sábado, 27 de diciembre de 2008

Prólogo de Cosmogonía de la palabra

Por Elvia Ardalani


“In ways that need not be doctrinal,
strong poems are always omens of resurrection”

Harold Bloom

Abrir las páginas de este libro es ahondar en uno de los misterios más antiguos: el origen de la poesía, su transformación en palabra y la relación de ésta con el poeta, ese bardo pescador, ese desconsolado enamorado que reconoce en su intento amatorio la futilidad del mismo. Hay algo sacramental en este texto del autor que lo separa del resto de su obra y que pone de manifiesto su irrevocable vocación de poeta. El libro todo puede leerse como la preparación-anticipación a un rito de entrega y permanencia en la que ambos protagonistas (poesía y poeta) se unen y se convierten en uno solo: la verdad que los define, los limita y los libera. Como los integrantes de este binomio amoroso son de orden distinto, disímiles en su naturaleza orgánica, la amada se ve obligada a reencarnar en el viento humano de la palabra y el poeta, para alcanzarla, se vale de sus cinco sentidos para acogerla, moldearla y moldearse.

Cosmogonía de la palabra inicia con los diez mandamientos del poeta, otorgándole a la palabra calidad divina, estirpe sagrada que debe ser adorada, cultivada, prolongada, por su fiel devoto. Desde el inicio del texto el binomio poesía-poeta (palabra-hombre) aparece perfectamente situado como eje de ese maravilloso proceso de deificación que justifica la existencia de ambos componentes: sin poesía no hay poeta y sin poeta la poesía no adquiere esencia mítica. En la antigüedad los seres humanos se valían del canto poético para honrar a sus deidades, sin éste la expresión espiritual quedaba tangiblemente cercenada. Sin embargo, en la propuesta de Ramiro Rodríguez la poesía es la divinidad donde el yo poético intenta, desesperadamente a veces, trascender el misterio por medio de la unión-comunión, transubstanciándose ambos en un todo extasiado, medular, místico a veces.

Una vez establecidos claramente los diez mandamientos del poeta, el poemario comienza con un recorrido fabuloso de los cinco sentidos del poeta que, como quien viste un hábito, como quien se ajuarea para iniciar un rito primigenio, va enjoyando desde la vista hasta el tacto, en preparación a la entrega incondicional del oficio poético. “Creo en la coincidencia de los ojos” dice con certeza la voz lírica de Ramiro Rodríguez, iniciando así la validez ritual de la mirada que busca en su recorrido la comprensión de la palabra. “Mis ojos verán lo nunca visto” repite Rodríguez anticipándose y anticipándonos al delirio poético. De los ojos, el poeta pasa al sentido del gusto en Paladares, diciendo “Sabor olvidado de milenios es la palabra”. Es en este sentido justamente, donde el poeta se siente momentáneamente dueño de la palabra, la humaniza, la concretiza al oficio humano de la escritura. Es decir, la voz lírica, en su limitación por entender el cosmos de la palabra, del verbo, opta por otorgarle caracteres humanos y va más allá, por momentos la posee, es de él, es de ambos esa cópula profundamente misteriosa que los define y los trastoca. El tercer sentido que utiliza el poeta para llegar al cuerpo de su amada poesía es el del oído. En Percepción del sonido, Rodríguez opta por alcanzar a la amada a través de la palabra hablada. “Óyeme como quien oye a los pájaros/cuando cantan el poema de las generaciones” en estos versos no sólo intuye el origen eterno e inmensurable de la poesía, también le da valor litúrgico cuando a su individualidad se suman todas aquellas generaciones de seres humanos que formaron parte de esa aparente singularidad. Aquí la voz lírica se reconoce colectividad, reotorgándole a la amada cualidades sagradas. El cuarto sentido, el del olfato, se manifiesta con una marcada nostalgia por la naturaleza. “Si atiendes señales que dicta el olfato/sabrás que te espero bajo el álamo” dice el yo lírico convencido de que su amada se encuentra, omnipresente, en ese mundo natural que le rodea. El recorrido termina con el sentido del tacto, en Huellas dactilares. “Desde el origen celular del tacto/en el reflejo azul del universo/la palabra es la palabra” afirma el sujeto poético, convencido así de que la amada, la poesía, es y será pródiga e inaccesible. Terminado el recorrido sensorial se inicia la fase de elevación, la unión sagrada que los lectores apenas podremos adivinar, como quien intuye a Dios desde las líneas de la mano.

Cosmogonía de la palabra es un libro que debe leerse lentamente para poder disfrutarse, como todos los buenos libros. En él, el lector no resolverá el enigma de la creación poética, pero hallará, guiado por la mano de Rodríguez, el misterio del origen divino, el universo de la palabra, que de manera inconmutable también sabe del polvo.

Elvia Ardalani

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Elvia Ardalani (H. Matamoros, Tamaulipas, 1963). Profesora de Escritura Creativa y Literatura en la Universidad de Texas Pan Americana y reside en la ciudad de Harlingen, Texas. Escribe poesía, cuento y artículos críticos sobre literatura y creación literaria. Es editora de la revista electrónica "El Collar de la Paloma" y autora de De Cruz y Media Luna (1996) y Y Comerás del Pan Sentado Junto al Fuego (2001) y Miércoles de ceniza (2007).

Panorama Letras en el Estuario

Por Ramiro Rodríguez

Sin entender comprendo:
también soy escritura
y en este mismo instante
alguien me deletrea.


Octavio Paz


Palabras de viento y de piedra, ojos que miran lo invisible con la fijeza del vidente, con la exactitud del que conoce el futuro. Lenguas que lamen el contorno de la palabra, voces que cantan con líneas de fuego al norte y al sur del Trópico de Cáncer. Voces de poetas, de ensayistas y de narradores, todos desnudos ante la magnitud de la palabra.

Letras en el Estuario nace en el 2002, cuando el Ateneo Literario José Arrese de Matamoros lanza la primera convocatoria para los creadores de Tamaulipas y Texas. Por esto, en sus orígenes llevó el nombre de Congreso Binacional de Literatura Tamaulipas-Texas. Ya en el 2006 adopta el nombre que lleva hasta ahora: Congreso Binacional Letras en el Estuario. Congreso porque el evento pretende que la gente de la comunidad establezca un diálogo con el escritor para comprender su obra literaria de manera más profunda, más concreta, dúctil a los dedos. Binacional porque involucra el talento de dos países, dos naciones en donde se promueve la creación literaria en lengua española.

Letras en el Estuario promueve y apoya la creatividad de escritores de lengua hispana, crea puentes de comunicación para encontrar analogías y diferencias que consoliden la diversidad cultural entre hispanohablantes. La institución que convoca desde sus orígenes es el Ateneo Literario José Arrese, grupo de escritores que acepta mi propuesta de difusión e investigación sobre la obra literaria actual. En sus sesiones, Letras en el Estuario presenta las novedades en los géneros poético, narrativo y ensayístico, de escritores invitados, así como la difusión de las publicaciones más recientes.

Bajo la coordinación general del que esto escribe, con el apoyo del Consejo Ciudadano para el Desarrollo Cultural de Matamoros, en el 2002 se congrega a laureados escritores, tales como Antonio Quintero Hernández (Ciudad Mante) y Carlos Acosta (Ciudad Mante), ambos ganadores del Certamen de Poesía “Juan B. Tijerina”.

En el 2003, se incorpora al proyecto University of Texas at Brownsville/Texas Southmost College, organismo educativo que agrega la denominación de binacional al congreso. Este año destacan las lecturas de Juan Antonio González–Cantú (H. Matamoros), Roberto De la Torre (Valle Hermoso), Celeste Alba Iris (Ciudad Victoria), Jorge Melgoza del Ángel (Ciudad Madero) y Teresa Loera Loera (Ciudad de México). En esta ocasión el Colegio de la Frontera Norte interviene con la presentación de narradores como Federico Schaffler (Nuevo Laredo) y Jesús D’León-Serratos (Nuevo Laredo).

En el 2004, destaca la participación de Cipriano Cárdenas (Brownsville), Aragelia Salazar (Brownsville) y Lidia Díaz (Buenos Aires) en el género de ensayo. En cuento Roberto De la Torre y en poesía Celeste Alba Iris, Carlos Acosta, Federico Fernández Morales (H. Matamoros) e Hilda Serna (Harlingen).

En el 2005, ya en la IV edición, se incorpora al proyecto por única ocasión Texas State Technical College, campus Harlingen. En estas sesiones se distinguen Conchita Hinojosa (H. Matamoros), Federico Fernández, Teresa Loera Loera, Celeste Alba Iris, César Osvaldo Hernández Ramírez (H. Matamoros) y Jorge Melgoza Del Ángel, en poesía. En cuento destacan Roberto De la Torre, Mélida García Rodríguez (Brownsville) y Addis Abeba Santacruz (H. Matamoros).

