jueves, 30 de agosto de 2007

Celebración



(Imagen: "Piedras en el río", Ramiro Rodríguez)

A Lupita Flores

Guadalupe, amiga del hombre, me ennobleces,
me transfiguras al lloverme con tu tiempo,
me purifica morirme en tu apocalipsis de agua,
amiga, me felicito por saberme un Sol celebrado.
Tienes en tus manos, amiga, el bellísimo nombre
de la Virgen Morena
y yo soy tu Juan Diego que te escucha
y te obedece con la ceguera fiel de la confianza.
Me reinvento en la idea de idealizarte,
me idealizo en el invento de reinventarte.
Amiga, mi Virgen Morena del Tepeyac,
mi Guadalupe Amor de la poesía del siglo XX,
mi Guadalupe Pineda de música de bosques,
concédeme el sereno aroma de una taza de café
para que ambos celebremos la creencia de pájaros
al bajar al río en búsqueda del líquido de la vida.

jueves, 23 de agosto de 2007

Ya No Te Quiero


(Imagen: "Faro en Bagdad", Ramiro Rodríguez)

Ya no te quiero
como te quise
pues alguien dice
que casi muero.

Ya no te espero
como lo hice
pues me maldice
ser pordiosero.

Ya no lo soy,
ya no te espero,
¡cómo lo hice!

Yo ya me voy,
ya no te quiero,
¡cómo te quise!



De Claustros Vedados al Penitente (2000)

domingo, 12 de agosto de 2007

Una Rosa Asciende en Brazos del Viento

Conocí a Rosa Elva Paz Treviño en el mes de septiembre de 1978. La vi entrar al grupo de primer año "C" de la Escuela Secundaria General No. 1, Lic. y Gral. Juan José de la Garza, con la encomienda de impartir la cátedra de Matemáticas I. Yo estaba entre los 45 estudiantes de nuevo ingreso que esperábamos con ansiedad al maestro, aquel primer día de clases. Desde entonces, la admiración y respeto que despertó en mí fue madurando con el paso de los años, hasta convertirse en una hermosa amistad cimentada por el amor fraterno y el respeto recíproco a nuestras individualidades. Rosa Elva no sólo fue mi maestra de Matemáticas durante el ciclo escolar 1978-1979, sino que fue mi maestra de Vida dentro y fuera del aula durante todos los años que siguieron a aquel memorable día y, lo que es mejor aún, es que llegamos a construir una amistad auténtica y perdurable.

Rosa Elva nació el 4 de mayo de 1950 en la ciudad de Matamoros, Tamaulipas. Fue hija del Sr. Carlos F. Paz García y la Sra. Enedelia Treviño de Paz. Inició sus estudios en la Escuela Primaria Particular Incorporada México de 1956 a 1962. Posteriormente ingresó a la Escuela Secundaria Federal No. 1 “Lic. y Gral. Juan José de la Garza” donde obtuvo su certificado en 1965.

Ese mismo año ingresó a la Escuela Normal Básica J. Guadalupe Mainero donde obtuvo el título de Profesora de Educación Básica en 1968.

En 1970 ingresó a la Normal Superior de Tamaulipas donde obtuvo el título de Profesora de Educación Media con la especialidad de Matemáticas. Y de 1976 a 1982 realizó los estudios correspondientes para obtener el título de Maestra en Pedagogía en la Escuela Normal Superior de México.

Ejerció su labor docente en diversas escuelas de H. Matamoros, como el Colegio de la Salle, la escuela secundaria Gabriela Mistral, las primarias José Ma. Morelos y Frankiln D. Roosevelt, para después dedicarse de lleno a la educación de los adolescentes. Ingresó como maestra de Matemáticas a la Escuela Secundaria General No. 1 "Lic. y Gral. Juan José de la Garza" el 1º de septiembre de 1976, donde se distinguió por su organización y entrega a sus alumnos. En el año 2005 fue ascendida al cargo de subdirectora de la Escuela Secundaria General No. 7 “Prof. Ricardo Salazar Ceballos”. Mujer con carácter, decisión, independiente, justa, elegante, pero a la vez tierna, sonriente, sensible, solidaria, detallista. Rosa Elva Paz Treviño abandona su cuerpo en este mundo donde fue creada con la misma materia fugaz que a todos nos conforma. Se va su imagen, su figura, su presencia física. Pero nos queda la memoria indeleble del amor, el cariño, la ternura, la simpatía, la justicia, la honestidad, el respeto, en aquéllos que tuvimos el enorme privilegio de contarnos entre sus compañeros de trabajo y mejores amigos.

Rosa Elva no se va del todo. Permanece resguardada en los rincones del corazón y la memoria.



Itinerario cósmico
A Rosa Elva Paz Treviño, in memoriam.
(4 de mayo, 1950 – 4 de octubre, 2006)

Palomas de luces blancas
pintan el rostro del cielo,
cubren sus ojos con flores
que lucen callados pétalos.
La fragancia de la lluvia
aroma la voz del cuerpo,
una Rosa roja asciende
en los suspiros del viento.
Estrellas fugaces pasan
por donde pasa el cortejo,
son ramos de rosas frescas
que lucen brillante atuendo.
Llega sin nombre, desnuda
de palabras y de aliento,
en su materno castillo
se conmemora su credo.
La voz dormida se extiende
sobre su profundo estero,
bajo un cosmos luminoso
canta de albores etéreos.
Seis caballeros la escoltan
bebiéndose el propio duelo,
se petrifican los árboles
cuando lloran en silencio.
Del cielo descienden astros
para cantarle sus verbos,
pueblan de intensos colores
la superficie del lienzo.
Mencionar su frágil nombre
es concederle al recuerdo
los diagramas contundentes
que nos reserva el destello.
Luego se marcha sin prisa,
se oculta dentro del templo,
tal vez no quiere apagarse
del todo su limpio cuerpo.
Un dios bueno nos alienta
con palabras de consuelo
y nos enciende en las almas
la brillantez de los céfiros.
Retoma su rumbo al norte,
remonta ingrávido vuelo,
se acerca el íntimo adiós
en unos breves momentos.
La lluvia fresca desciende
mojando todos los cuerpos,
mojando también las almas
que esperan un casto beso.
Es ella quien se despide
con sus palabras de incienso,
con lluvia abundante dice:
“te amaré sin sol ni tiempo”.
Se encienden en el espacio
resonancias del recuerdo,
blancas palomas de luces,
aromas suaves y pétalos.
Hoy reciben las estrellas
el viaje triste a destiempo,
transfiguración de flores
en transparentes senderos.
Se muere una Rosa roja,
lleva en labios el misterio,
las palabras sin fronteras,
sin piedras frías ni vértigos.

viernes, 3 de agosto de 2007

Mía


No Rosario Castellanos,
nunca Rosario Ferré,
con Elsa Cross yo tendré
la luna roja en mis manos.
En Alfonsina son vanos
los esfuerzos que ofrecí,
en Pita Amor me morí
y así en Sor Juana lo mismo;
mas en ella no hay cinismo,
¡Gloria es toda para mí!

De Voces desde el Casamata (2010)
Ateneo Literario José Arrese de Matamoros

Imagen: rosas.florpedia.com