además de fortalecer los lazos de amistad entre gente con intereses análogos, ayudan a promover la creación literaria, a llevar a un grado de madurez los textos que tienen su origen en esta región de México y Estados Unidos.

Me permito reproducir un poema de Luis Aguilar, tomado del libro Tartaria, publicado en el año 2003 por Mantis Editores:

Lo más oscuro de la muerte no es la muerte:
es la negritud
después del guiño último
Su tardanza
cincodiezquincesegundos
son pocos para acoger tanto vacío

lunes, 11 de junio de 2007

Soledad


(Imagen: "Arcos en Filadelfia", Ramiro Rodríguez)
I

Soy soledad
sobre sombras sorprendidas,
sangre sacrificada,
soberbia sin sentido,
simiente sorda
sin suelo soterrante.
Soy sólo soledad
sempiterna,
sabiduría sepultada.
Soy sensación sobornante,
sencillez,
sacrificio,
sobriedad sojuzgada.
Soy soledad.
Soy seca sangre.
Soy semilla sin suspiro,
sin secuencia,
solitaria…


II

Oigo olvidos
obcecados,
oigo olores orgullosos.
Odio otroras…
¿Odio?


III

Lo lamento…
Lamento libertar
lamentaciones,
lamento limitar
luminosas letras;
luego lamento laicizar
lunas lastimadas.
Levanto los lirios
lapidados.
Lo lamento…
Lamento libertar
lamentaciones.
Las lágrimas lastiman,
los leídos lechos,
los letargos,
la luctuosidad lacerada.
Lo lamento…
Lamento libertar
lamentaciones.


IV

Es enajenamiento
en espacios encadenados,
explosión equidistante;
enlutante es el encuentro,
es evasión,
entrega en etapas.
En este equinoccio
encomiendo el espíritu.
Es exasperación errante.
Estallo en elocuencias,
emano ebriedad
envuelta en extasiados ecos.
Ebrio estoy en escapes esperados.
Enajenado, Eros,
enajenado…


V

Desencuentro:
¿dónde duermes?
¿dónde derramas dones?
Desencuentro:
dame distancia,
desilusión,
desencadena de disgustos,
desaparece dramas.


VI

Amanece…
Ahora adormecen
alucinaciones,
ahuyentadas amenazas.
Amanece…
Ante apariciones
apremiantes
acepto acumular ambiciones,
alabanzas,
aletargadas asperezas.
¡Ah! Anticipo agresión,
acoso,
ambivalencia,
adioses amalgamados.
Amanece…
Acepto ausencias
asignadas;
agradezco augurios,
agradezco.


VII

Duelen dolores
de derramamientos,
dudas,
desavenencias.
Deliro delirios delirantes,
desentiendo,
duermo donde duermen
discriminaciones.
Disiento de doctrinas
deslumbrantes.
Discrepo,
desobedezco…

De Desierto azul (2005)

lunes, 4 de junio de 2007

Tierra de sed perpetua



LIV

Xochipilli llegará algún día.
Besará estas tierras desoladas
que parecen morir cada instante.

Xochipilli llegará algún día.
Habrá arroyos de agua hacia el sur
no para volver, sino para alimentar.

Xochipilli llegará algún día.
Lágrimas de Tláloc se derramarán
y se reencarnará la juventud
y germinarán las semillas dispersas.

Xochipilli llegará algún día
y habrá númenes corriendo
bajo mantos frescos de agua.

Xochipilli llegará algún día.
Será celebración que se prolonga
hasta la llegada de otra sequía.

Xochipilli llegará algún día.
Ya llegará, ya llegará algún día.




LVIII

Algún día Tláloc llorará,
serán lágrimas de alegría
en los arroyos que surcan el monte.

La tierra parirá sus hijos de sangre
en silencio profundo de nostalgia.

La tierra abrirá sus piernas
porque algún día Tláloc llorará.

Caerá el agua de voluntades místicas
como semen que germina bajo el sol.

Algún día Tláloc llorará,
sus lágrimas correrán en estampida.

Habrá ríos de lluvia inundándolo todo,
asombro del barro ante el naufragio.

Algún día Tláloc llorará,
la gente dejará a San Todopoderoso,
saldrá de sus habitaciones oscuras
a beber el llanto de los dioses.

Reafirmará su profesión de fe,
bailarán como ofrenda y sacrificio
por la desmitificación de la sed.

Algún día Tláloc llorará,
el diluvio arrasará huizaches,
las palmas se volverán barcas,
saldrán las aves que nutren
su gula de inertes entrañas.

Se acabará lo que entonces
por temor a los dioses no acababa
y la gente dirá con justa razón:
“sanseacabó”.

Algún día Tláloc llorará,
renacerá la tierra que murió de sed eterna,
la tierra que fue de sed perpetua,
en brazos de Coahuila,
Madre de mi Raza.

De Tierra de sed perpetua (ALJA Ediciones, 2012)

Imágenes: Wikipedia.