En el 2006, el evento adopta su nombre actual. Asisten como lectores de poesía Rossy Evelin Limá (Veracruz), Conchita Hinojosa, Celeste Alba Iris, Lidia Díaz y Federico Fernández Morales. En cuento destacan las intervenciones de Roberto De la Torre, Francisco Salazar Acevedo (Reynosa) y Juan Antonio González–Cantú. En ensayo destacan las visiones de Raquel Rodríguez Brayda (H. Matamoros) y Alejandro Rosales Lugo (Ciudad Victoria).

En el 2007, se realiza la VI edición del Congreso. Destaca la poesía de Rossy Evelin Limá, Conchita Hinojosa, César Osvaldo Hernández Ramírez, Sonia Martínez de Villar (H. Matamoros), Elvia Ardalani (H. Matamoros), Celeste Alba Iris, Federico Fernández y Alejandro Rosales Lugo. En cuento, Cipriano Cárdenas, Juan Antonio González–Cantú, Roberto De la Torre y Elba Macluf Lajud (Veracruz). Este año se llevan el Premio Literario José Arrese Lidia Díaz en poesía y Alfredo Ávalos (Cárdenas, S. L. P.) en cuento.

La presente antología reúne la obra de aquellos escritores que han apoyado y apoyan al Congreso Binacional Letras en el Estuario, de manera económica, espiritual y artística. Después de una rigurosa selección en base a una visión objetiva con conocimiento de causa, donde algunas veces el compilador teme a resentimientos y sospechas de parcialidades en cuanto a los lineamientos para el producto final (en realidad, el texto habla por sí solo), llego a la conclusión de que este libro es un reconocimiento público a la calidad de los juglares que residen en Tamaulipas y Texas, hombres y mujeres que se han involucrado, de manera devota y absoluta, en el proyecto de difusión y delineamiento de la literatura de esta región.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Medianoche



(Foto: Monterrey al entrar la noche, Ramiro Rodríguez)

La medianoche se escombra frente a mis ojos
cuando las campanas tañen su advertencia.
La ciudad se humedece con el artificio de cuerpos
en la habitación junto a los árboles del marasmo,
los pájaros nadan en el aire de ojos invisibles
y las nubes de fuego se concentran en la esquina.

Si pudiera celebrarme en esta medianoche
en que mujeres de sal se abren ante mis ojos,
quitaría la venda de piedra que me enceguece
en la hora en que las calles danzan de erotismo,
extendería mis alas para alzarme sobre las cosas
y soltar resquicios que quedan en la memoria.

Si pudiera escombrarme en esta medianoche
en que el alcohol me lame hasta parir olvidos,
sería estatua de bronce con máscara de polvo
en calles desiertas que se humedecen de lluvia.
Sin embargo, la ciudad de vaho se estremece
en la ansiedad que se acumula bajo la lengua.

De Íngrima la ciudad (ITCA/CONACULTA, 2011)

jueves, 4 de diciembre de 2008

Desobediencia



La mujer desobedece el mandato
de luz que se derrama en árboles,
cae la ceniza sobre la ciudad
para lamer sus miedos de polvo.
El fuego se extiende en el universo
y palpa labios que se abren de sed.
Surge el rumor del aire en espejos,
opacidad de cuerpos en las charcas,
desnudez de sombras inconclusas
por calles que inhalan advertencias.
Queda cubierta de sal la memoria,
la mujer petrificada de nociones,
la mujer con ojos de gacela desnuda
en murmullos redondos del agua.

De Íngrima la ciudad (ITCA/CONACULTA, 2011)



Imagen: bligoo.com

domingo, 23 de noviembre de 2008

Crónica Letras en el Estuario 2008

El pasado 14 y 15 de noviembre, el Ateneo Literario José Arrese y la Universidad de Texas en Brownsville estuvieron recibiendo a algunos de los escritores más representativos de Tamaulipas y Texas en el VII Congreso Binacional Letras en el Estuario 2008.

Como maestro de ceremonias, tuve la oportunidad de presentar a los escritores en las diversas mesas, conformadas de acuerdo al género literario abordado. Iniciamos el evento en el Salón de Conferencias, tercer piso, del SET B en UTB/TSC, en Brownsville, con los siguientes versos, recordando un aniversario más del natalicio de la célebre monja mexicana, Sor Juana Inés de la Cruz:

“Yo no puedo tenerte ni dejarte,
ni sé por qué, al dejarte o al tenerte,
se encuentra un no sé qué para quererte
y muchos sí sé qué para olvidarte.

Pues ni quieres dejarme ni enmendarte,
yo templaré mi corazón de suerte
que la mitad se incline a aborrecerte
aunque la otra mitad se incline a amarte”.
(Soneto 176, Obras completas, Tomo I)

Iniciamos el programa con las intervenciones de Rossy Evelín Limá (Álamo), Nubia Dense Nava (Matamoros/Brownsville) y Brenda Nettles Riojas (Harlingen), las tres en el género de poesía. Leyeron algunos de sus textos más recientes y los asistentes tuvieron la oportunidad de charlar con las jóvenes escritoras sobre sus procesos creativos. Limá obtuvo el tercer lugar en el III Certamen Literario José Arrese con el poema “Esperando espero”, el cual fue leído esta tarde.

Con algunos de sus cuentos más recientes, intervinieron Mélida García-López (Brownsville), Ramiro Rea (Edinburg), Santiago Daydí-Tolson (San Antonio) y Jacobo Tafoya (Torreón), seguidos con la mesa de poesía integrada por Guillermo Rebollo (Brownsville), Lino García Jr. (Edinburg), Lidia Díaz (Brownsville) y Arturo Jiménez (Matamoros).

Después de intercambiar palabras con los escritores, los asistentes tuvieron la oportunidad de escuchar algunos poemas del Entre lluvia, canto y flor de Javier Villarreal, residente de Corpus Christi. El libro reúne los primeros textos del autor escritos en inglés y español, enfocados en experiencias de familia e identidad chicana, algunos de ellos publicados en la revista literaria Puentes.

Después vino la conferencia magistral a cargo del Dr. Rolando Hinojosa-Smith (Mercedes/ Austin) quien presentó en lengua inglesa algunos de sus textos narrativos, pero con personajes predominantemente hispanos. Los asistentes tuvimos la oportunidad de charlar y conocer más de cerca al magnífico escritor y al excepcional hombre, con reconocimientos a nivel internacional.

Al final del día, gracias a la disponibilidad y atención de la Profa. Ana Peña Oliva y la Srta. Olga Meléndez, pudimos disfrutar de un ambigú patrocinado por el Departamento de Lenguas Modernas de UTB/TSC.

Al día siguiente, las actividades se reanudaron en la Sala María del Pilar del Museo Casamata, edificio histórico, patrimonio de la ciudad de H. Matamoros, Tamaulipas, gracias al apoyo de su directora Lic. Rosa Leonor García Luna de Capistrán.

La lectura de creación inició con los textos de Alejandro Rosales Lugo (Cd. Victoria), Ramiro Rodríguez (Matamoros/Brownsville) y Santiago Daydí-Tolson (San Antonio). El primero dijo en su lectura:

Sigo la línea de tu cuerpo que reposa en el mío.
Eres la serenidad de un mar bajo la luna
y un espejo de peces nocturnos que pasan
por nuestras bocas de amor,
que van de mar a mar en las olas que viajan
y que dicen adiós a nuestros ojos de amor.
(Del poema “Cuerpo en reposo”)

En lectura de cuento intervinieron Mercedes Varela (Reynosa/Tampico), Roberto De la Torre (McAllen/Valle Hermoso) y Juan Antonio González-Cantú (Brownsville/Matamoros). La primera, quien obtuviera el Premio Estatal de Literatura 2006, género cuento, leyó un par de textos de reciente creación. El segundo presentó su cuento “La pajarera”, texto que aparece en el libro El Vampiro de Río Grande (Ediciones Lago, 2007), y el último, editor de la revista literaria Novosantanderino y autor del libro Itineransias (2008), leyó un texto inédito.

Después intervino el Dr. Rolando Hinojosa-Smith con una interesante charla en español sobre sus textos en este idioma. Asimismo, los asistentes tuvieron la oportunidad de platicar con el prestigiado escritor sobre su proceso creativo y elementos que se identifican en sus textos literarios.

Aragelia Salazar presentó un ensayo literario sobre “La violencia cotidiana en Estampas del Valle de Rolando Hinojosa-Smith”. En este texto, la académica realizó un estudio minucioso sobre este tema en la obra del escritor chicano.

La poesía tomó la palabra en las voces de Celeste Alba Iris (Cd. Victoria), Raquel Rodríguez Brayda (Matamoros) y Teresa Loera Loera (Cd. de México/Cd. Mante), con estilos distintos y temas diversos. La primera con reconocimientos a nivel estatal, la segunda con publicaciones en la colección Tierra Adentro y la tercera con mención honorífica en el Certamen Literario “Altaír Tejeda de Tamez” 2008, género poesía.

El sábado cerró con la presentación del libro Guía para aprendiz de poeta (ITCA 2007) de Lizette Álvarez (Cd. Victoria). La poeta fue presentada por Celeste Alba Iris.

