domingo, 3 de febrero de 2008

Un juicio objetivo dentro de la subjetividad literaria


Siempre he intentado definir el objetivo de la crítica literaria. ¿Qué es crítica literaria? ¿Hacia dónde conduce su aplicación? ¿Quién puede realizar una crítica de esta índole? En una osada postura me atrevo a definir que crítica literaria es subjetividad de opinión sobre aspectos relevantes de una obra. Subjetiva, puesto que el crítico observa detalles desde un plano personal, delimitado por el conocimiento individual y su experiencia en el campo literario.

Al adentrarse a los campos complejos de una crítica literaria, deben considerarse una serie de herramientas de análisis vinculadas entre sí que buscan sentido explicatorio al texto objeto de estudio. A partir de un cuidadoso análisis de los componentes lingüísticos y estilísticos, el crítico puede presentar una opinión–tesis sobre el sentido y la importancia de la obra.

En el análisis literario concurren una serie de elementos que ayudan a dilucidar el porqué de la obra. ¿Qué es una obra? ¿Para qué fue creada? Una obra –universo de creatividad humana– tiene razón de ser considerada como tal cuando cumple con la misión de explicar la función extramuros del hombre desde la perspectiva personal y lírica del escritor. En intramuros de la obra, el punto de vista o perspectiva del narrador es el primer aspecto a considerar para el análisis. Es posible determinar la existencia de un narrador omnisciente, es decir, el narrador que conoce todo lo que ocurre, ocurrió o está por ocurrir en el tiempo y espacio creados por el escritor, el pensamiento del personaje y la solución a la problemática planteada; un narrador en primera persona, en donde el protagonista lleva el hilván de los acontecimientos y la trama gira en torno a su persona; un narrador externo, quien se limita a presentar eventos sin incluirse como personaje, sino como simple testigo de los hechos; y un narrador múltiple, en donde varios testigos o personajes presentan la historia de acuerdo a su propia visión de los hechos.

La determinación del tema central se logra tras la lectura íntegra del texto. A partir de esta situación, es posible delinear la existencia de diversos subtemas que son de importancia intrínseca para la explicación total de la obra.

El análisis de la psicología de los personajes –si es el caso– es factor determinante para la formulación de un juicio crítico sobre un personaje específico. El escritor presenta personajes en ciertos estados emocionales, de los cuales se vale para desentrañar una explicación conductual: personajes extraordinarios con características singulares que los distinguen del resto de los hombres o personajes comunes sin una aparente distinción pero que recrean sin duda alguna ciertas realidades universales o de una región específica.

Por lo general, el escritor se vale de reiteraciones o simbolismos a lo largo del texto, utilizados con el objeto de enfatizar ciertos aspectos de íntima relación con el tema central. Es decir, todos los géneros literarios (cuento, novela, crónica, poesía, etc.) cuentan con aspectos sistemáticos que fortalecen la intención primaria del escritor. Así, la mención continua de ciertos colores (el color negro en El Reino de Este Mundo, Alejo Carpentier), animales (el caballo en Don Segundo Sombra, Ricardo Güiraldes), ciertos términos con carácter simbólico (el concepto íngrima en El Señor Presidente, Miguel Ángel Asturias), estados anímicos o físicos (la soledad en Te Llamaré Viernes, Almudena Grandes), etcétera, tienen una premeditación de existencia en la obra. Aun sin desentrañar el significado literario de dichos detalles, estos aspectos sistemáticos tienen la misión consciente de lograr cierto efecto emocional en el lector, aunque el efecto se produce en el lector de manera inconsciente en diversas ocasiones.

Otro aspecto a considerar en un análisis es el uso relevante e intencional de algunos recursos literarios o estilísticos que adjudican originalidad y riqueza literarias a la obra. Existen en la obra casos de adjetivación, metáforas, personificaciones, antítesis, juegos de palabras –como el retruécano o el calambur–, simbolismos, alusiones, etc., que carecen de cierto lazo estrecho con el tema. Por lo tanto, no vienen a considerarse sistema temático para resolver la comprensión del texto, lo cual permita al final una manifestación crítica, sino sólo a lograr cierta originalidad o singularidad estilística.

Una vez considerados estos elementos de análisis, una vez justificados y descompuestos con actitud metódica para lograr la comprensión minuciosa de cada elemento, el crítico será capaz de opinar sobre la calidad de la obra. Es decir, la crítica literaria se realiza con acierto cuando el crítico ha considerado una serie de elementos que le permitan la gestación de un juicio objetivo dentro de la subjetividad literaria.


Bibliografía Consultada:
Castagnino, Raúl H. El análisis literario. Editorial Nova. Argentina, 1974.

Imagen: Wikipedia

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