lunes, 4 de junio de 2007

Tierra de sed perpetua



LIV

Xochipilli llegará algún día.
Besará estas tierras desoladas
que parecen morir cada instante.

Xochipilli llegará algún día.
Habrá arroyos de agua hacia el sur
no para volver, sino para alimentar.

Xochipilli llegará algún día.
Lágrimas de Tláloc se derramarán
y se reencarnará la juventud
y germinarán las semillas dispersas.

Xochipilli llegará algún día
y habrá númenes corriendo
bajo mantos frescos de agua.

Xochipilli llegará algún día.
Será celebración que se prolonga
hasta la llegada de otra sequía.

Xochipilli llegará algún día.
Ya llegará, ya llegará algún día.




LVIII

Algún día Tláloc llorará,
serán lágrimas de alegría
en los arroyos que surcan el monte.

La tierra parirá sus hijos de sangre
en silencio profundo de nostalgia.

La tierra abrirá sus piernas
porque algún día Tláloc llorará.

Caerá el agua de voluntades místicas
como semen que germina bajo el sol.

Algún día Tláloc llorará,
sus lágrimas correrán en estampida.

Habrá ríos de lluvia inundándolo todo,
asombro del barro ante el naufragio.

Algún día Tláloc llorará,
la gente dejará a San Todopoderoso,
saldrá de sus habitaciones oscuras
a beber el llanto de los dioses.

Reafirmará su profesión de fe,
bailarán como ofrenda y sacrificio
por la desmitificación de la sed.

Algún día Tláloc llorará,
el diluvio arrasará huizaches,
las palmas se volverán barcas,
saldrán las aves que nutren
su gula de inertes entrañas.

Se acabará lo que entonces
por temor a los dioses no acababa
y la gente dirá con justa razón:
“sanseacabó”.

Algún día Tláloc llorará,
renacerá la tierra que murió de sed eterna,
la tierra que fue de sed perpetua,
en brazos de Coahuila,
Madre de mi Raza.

De Tierra de sed perpetua (ALJA Ediciones, 2012)

Imágenes: Wikipedia.

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