Finalmente se procedió a la premiación del Certamen Literario José Arrese que estuvo evaluado por Federico Fernández, Juan Antonio González y Celso Reyes Gutiérrez. Los tres le concedieron el primer lugar en poesía a Lidia Díaz con el poema “Olvidos”, del cual se reproduce un fragmento:

Los sargazos no cesan de crecerme.
               Improviso equipajes
              de dudoso sentido
buscando horadar
             no la roca
             sino el fluir de la marea.
(Del poema “Olvidos”, Lidia Díaz)

Al final se ofreció un ambigú patrocinado por el Ateneo Literario José Arrese, con la coordinación de Gustavo Farías, narrador del mismo grupo. Luego algunos de los escritores dieron un paseo por Playa Bagdad, con aguas embravecidas por las primeras ráfagas del norte.

Fotografías:
1) Dr. Rolando Hinojosa-Smith.
2) Santiago Daydí-Tolson.
3) Mercedes Varela, Raquel Rodríguez Brayda.

sábado, 22 de noviembre de 2008

Teorema


(Foto: Bagdad embravecido, Ramiro Rodríguez)


—Por enseñarme una parte del sol, gracias.

—No hay nada que agradecer, deidad de alas.

—¿Recuerdas la noche de marzo en Bagdad?
Te dije que desconocía la raíz del     o d i o.

—Sí, lo dijiste entre mis brazos de bronce.
Luego corriste desnuda, con tus senos al viento.

—Ya estoy aprendiendo. Soy buena alumna.
Y por esa enseñanza nunca te daré las gracias.

domingo, 26 de octubre de 2008

Día de Muertos en Sabinas Hidalgo

El Día de Muertos no es un día que provoca miedo. No es  el día de la angustia o del terror, como podría pensar la gente de otros países.

Mi madre va con frecuencia a visitar las tumbas de los deudos en Sabinas Hidalgo. No sólo es costumbre esperar los primeros días de noviembre en que el pueblo de México visita a sus muertos para recordar, para volver a vivir lo que se fue hace tiempo, sino que distintos espacios del año son buena ocasión para acompañarlos.

En noviembre, el calor del ambiente cobra otra dimensión, como de abandono, como de soledad de quienes se fueron. La estampa verde de follajes da paso a una tonalidad ambarina, como ritual de salutación al invierno que se encuentra por llegar. Las calles del pueblo se visten de hojarasca. Pero los cementerios presentan contradicción al iluminarse con el cromatismo de las flores en las tumbas de los muertos. Familias completas llegan al camposanto con una carga de azadones, palas, cubetas y franelas, para arreglar la tierra y los monumentos que guardan los restos. Algunos perfeccionan la apariencia de las lápidas con pintura nueva, a raíz del deterioro por la inclemencia del sol, el viento, la lluvia. Las aglomeraciones ocasionales que surgen por las inhumaciones durante el año, conducen a la destrucción parcial de jarrones o figuras divinas de tumbas aledañas a la de turno, de tal manera que los familiares inician labores de reparación y remodelación, utilizando recursos propios. En ocasiones, algunas personas contratan a gente especializada que espera la oportunidad para ofrecer su mano de obra en las entradas del camposanto. Otras familias, cuya economía no les permite colocar una lápida sobre las tumbas, se inclinan a extraer raíces de hierbas que se multiplican con persistencia y rapidez. La limpieza que se despliega en abundancia es satisfactoria y la definición del bulto sobre la tumba llega a parecer casi perfecto. Las letanías se dejan escuchar como bisbiseos ininteligibles, como murmullo de hojas de árboles que se mueven por el soplo suave del viento. La petición prioritaria es el descanso del ser querido. La concurrencia en esta época del año me hace pensar que el cementerio abre sus puertas sólo los días 1 y 2 de noviembre.

Los comerciantes del pueblo y rancherías cercanas aprovechan la ocasión para mejorar la economía familiar. La entrada principal del cementerio y las calles que conducen a la misma se convierten en mercado popular donde se vende una diversidad de productos. Hay puestos de ramos de flores naturales, artificiales y coronas; puestos de frutas como cañas de azúcar, mandarinas, naranjas, toronjas o pomelos y otras frutas de la temporada; dulces de calabaza, cacahuate, camote o coco, en diversos tamaños y texturas; algunos instalan puestos culinarios bajo techos improvisados con tallos de nogal, de aguacate y hojas de palma, adheridas con lienzos resistentes o con alambres delgados, donde ofrecen antojitos preparados con higiene, tales como gorditas, menudo, pozole, tostadas, enchiladas, mole en sus distintos colores y sazones y tacos de bistec o al pastor.


Mi familia y yo llegamos al lugar con varios ramos de flores artificiales traídas de Matamoros. Por lo general, mi madre las compra con anticipación ya que en esas fechas los precios se disparan. También adquirimos ramilletes de flores naturales en los puestos ubicados en la entrada del camposanto. Mamá nos pide opinión sobre cuáles comprar. “Miren, ¿qué les parecen estas gladiolas rojas? Aquéllas amarillas, qué hermosas están. Y las blancas qué lindas se ven, ¿verdad? Estos crisantemos, qué hermosos. Qué lindos los claveles y las margaritas. Mira nada más, cuánta belleza”, nos dice, chuleando las flores que llevará a las tumbas de Mamá María, tío Humberto y mis hermanitos. Mamá es amante de las flores. Sabe identificar a casi todas por su nombre. Yo desconozco cuáles pueden resultar más convenientes dado su precio, durabilidad o belleza. En realidad, opto por mantenerme ocupado en la lucha contra las mandarinas o las cañas de azúcar que me compran por mi insistencia y poder de convencimiento, antes de entrar al cementerio. Mamá también consulta las opiniones de Leticia o de Blanca, con quienes llegamos cada año. Después de escuchar las sugerencias de mis hermanas, mi madre compra las que a ella le gustan. Los ramos de flores artificiales son comprados en las tiendas de chinos en la ciudad de Brownsville. Leticia tiene talento. Confecciona una variedad de ramos y cruces que le quedan muy originales. Elabora aros con alambres metálicos que obtiene de la destrucción de ganchos para organizar el guardarropa. Para su fabricación necesita unas pinzas mecánicas con las que une extremos y alambre más delgado para reforzar las intersecciones de los alambres colocados en una especie de telaraña. Utiliza papel de aluminio para cubrir los alambres y evitar la oxidación ocasionada por la intemperie. Para terminar, enreda los tallos metálicos de ramas y flores en los aros elaborados con anticipación, de tal modo que parezca un singular ramillete de rosas o de claveles. En ocasiones, construye cruces con hielo seco para colocar ramas y flores artificiales a presión y obtener una cruz de rosas o girasoles. Estas últimas son de menor duración, debido a la fragilidad del material utilizado. Al año siguiente encontraremos los ramos del año anterior con la estructura metálica casi intacta, sin el menor daño. La única pérdida será el color de las flores artificiales. “Por esta razón prefiero las flores artificiales”, dirá mamá cuando regresemos a Sabinas Hidalgo el año próximo, “perdura durante largo tiempo su color, que es como el recuerdo de ellos en cada uno de nosotros. Ya que no es posible que viajemos con frecuencia a mi pueblo, prefiero hacerlo así para que las lápidas permanezcan arregladas por más tiempo. Nunca están solos. Todo el año pienso en ellos”.


Después de elegir las flores naturales en la entrada del camposanto, de penetrar por veredas laberínticas, encontramos la tumba donde descansan los restos de Mamá María y tío Humberto. En acto solemne, como ritual religioso donde mi madre es una especie de sacerdotisa, se colocan los ramos sobre la lápida y cada quien da una oración en silencio. La costumbre del altar de muertos no tiene arraigo en este lugar de Nuevo León. La gente se limita a entregarles flores como ofrenda devota a su recuerdo. Después iniciamos la búsqueda de las tumbas de mis hermanos. Mamá encabeza la procesión. Sabe con exactitud hacia dónde dirigir sus pasos. Al encontrarlas, permanecemos un momento más prolongado. Mamá se reclina sobre las tumbas sin pronunciar palabra. Un silencio la invade por minutos y nosotros aceptamos su silencio. El recuerdo de sus hijos acaecidos en los años cincuenta es tan intenso que aún le duele no tenerlos. Para los padres, perder un hijo es un poco morir.

Las tumbas de nuestros deudos adquieren una belleza singular después de los trabajos de limpieza y la colocación de flores para coronar su figura. Pronto se adhieren al colorido colectivo que invade al cementerio de Sabinas Hidalgo. Yo no conocí a mis hermanos. Mi madre me ha enseñado a quererlos cuando observo que son sustancia vital en sus recuerdos.

Hace ya varios años que no visito el camposanto de Sabinas Hidalgo. Mamá tampoco. Un día tomó la decisión de iniciar la búsqueda de sus hijos en otros espacios.

De Inminencia del ayer (ALJA, 2012)

Imágenes: Ramiro Rodríguez

sábado, 18 de octubre de 2008

La ira como recurso expresivo

La ira como recurso expresivo en la poesía
de Jaime Sabines: la execración y la imprecación.


Un elemento fundamental en la poesía de todos los tiempos es la emotividad en el discurso poético. Más que la imaginación y la fantasía del hombre, más que el mundo creado por la irrealidad y la inventiva, la experiencia humana permite a la obra la gestación del condimento que estremece, el brochazo literario que sacude con efectividad a la empatía humana en quien busca el placer estético en las líneas luminosas de un poema.

Muchos poetas han sabido complementar los conceptos poesía y emotividad, combinarlos como fórmula inseparable durante el proceso de creación poética. Pero en Jaime Sabines (Chiapas, México, 1926-1999) cobran una dimensión singular, extraordinaria. Ambos elementos poéticos irrumpen desde el núcleo de manifestaciones emocionales con diversos enfoques, perspectivas, colores y matices. El impacto de sus poemas radica en la expresión perentoria de un sentimiento inmanente en la conducta del ser humano: la ira, esa explosión repentina y estruendosa que traduce con exacta fidelidad un momento anímico desbocado.

La execración y la imprecación —o maldición—, son figuras retóricas del pensamiento de carácter patético, vituperios, reprobaciones. En la primera “el que habla manifiesta el deseo de que le sobrevenga algún mal”, es una forma de flagelarse, de castigarse a sí mismo como consecuencia de la desesperación o el padecimiento. La segunda figura “consiste en proferir palabras en que se pida o manifieste desear vivamente que alguien reciba mal o daño” (1), es decir, el mal se desea para una segunda o tercera persona. Estos son recursos estilísticos que logran la creación de un sistema y el poeta los utiliza para destacar la ira que lo corrompe en momentos de dolor o de penuria. El poeta dice en su poema “Lento, amargo animal”:

“—maldita y arruinada soledad
sin uno mismo—”
(2)

La maldición no sólo recae en la figura humana. El poeta maldice a la soledad que lo acosa en una especie de círculo concéntrico y del cual no puede salir. Esa desesperación expresada por la palabra maldita, esa angustia ante el encierro en sí mismo, provoca una especie de explosión que estriba en los ángulos de la maldición. La ira conduce a la agresividad, aun contra el lector desconocido, quien es maldecido al leer:

“(Me avergüenzo de mí hasta los pelos
por tratar de escribir estas cosas.
¡Maldito el que crea que esto es un poema!)”
(3)

La ira que conduce con frecuencia a la confusión interna, la rabia que procede a la separación temporal entre el ser humano y la propia identidad, provocando el acto de maldecir a diestra y siniestra, a imprecar contra el semejante, incluyendo al tiempo, personificado en el siguiente poema con la tentativa de lograr mayor efectividad en el proceso de la maldición:

“¡Qué tiempo este, maldito,
que revuelve las horas y los años,
el sueño y la conciencia,
el ojo abierto y el morir despacito!”
(4)

La expresión popular de disgusto —tal vez con ligera reminiscencia de interjección— "carajo", traduce el estado anímico del poeta ante su situación de cansancio, un cansancio físico o psicológico. La efectividad expresiva de la execración, aun con asomo a lo popular o altisonante, puede observarse cuando el poeta dice:

“¡Carajo! Estoy cansado. Necesito
morirme siquiera una semana”.
(5)

Por otra parte, el poeta deja entrever cierta característica estereotipada por el hombre macho, muy común en el hombre hispanoamericano, cuando agrede psicológicamente a la pareja. Aunque destaque la función antitética de la expresión, la tentativa viene a estribar en el humorismo, de tal modo que el enojo machista del poeta se convierte en paradigma humorístico del lenguaje popular:

“Hay un modo de que me hagas completamente feliz, amor mío: muérete”. (6)

Desde luego, aquí la imprecación carece de autenticidad. El poeta no desea la muerte —extinción de vida— para su pareja, sino que "muérete" tiene una connotación distinta a lo que el término denota, es una expresión en sentido figurado.

La ira del poeta que padece la incredibilidad de su entorno, su rabia y su inconformidad con el medio que lo circunda, se manifiesta en imágenes que algunas veces dejan entrever una visión desagradable de la vida, una perspectiva antipoética de la vida. Los vocablos "mierda", "vísceras", "jijos" y otros, logran desplegar la distorsionada fealdad de la vida, característica de incuestionable origen antipoético, y de esta forma surge la inconformidad humana caracterizada por el enojo, por la rabia que sacude al poeta, quien lleva la ira a sus extremos mediante la siguiente enumeración caótica como efectivo recurso de explosión anímica:

“Digo puñales, carretón de cabezas de res, bodegas de vísceras, peroles de sangre, restauranteros de etiqueta, borrachos, damas elegantes de cauteloso menstruar, solitarios, ríos de mierda bordeando la ciudad, bardas infinitas entre los árboles y la neblina, panteones desahuciados por los reverendos gachupines curas jijos, catedrales del rábano, periféricos, tianguis de pintores, antología de jotos malditos bilinguados…” (7)

El padecimiento físico es también exasperante y la rabia del poeta se asoma a la intemperie del papel, se concentra en la desesperante expresión —tal vez menos altisonante en el sur de México en comparación con el norte— "¿Qué putas…?" dentro del siguiente poema:

“¿Qué putas puedo hacer con mi rodilla,
con mi pierna tan larga y tan flaca,
con mis brazos, con mi lengua,
con mis flacos ojos?”
(8)

Además del enojo manifiesto en la expresión anterior, se aprecia cierta desesperanza de mejoramiento, de posible solución a la problemática. Ahí la recurrencia al término exacto de la exasperación. En el mismo poema, más adelante, existe el bipartismo del “yo” y el “tú” que asevera la confianza para vomitar la rabia mediante el uso de la misma expresión:

“¿Qué putas puedo hacer, Tarumba,
si no soy santo, ni héroe, ni bandido,
ni adorador del arte,
ni boticario,
ni rebelde?”
(9)

Con severidad tradicional y conservadora, la altisonancia es cuestionada como recurso poético. Sin embargo, en Jaime Sabines brota como una herramienta bastante efectiva para la traducción fiel y exacta de cierto estado anímico. El folclore, el lenguaje popular, las formas del lenguaje propias del pueblo, también se traducen en poesía para despertar la posible reflexión en el lector y agregar cierto condimento humorístico:

“Hay dos clases de poetas modernos: aquellos, sutiles y profundos, que adivinan la esencia de las cosas (…) y aquellos que se tropiezan con una piedra y dicen: pinche piedra” (10)

La expresión mexicanísima del verbo "chingar", estudiada a profundidad por Octavio Paz (11) en su ensayo y Carlos Fuentes (12) en su novela, en su acepción de frustración o de fastidio o de amenaza, aparece para exteriorizar la ira que corrompe las paredes internas del poeta ante la inminencia de la muerte y el protocolo de homenaje al hombre ilustre:

“(¡No me vayan a hacer a mí esa cosa
de los Hombres Ilustres, con una chingada!)”
(13)

Otra connotación de "chingar" puede ser el de separar lejos, el de arrojar a la distancia aquel hecho lastimoso que incomoda e inquieta, el de mandar a la chingada las lágrimas y la muerte que lo acosan tras la muerte del Mayor Sabines. Esta situación de imprecación se manifiesta en los siguientes versos donde el poeta decide terminar con un intenso padecimiento, obligándose a sí mismo a mantenerse incólume ante el dolor:

“¡A la chingada las lágrimas!, dije (…) ¡A la chingada la muerte!, dije” (14)

En el siguiente fragmento poético la connotación de "chingar" es similar a la anterior. Sin embargo, en este poema destaca la ironía para calificar al cáncer que padece el Mayor Sabines: el cáncer es "el Señor Pendejo". Y ahí radica la impotencia implícita, la rabia aquí arrojada en una especie de postura moderada, la rabia que desemboca en la altisonancia para calificar al cruel motivo del dolor filial:

“Mi padre tiene el ganglio más hermoso del cáncer
en la raíz del cuello, sobre la subclavia,
tubérculo del bueno de Dios,
ampolleta de la buena muerte,
y yo mando a la chingada a todos los soles del mundo.
El Señor Cáncer, El Señor Pendejo,
es sólo un instrumento en las manos obscuras
de los dulces personajes que hacen la vida”.
(15)

Mediante esta aproximación ensayística, es posible conocer a un Jaime Sabines colérico, violento en abundantes ocasiones, explosivo —nunca implosivo, porque las implosiones transfiguran el alma—, fragmentado hacia el exterior en minipartículas mediante expresiones cargadas de ira como manifestación humana. El poeta suave, carente de retórica revestida de oquedad y vocablos presuntuosos, pero nunca de expresión llana y convencional, toma otro rumbo; el poeta de imágenes poderosas y efectos de sonoridad mediante el uso de estribillos, anáforas y otras figuras literarias relevantes, estriba en la explosividad de carácter; un Jaime Sabines temperamental como recurso estilístico predominante, un poeta con arraigada voz de protesta, nunca vulgar, aun en postura paralela al uso de palabras denominadas altisonantes, las cuales —en él— portan un indescriptible efecto de identificación folclórica, correspondencia y sabrosura fonética, porque no son palabras producto de la improvisación ni la arbitrariedad, sino de premeditada intención y funcionalidad.

Bibliografía
Sabines, Jaime. Antología Poética. Fondo de Cultura Económica, Colección Tierra Firme. México, 1995.
Sabines, Jaime. Recogiendo Poemas. Ediciones Zarebska, México, 1997.
Guillón Barrett, Yvonne. Versificación Española. Compañía General de Ediciones, México, 1976.
Paz, Octavio. El laberinto de la soledad. Fondo de Cultura Económica, México, 1996.
Fuentes, Carlos. La muerte de Artemio Cruz. Fondo de Cultura Económica, México,1985.

(1) Guillón Barrett, Yvonne. Versificación Española, págs. 190 y 193.
(2) Sabines, Jaime. Antología Poética, p. 19
(3) Idem, p. 357
(4) Idem, p. 363
(5) Idem, p. 225
(6) Idem, p. 205
(7) Idem, p. 234
(8) Idem, p. 150
(9) Idem, p. 150
(10) Idem, p. 271
(11) Paz, Octavio. El laberinto de la soledad, “los Hijos de la Malinche”, p. 81.
(12) Fuentes, Carlos. La Muerte de Artemio Cruz, p. 143.
(13) Sabines, Jaime. Antología Poética, p. 327
(14) Idem, p. 355
(15) Idem, p. 356


Imagen: Wikipedia

lunes, 29 de septiembre de 2008

Letras de la Frontera en San Antonio


(Imagen: Fragmento de Sebastián, Ramiro Rodríguez)

San Antonio y la gente que la habita, la gente de la palabra. “Letras de la frontera: Encuentro de escritores de los dos lados” fue velada de desvelados, borrachera de letras de gente de letras, refugio santo para refugiados santos. Y no sólo gente de Houston que huyó de la furia de Ike, sino locos muy locos en fraternidad con gente muy gente.

Habló Santiago Daydi-Tolson las palabras de la bienvenida. El foro fue la Universidad de Texas en San Antonio, notable centro de la educación profesional en ese estado de la unión americana.

“En las manos inertes crecieron rosas,
en las piernas heridas
espigas de trigo
y de su cabeza rota
brotó el mar”.

Es la voz poética de Alfredo Ávalos, originario de Cárdenas, San Luis Potosí, radicado en San Antonio, licenciado en derecho, quien esa tarde leyó un fragmento narrativo. Su atención se enfoca en la creación de su primera novela.

Del destello solar surgió Celeste Alba Iris, nativa de Ciudad Victoria, Tamaulipas, Premio Estatal de Poesía Joven Juan José Amador 1997, para soltar sus letras poéticas, algunas de ellas en los libros Cualquier día de la semana y Costumbre de vivir.

La voz de Santiago Daydi-Tolson, de Valparaíso, Chile, investigador de las letras hispanoamericanas, también apareció en escena, protagónico en el sentido estricto de la palabra, ya que era uno de los anfitriones:

“Olvidé el reloj hace ya un tiempo”.

Roberto De la Torre Hurtado, narrador de Valle Hermoso, Tamaulipas, radicado en McAllen, tomó la palabra y soltó la rienda del Vampiro del Río Grande. Y así Juan Antonio González-Cantú, poeta y narrador de H. Matamoros, Tamaulipas, radicado en Brownsville, Texas, dejó escapar las notas poéticas recién cocinadas en su primer libro Itineransias (2008):

“doy presteza al arado
que habrá de hender tus firmes laderas”.

Berta Jacobson, de Chihuahua, México, miembro de la Sociedad de Escritores Latinos e Hispanos de San Antonio, residente de San Antonio descendió al foro, mensajera de imágenes y palabras. Y asimismo, Rebeca Gómez Galindo, originaria de México D. F., con publicaciones en España y Estados Unidos, habló con la fuerza femenina esparcida en su narrativa:

“Mi ciudad es una caracola de surcos profundos, con vueltas interminables de olvido y pobreza.”

La belleza, no sólo literaria, de María Gabriela Madrid, nativa de Caracas, Venezuela, cuyo libro Entre los surcos del recuerdo que será publicado en su país de origen, nos dijo:

“Como antídoto al tedio, ofreció ir de voluntaria al país donde se cruzan los cuatro vientos”.

El que esto escribe, quien se lanzó a la vanguardia del mitote literario sin ver hacia atrás, con el hambre de quien sólo piensa en comer sopa de letras con el objeto de formar palabras, dijo:

“El poeta escupe letras,
duerme sobre letras,
eyacula letras,
se orgasma en laderas eróticas de letras”.

Y mi maestro de maestros, quien no canta mal las rancheras en cuanto a mitotes literarios, Alejandro Rosales Lugo, nativo de Ciudad Victoria, Tamaulipas, autor de El paisaje del cuerpo (1998) y De Adán a Cezanne pasando por Newton (2005), emergió de las amenazas profundas de Ike con sus palabras pobladas de poética sensual.

Después vino la fraternidad y la convivencia en casa de Alfredo Ávalos, la declamación, la sonrisa, el vino y el queso, la charla hasta entrada la noche. Al día siguiente, luego de unas tortillas de harina y barbacoa, el arte pictórico de Cezanne, VanGogh, Picasso, Rivera, Monet, entre otros grandes pintores del mundo en el museo McNay. Hay que ir a San Antonio más seguido.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Cronología



A Elvira Meade


¿Dónde se ocultan las letras
que antes hablaban por sí solas?
¿Dónde encontraron tus musas
el reflejo inconfundible del espejo?
Porque la hora del vals
(hora que conoce el mutismo
                   de pájaros invisibles)
quedó colgada en el árbol
de profundas generaciones,
el café cedió su mansedumbre
ante la fuerza de la cronología.
                       Y ahora tu pluma
(prisionera voluntaria del silencio)
canta la canción de la nostalgia,
ahora vuelves al amalgamamiento
de orígenes dispersos en el aire,
ahora las letras se holocaustan
en el bagaje infértil de los años.

Imagen: Gloria Rodríguez

domingo, 3 de agosto de 2008

Soy el Sol



(Imagen: Sol en la isla, Ramiro Rodríguez)

Soy el Sol que dice adiós
una tarde de otoño,
cuando tu mano se alza al viento
para olvidarse de todo.
Me miras
y la piedad brilla en tus ojos.
Después desvías la mirada
para llevarte mis palabras.
Bien sabes que volveré mañana
para cubrirte otra vez,
hasta que mis dedos se adelgacen
y llegue al final de mi trayectoria.
El tiempo se aletarga
y deja sin aliento a los ojos.
Soy sólo el Sol que dice adiós
una tarde de otoño.

De Desierto Azul (2005)

sábado, 26 de julio de 2008

Recursos estilísticos en sonetos satírico-burlescos del Siglo de Oro

Por Ramiro Rodríguez

Dentro de la historia de la literatura universal, el Siglo de Oro es uno de los períodos más importantes, singulares y significativos en la transformación evolutiva de la lengua castellana. Es necesario y oportuno mencionar que este período comprende dos épocas literarias de gran importancia, disímiles entre sí pero con diversos aspectos en común: primero y segundo renacimientos (primera y segunda mitades del siglo XVI, respectivamente) y el período barroco (siglo XVII).

Analizando detenidamente el nombre designado a este lapso, es posible apreciar cierta contradicción o falta de correspondencia del nombre con el objeto, ya que el tiempo que comprende esta época es mayor a la que su nombre indica: “La locución siglo de oro utilizada desde hace mucho tiempo para designar este momento de nuestra literatura es, como se ve, inadecuada; de un lado, porque el período clásico de las letras españolas abarca bastante más de un siglo –en realidad, un siglo y medio desde la redacción de las obras de Garcilaso (hacia 1530) y la muerte de Calderón de la Barca (1681). De otro, porque al decir siglo de oro parecemos presumir un período de tiempo dotado de homogeneidad espiritual, cuando, por el contrario, pueden distinguirse en él […] períodos distintos.” (1)

Si emprendiera una exploración de nombres representativos de estos siglos tendría que penetrar en una odiosa depuración de elementos humanos magníficos e inigualables; pero mi intención primaria es generalizar en este aspecto y particularizar en otro más ad hoc al tópico. Debo irme al período de transición de la Edad Media al siglo de oro: Fernando de Rojas (1465?–1541), para continuar con Juan Boscán (1500–1542), Garcilaso de la Vega (1503–1536), Gutierre de Cetina (1520–1557?), Félix Lope de Vega (1562–1635), Tirso de Molina (1584?–1648), Miguel de Cervantes Saavedra (1547–1616), Luis de Góngora y Argote (1561–1627), Francisco de Quevedo y Villegas (1580–1645), Pedro Calderón de la Barca (1600–1681), et al. Es necesario agregar que al siglo de oro pertenecen otros escritores de gran importancia que no vieron la luz primera en España sino en Hispanoamérica pero que continúan la influencia de los grandes exponentes españoles, tal es el caso del excelente dramaturgo Juan Ruiz de Alarcón (1581–1639). Así, me atrevo a extender el período del siglo de oro de 1681 –con la muerte de Calderón– hasta 1695, con la muerte de la Décima Musa Sor Juana Inés de la Cruz (n. 1651).

Ahora llego al punto más relevante y exacto de esta panorámica: el análisis y la exploración formal e identificación de ciertas características propias de la época en los sonetos satírico–burlescos del siglo de oro. Para esto, algunos sonetos de Félix Lope de Vega, Francisco de Quevedo y Sor Juana Inés de la Cruz bastarán.

Existen diversos recursos literarios y estilísticos –tropos, figuras de construcción, figuras retóricas del pensamiento– en la creación poética renacentista y barroca, pero mi atención oscilará en aquellos más frecuentes e interesantes: la metáfora, que es una expresión brillante y compleja en que un elemento incógnito o semi–incógnito se expresa, define o describe en términos de otro con el cual guarda estrecha relación; el hipérbaton, que es la alteración del orden de los elementos sintácticos; los neologismos, vocablos nuevos, inventados, inclusive, por el artista; las alusiones mitológicas e históricas, expresiones en donde se expresa o se alude a un ser o lugar histórico o mitológico; la antítesis, figura que muestra contraposición de frases o palabras con el objeto de crear intensidad expresiva; la paradoja, expresión contradictoria que guarda una verdad.

Un estudio más minucioso podría arrojar como resultado que las cuatro primeras son más notorias y constantes en la tendencia barroca denominada culteranismo (consiste en expresar ideas con sombra y complejidad mediante voces poco conocidas y giros rebuscados, violentos) mientras que las dos últimas son más representativas del conceptismo (procura la concisión ingeniosa y filosófica) barroco.

Veamos un soneto del poeta y dramaturgo español Félix Lope de Vega y Carpio:

Conjúrote, demonio culterano,
que salgas deste mozo miserable
que apenas sabe hablar, ¡caso notable!
y ya presume de Anfïón tebano.

Por la lira de Apolo soberano
te conjuro, cultero inexorable,
que le des libertad para que hable
en su nativo idioma castellano.

–¿Por qué me torques bárbara tan mente?
¿Qué cultiborra y brindalín tabaco
caractiquizan toda intonsa frente?

Habla cristiano, perro. –Soy polaco.
–Tenedle, que se va. –No me ates, tente,
suéltame. –Aquí de Apolo. –Aquí de Baco. (2)

El soneto de Lope es indudablemente conceptista y su humorismo es notorio en la crítica exhaustiva a la tendencia culterana que disfraza o reviste exacerbadamente a la lengua. Es posible apreciar, sin embargo, algunas características de predominio culterano como las alusiones mitológicas –Anfión, Apolo, Baco–, situación paradójica. La creación de términos (neologismos) en el primer terceto muestra una burlesca complejidad de la intención culterana. Por otra parte, la diéresis en el vocablo “Anfïón” constata el frecuente hiato en la versificación del siglo de oro.

Ahora el soneto "A un hombre de gran nariz" de Francisco de Quevedo y Villegas:

Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una alquitara medio viva,
érase un peje espada mal barbado;

era un reloj de sol mal encarado,
érase un elefante boca arriba,
érase una nariz sayón y escriba,
un Ovidio Nasón mal narigado.

Érase un espolón de una galera,
érase una pirámide de Egito,
las doce tribus de narices era;

érase un naricísimo infinito,
frisón archinariz, caratulera,
sabañón garrafal, morado y frito. (3)

Uno de los elementos característicos de la época es la exageración. Y esta exageración es posible apreciarla en la ornamentación excesiva de la arquitectura, por ejemplo. El poema de Quevedo está ornamentado con palabras selectas y rebuscadas, inventadas a manera de neologismos –narigado, naricísimo, archinariz–, y es, en síntesis, exagerado al describir el descomunal tamaño de una nariz: una pirámide de Egi(p)to. Otros recursos, como el hipérbaton, están presentes en el poema: Érase un hombre a una nariz pegado que, de acuerdo a la sintaxis, sería érase un hombre pegado a una nariz.

Resulta interesante incursionar en la obra de la escritora mexicana Sor Juana Inés de la Cruz porque en ella se conjugan armónicamente ambas tendencias barrocas. Veamos el soneto 159-163, II:

Aunque eres, Teresilla, tan muchacha,
le das quehacer al pobre de Camacho,
porque dará tu disimulo un chacho
a aquél que se pintare más sin tacha.

De los empleos que tu amor despacha
anda el triste cargado como un macho,
y tiene tan crecido ya el penacho
que ya no puede entrar si no se agacha.

Estás a hacerle burlas ya tan ducha,
y a salir de ellas bien estás tan hecha,
que de lo que tu vientre desembucha

sabes darle a entender, cuando sospecha,
que has hecho, por hacer su hacienda mucha,
de ajena siembra, suya la cosecha. (4)

El humorismo está manifiesto en la ingeniosa situación de la burla. La rima es otro elemento que contribuye en el ingenio, ya que fue dictado para que se hiciera como tal. En el último terceto es posible apreciar la complejidad de la sintaxis de la mano con el ingenio, características conjugadas de las dos tendencias barrocas: sintaxis (culteranismo) e ingenio (conceptismo). La metáfora es utilizada por la monja cuando dice: y tiene tan crecido ya el penacho, en donde utiliza un elemento imaginario (el penacho) para designar al elemento real (el orgullo).

Existen muchos otros poemas de este carácter, no sólo en su presentación formal de soneto sino en letrillas, romances, décimas, entre otras estrofas. El humorismo ha sido siempre un aspecto importante en la literatura, pero en España esto fue una guerra cotidiana entre intelectuales durante los siglos XV y XVI. Cada uno de estos sonetos podría convertirse en paradigma, “desarmarse” íntegramente para la identificación de elementos. Pero la poesía es espléndido bocado que se digiere sin hurgar los elementos que lo conforman. Sin embargo, es bueno poseer una idea sobre lo que existe más allá del bocado por si alguna bendita vez intentamos entrar a la cocina.


(1) Díaz–Plaja, Guillermo, et al. Historia de la literatura…, pág. 115.

(2) Lope de Vega, Félix. Lírica, pág. 329.

(3) Quevedo y Villegas, Francisco de. Poemas escogidos, pág. 103.

(4) De la Cruz, Sor Juana Inés. Obras Completas Tomo I Lírica Personal, pág. 285.



Bibliografía
Álvarez, María Edmée. Literatura mexicana e hispanoamericana. Editorial Porrúa, S.A. México, 1992.

De la Cruz, Sor Juana Inés. Obras Completas Tomo I Lírica Personal. Fondo de Cultura Económica. México, 1988.

Díaz Plaja, Guillermo y Francisco Monterde. Historia de la literatura española e historia de la literatura mexicana. Editorial Porrúa, S.A. México, 1984.

Enciclopedia Autodidacta Siglo XXI. Literatura. Ediciones Euroméxico, S.A. de C.V. España, 1998.

Guillón Barrett, Yvonne. Versificación española. Compañía General de Ediciones. México, 1976.

Lope de Vega, Félix. Lírica. Editorial Castalia, S. A. España, 2001.

Quevedo y Villegas, Francisco de. Poemas escogidos. Ediciones Prisma, S.A. México, 1989.

martes, 15 de julio de 2008

Novela hispánica favorita del siglo XX

Durante los meses de junio y julio, me di a la tarea de encuestar a la gente lectora que pasa por estas páginas. Decidí definir el parámetro temporal de treinta y un días. La encuesta intentaba consultar sobre la novela hispánica favorita del siglo XX. Sólo dieciséis personas se animaron a emitir su voto y esto me hace pensar en el ejercicio ciudadano del voto político (o en la poca afluencia de lectores por estos espacios). Pero, en fin, el voto literario es otra cosa. Los resultados se muestran a continuación:

1.- Cien años de soledad - Gabriel García Márquez (6 votos)
2.- Pedro Páramo - Juan Rulfo (4 Votos)
3.- Tinísima - Elena Poniatowska (2 votos)
4.- El amor en los tiempos del cólera - Gabriel García Márquez (1 voto)
4.- Oficio de tinieblas - Rosario Castellanos (1 voto)
4.- El Señor Presidente - Miguel Ángel Asturias (1 voto)
4.- Rayuela - Julio Cortázar (1 voto)

martes, 8 de julio de 2008

Lluvia en Matamoros


El agua simboliza la continuidad de la vida, la certeza del fruto exquisito que nos entregará la tierra, la sed saciada, la bendición a la fertilidad de los campos. Pero en Matamoros el agua también simboliza inundación, descontento ciudadano y desmadre vehicular.

El lunes 7 de julio, teníamos una cita Juan Antonio González, Lidia Díaz y el que esto escribe, con Ernesto Velarde Danache en el programa televisivo Con Sentido Común. La lluvia había provocado caos automovilístico en las principales arterias de Matamoros. Cuando no había agua estancada en las calles, había automóviles detenidos con el motor encendido esperando la señal del agente de tránsito inmerso en su letargo; a veces era posible ver coches y agua en una simultaneidad gráfica terrible; coches encendidos en lenta marcha como manada de corderos, uno detrás de otro; coches somnolientos por la asfixia con el agua en los motores; coches en sentido contrario sacando la vuelta a las calles inundadas: un perfecto y hermoso caos donde el agua se cagó de risa hasta morirse. La cita era a las 7:30 de la tarde.

Tratando de evitar la aglomeración vehicular en el bulevar Cavazos Lerma, con el propósito de llegar a tiempo a la transmisión televisiva, me introduje por los laberintos indómitos de la Mariano para llegar al edificio de la televisora por la parte posterior. Mi sorpresa fue mayúscula cuando vi la enorme laguna en que estaban convertidas las calles de la colonia Residencial. Sería imposible que mi Avenger se convirtiera en lancha de motor que surcara el tremendo oleaje que dejaban las camionetas 4X4 y los camiones del transporte colectivo. Se acercaba la hora de la cita. Decidí salir por la parte posterior de la Mariano para tomar la avenida que está frente al fraccionamiento Puerto Rico, cerca de los terrenos nuevos de la Feria que cada año está más triste. La calle principal estaba igual de inundada que las calles anteriores. No me quise arriesgar a quedarme a la deriva. Tomé la decisión de regresar por el fraccionamiento Victoria, por teléfonos de México, pero me topé con otra laguna similar a las anteriores. Desesperado porque ya iban a ser las ocho, hora en que iniciaría el programa, pude llegar a la calle Sexta por la calle lateral del Burger King. Tomé un retorno y retomé el Cavazos Lerma, para al menos ofrecerle una disculpa a Velarde. Llegamos a la televisora a las 8:30. Lo que me daba consuelo es que Juan Antonio y Lidia sí habían llegado a tiempo. El programa se realizaría. Me lo confirmó Gloria cuando le llamé para preguntarle si ya estaban al aire.

Al entrar al estudio donde se realizaba la entrevista, Ernesto me pidió que me uniera al panel durante la transmisión de comerciales televisivos. Al final, pude leer algunos textos dedicados a Gloria, a Lupita y a la lluvia, que ya reiniciaba cuando terminó el programa.




Llueve en Matamoros

I

Esta tarde llueve en Matamoros.
Las aguas en turbulencia
son recua incontenible de dioses
y capricho infantil de nubes.
              Lágrimas contentas que corren
por la calle lamiendo horizontes,
voces femeninas que forman riachuelos
para buscar salida hacia no sé dónde.

Casi nunca llueve como esta tarde.
A veces el agua es como viento
                                      y no como agua.
No es agua que cae para olvidarse
de las alturas que fueron su vientre:
es algo más constante que la soledad
y que se vuelve incomprensible.

Mientras llueve,
recuerdo otras tardes de agua y sal
en los senos de Playa Bagdad,
tardes de luz, de aromas marinos
y sonido de gaviotas hendiendo el aire.

Esta tarde llueve en Matamoros…

De Destiempo (2002)

Imagen: rodriguezpelaezcs.org

sábado, 5 de julio de 2008

Caída de Eneas



“En algún lugar de” aquel restaurante
“de cuyo nombre no quiero acordarme…” (1)

Sonrisas de piedra en el espejo,
inglés con pinceladas de español,
diversidad en el menú,
quesadillas sin queso,
aderezo de sales oxidadas,
limonada con gotas de lluvia,
nerviosismo en ojos desnudos,
la mujer que se unta
en las paredes de la iglesia,
el señor de arena que olvida
su propio nombre.
Sorpresa,
trágame tierra,
tequila con un poco de limón,
anticipación involuntaria
de nuestros nombres al viento.
—Mi nombre es Eneas,
¿cómo dijiste que te llamabas?

De Pasión de Eneas (ALJA, 2012)

[1] Miguel de Cervantes Saavedra, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.

lunes, 16 de junio de 2008

Crónica V Encuentro Voces en la Frontera

“Rasgué mi corazón y echó a volar una bandada de palomas negras”, verso memorable del poema “Lamentación de Dido” de la célebre mujer de las letras mexicanas, Rosario Castellanos, como uno de los preámbulos para la presentación de los escritores. Así, verso a verso, poetas, ensayistas y narradores, recordaron a la autora de algunos de los libros más importantes de la literatura de México. Los días destinados para la cita fueron el 6 y 7 de junio, en el Palm View Community Center de McAllen, Texas. El grupo literario Canto Rodado realizó por quinta ocasión el Encuentro de Literatura Voces en la Frontera. Fue un encuentro de amigos creadores que se reunieron para poner a consideración la obra narrativa, ensayística y poética, de la actualidad tamaulipeca, nuevoleonesa y texana. El Encuentro se vio enriquecido con las opiniones, comentarios, perspectivas y experiencias, en el proceso lector y creativo de los congregados.

El anfitrión del Encuentro fue el narrador nativo de Valle Hermoso, Tamaulipas, pero avecinado en la ciudad de McAllen Roberto De la Torre Hurtado, quien esa tarde presentó su libro de narrativa breve El Vampiro del Río Grande, obra que reúne trece cuentos y las viñetas del pintor y también poeta, Alejandro Rosales Lugo. Este pintor y poeta de Ciudad Victoria, Tamaulipas, presentó algunos de sus textos poéticos recientes en donde el amor y la mujer son la columna vertebral del discurso poético. Otro pintor y literato de reconocido prestigio en Tamaulipas que hizo acto de presencia fue Arturo Medellín Anaya, quien leyó algunos fragmentos de su novelística reciente. El arte visual también estuvo a consideración de la concurrencia: una interesante exposición de la obra fotográfica del escritor mexicano Juan Rulfo y la visión ensayística de las imágenes por el conocido crítico regiomontano Rogelio Reyes. Además, una muestra de carteles de la cinematografía universal basados en textos literarios de célebres creadores fue presentada por el ensayista y crítico dominicano radicado en Estados Unidos, Freddy Peralta, quien dio asimismo una interesante charla con visión ensayística sobre esta manifestación artística.

Otras intervenciones interesantes fueron la cuentística de Francisco Salazar de Reynosa y José Enrique Saucedo de Monterrey, Nuevo León. Éste presentó algunos textos narrativos de su libro La Otra Ciudad, mientras que Salazar leyó un cuento de su autoría. La visión ensayística de la obra de Octavio Paz del escritor Alfredo Arcos de Nuevo Laredo, la exquisita poesía de Rossy Evelyn Limá de McAllen y la madurez del discurso poético de Juan Antonio González de Brownsville, también dieron realce al Encuentro, así como los ensayos de Arturo Zárate y la poesía del cubano Jay Álvarez.

Cabe destacar la distinguida presencia de la revista literaria Puentes cuyo editor, Jesús Rosales, dio a conocer como un importante vínculo de unión entre las diversas ciudades reunidas en estos días de junio. Asimismo, Juan Antonio González, editor de la revista literaria Novosantanderino presentó algunos de los últimos ejemplares que reúnen una muestra significativa de las letras de estos tres estados. Enhorabuena para los organizadores y un fraternal agradecimiento a Martha De la Torre, quien estuvo al pendiente de nuestra comodidad.

viernes, 13 de junio de 2008

La urraca que quería ser gaviota

Entre todas las aves del monte y más allá de las montañas de la Sierra Madre, había una urraca que creía ser el ave más bella de la creación. Volaba de árbol en árbol y hablaba con las demás aves sobre su experiencia en la vida, su porte de gran majestad y la negra brillantez de sus plumas. No desaprovechaba la magnífica oportunidad que se le presentaba cuando pasaban cerca de ella algunas otras aves o cuando se posaban en el mismo árbol en que se hallaba la urraca a la que me refiero.

—Miren, qué hermosa soy —les decía con arrogancia.

Insistía en que tenía el plumaje más hermoso entre todas las aves de la comarca y que su vuelo era la elegancia en movimiento. Decía que su experiencia era mucho mayor a la de las demás aves y que la vida le había dado sabiduría. Se burlaba de todas, diciéndoles jovencillas risibles e inexpertas; señalaba que no tenían talento suficiente, como lo tenía ella. En fin, que era luminosidad y esplendor, el ave más rica y hermosa que jamás se hubiera podido encontrar en todos los bosques del planeta.

Las demás aves optaban por reírse con estrépito ante la innata vanidad de la urraca. Era costumbre que las diversas aves comentaran al oído sus opiniones muy personales sobre la apariencia de la presumida; luego rompían en carcajadas que lastimaban su ego.

—¿Pero de qué se ríen, necias? ¿Qué no ven que mi plumaje es hermoso y brillante? ¿No ven que mi vuelo es el más elegante de todos? Es evidente que la envidia les corrompe el alma. ¡Qué lastima y qué pena me dan! Pero no, no crean que ustedes causarán afectación a mi hermosura con su veneno.

Las demás aves decidían retirarse, dejándola sola, ya que su arrogancia provocaba tal antipatía que la convertía en un ser risible, incómodo e indeseable. La urraca se ponía muy triste al ver que las demás se apartaban, sobre todo las jóvenes que disentían con su carácter y gustos. Abatida por saberse sola, sin contar siquiera con la compañía de las de su especie, la urraca decidió teñirse el plumaje de blanco, sus alas de gris alucinante y el pico de amarillo suave, para adoptar la apariencia de las gaviotas. Había escuchado que el plumaje y el vuelo de estas aves marinas eran tema constante de los poetas. Como deseaba aceptación, con rapidez puso manos a la obra; quiero decir, alas a la obra.

Una vez logrado el proyecto, inició un vuelo elegante, alto y sutil, flotando en el aire para dirigirse después a las playas cercanas. Ahí, la urraca disfrazada de gaviota voló y voló con distinción para que las demás aves la vieran y la admiraran durante su trayectoria. Al pasar, sólo escuchaba exclamaciones de asombro ante la belleza del plumaje y la majestad de vuelo que ahora ostentaba. En pocos minutos había olvidado que en realidad era una simple urraca y cuando vio algunas gaviotas flotando en las suaves olas de la playa, decidió imitarlas para adherirse al grupo. Cuando llegó al agua, no pudo permanecer en la superficie como lo hacían por naturaleza las gaviotas. Nada pudo hacer para evitar el naufragio. Pereció ahogada en medio de sus graznidos fúnebres.

Desde entonces, las demás urracas descartaron la posibilidad de transformarse en gaviotas.


Imágenes: html.rincondelvago.com y fotonatura.org



domingo, 8 de junio de 2008

Décimas a un cuadro



“Una puesta de sol
en Acapulco...”

Es un cuadro misterioso
que luce un par de colores;
del mar canta los olores,
de las olas, lo sinuoso.
Fuera del hecho asombroso
es la costumbre, el olvido,
lamento, sombra, un gemido
en lo inconcebible atado;
si acaso, es sol recordado
pero siempre restituido.

Es sólo fugaz momento
bajo un vidrio capturado,
donde el cielo consternado
sangra con tenaz acento.
Gime de dolor el viento
y el agua del mar colora
las dulzuras en que otrora
los destellos fulgurantes,
hoy lívidos y distantes,
cantaran con voz sonora.

Sólo sombras permanecen
en el cuadro de la nada
y, ante la mar observada,
las alturas se anochecen.
Las estrellas enloquecen
porque la peña se esconde
dejando yo no sé dónde
la pasión desvencijada,
la inquietud inusitada
y la voz que no responde.

Una sombra casi humana,
mi silueta frente al mar,
dio lo que tuvo que dar
aquella tarde lejana.
Y ya no habría un mañana
para esa constante voz
que un día fuera feroz
y que ahora el sol oculta
como una triste resulta
de aquella tarde de adiós.

De Desierto azul (E. A., 2005)

martes, 27 de mayo de 2008

La desnuda metáfora


La Desnuda Metáfora.
Reflexiones sobre Desnuda Memoria, de Conchita Hinojosa.


El poeta es el núcleo del cosmos. Desde el centro, se asoma a los pliegues para observar realidades propias y ajenas, para crear una realidad muy personal, según su visión y experiencia con las cosas. El poeta es el eslabón encontrado, la fórmula matemática que rompe con mecanismos tradicionales, la ventana con postigos abiertos de par en par hacia los ángulos infinitos del mundo.

En el proceso de creación de realidades personales, de recreación de crónicas simples o de historias extraordinarias, el poeta se vale de figuras lingüísticas que embellecen el cuerpo literario, explora los undosos lagos de la estética para erigir los monumentos del arte, las vertientes multiformes de la desnuda metáfora. La metáfora desnuda, aquélla que muestra lo que esconde, la que habla acerca de lo que no dice, la que escucha la estridencia del silencio, la que señala los colores diversos que se encuentran en formas incoloras: la desnuda metáfora.

En Desnuda Memoria, la escritora matamorense Conchita Hinojosa se sumerge como sirena mitológica en las aguas apacibles de la desnudez metafórica, con la firme decisión de crearse como figura y recrearse como mujer. En su poema “Desnuda”, la poeta dice:

desnuda de oscuras máscaras,
desnuda para el tacto 
                                 de tus manos,
para que percibas la ofrenda que soy,
simple como la flor
                         en tierra árida. (1)

La mujer se niega a portar máscaras que cubren la identidad, rechaza las caretas que ocultan la suavidad de algunos rostros para mostrar facciones de mujeres ficticias. La poeta se desnuda para que los ojos y las manos del mundo vean su verdadero yo, no el yo ficticio del texto estético y retórico, el verdadero yo de la mujer que ilumina y que padece el proceso de transfiguración. Y se muestra “simple como la flor” ante los ojos sorprendidos del lector, con la simpleza natural de la hierba en tierras silvestres, aunque la aridez esté bajo sus pies desnudos. En el mismo poema dice:

Desnuda para tu lengua,
para que muerdas los ángulos 
                                       de mi alma,
para que duermas (…)
entre los senos de mi casa pálida. (2)

La poeta presenta su realidad ontológica; es decir, la realidad exacta del ser, para que se conozca su yo interior a través de los colores vivos de sus letras. La poeta ofrece el reposo, el descanso, como una ofrenda generosa para aquél que la recorre, letra a letra, hasta caer exhausto en los mares infinitos del discurso poético.

En el poema “Sueños de luna”, la poeta extiende la invitación para que el lector la haga suya en el entorno literario, en la realidad literaria que envuelve los espacios vacíos entre líneas:

sorpréndeme con hilos de plata entre tus manos,
escóndeme bajo las pirámides de Egipto,
ocúltame bajo el verde de los árboles; (3)


En una especie de flujo de conciencia, la poeta alarga sus brazos para pedir la correspondencia secreta entre la voz poética y la mudez abstracta del lector. En una intensa manifestación metafórica, ella anhela ocultarse “bajo las pirámides de Egipto”, donde se guardan los tesoros milenarios de la antigua civilización. Es aquí donde la poeta se convierte en alfa y omega, en oriente y poniente, en luna y sol. Inclusive, admite la posibilidad de ocultarse bajo el color verdoso del follaje y las frondas, en una forma de pacto ilícito entre ella y el lector.

El fino erotismo está omnipresente en la desnudez de ciertas metáforas que pululan por las páginas de la obra literaria. Cuando pensábamos que todo estaba dicho en la lengua milenaria de los varones del arte poético, la voz femenina surge con la potencia dominante de las ninfas marinas y la audacia iconoclasta de la pluma rebelde para decir:

Déjame ser gaviota peregrina
que se pose en el mástil de tu embarcación
(4)

Con estas palabras, la mujer toma la iniciativa de los acontecimientos, se alza el estandarte de la virtud para romper con los esquemas tradicionales que acosan a la iniciativa femenina contemporánea. La desnudez de la metáfora se manifiesta en acusaciones directas a la postura tradicional del hombre dentro de la relación amorosa. En el poema “Marino”, la mujer alza la voz para enunciar, anunciar, denunciar la realidad circundante:

Eres estrépito, aletear de águila. (5)

La mujer se coloca a la altura que la tradición le ha concedido al hombre. La tradición obsoleta donde la sumisión es el esquema de la práctica cotidiana queda transformada en humo, en disipación, en suspiro. La mujer habla, la mujer exige, la mujer se imposta ante los ojos masculinos para lanzar la advertencia de la igualdad de derechos. Abogada al fin, poeta por vocación, maestra por decisión, Conchita Hinojosa se eleva en poética levitación sobre los espacios de la tierra para que se escuche su discurso metafórico, un discurso poético que viene a embellecer la creación literaria del noreste tamaulipeco.

(1) Hinojosa, Conchita. Desnuda Memoria.
(2) Idem.
(3) Idem.
(4) Idem.
(5) Idem.

sábado, 10 de mayo de 2008

Sonetos a mi madre


“...más voces ni plegarias sollozantes
que el majestuoso tumbo de las olas”.

Manuel Gutiérrez Nájera

I

¿Qué son las estrellas, madre, para hablar de ti
y qué el majestuoso tumbo de las olas verdes?
¿Qué son los fulgores regios —en el sol te pierdes?
¿Qué los crepúsculos blancos de espuma organdí?

Las constelaciones fundan su estancia de diosas
en cantos de pájaros, en encanto de flores,
en el cósmico templo de impacientes colores
y en jardines translúcidos poblados de rosas.

Te presentan los árboles celeste homenaje,
te obsequian almendras en su líquido tatuaje
y encienden sus destellos en aromas de sal.

Las gladiolas de México parecen pequeñas,
de suavidad inconsútil amanecen dueñas
y en su inquieto perfume el suspiro natural.



II

Y es que, madre mía, si tuviera que pintarte
con palabras que inventaran certitud sonora,
con versos que anunciaran tu semblante en la flora,
tendría que encontrarte en la infinitud del arte.

Plantar ramos de flores con intrépido llanto,
llevarte arrecifes son sus cangrejos y peces,
decir que en las claras voces del mar apareces,
que libertas dentro del sueño un lírico canto.

Aunque de suaves murmullos careciera mayo
y este ensayo no fuera más que vulgar ensayo,
tendría que encontrarte en la infinitud del arte.

Porque tú eres mi madre, porque yo soy tu hijo,
porque me quieres con fuerza aunque sea prolijo,
no descansan mis labios dulces para besarte.