martes, 27 de mayo de 2008

La desnuda metáfora


La Desnuda Metáfora.
Reflexiones sobre Desnuda Memoria, de Conchita Hinojosa.


El poeta es el núcleo del cosmos. Desde el centro, se asoma a los pliegues para observar realidades propias y ajenas, para crear una realidad muy personal, según su visión y experiencia con las cosas. El poeta es el eslabón encontrado, la fórmula matemática que rompe con mecanismos tradicionales, la ventana con postigos abiertos de par en par hacia los ángulos infinitos del mundo.

En el proceso de creación de realidades personales, de recreación de crónicas simples o de historias extraordinarias, el poeta se vale de figuras lingüísticas que embellecen el cuerpo literario, explora los undosos lagos de la estética para erigir los monumentos del arte, las vertientes multiformes de la desnuda metáfora. La metáfora desnuda, aquélla que muestra lo que esconde, la que habla acerca de lo que no dice, la que escucha la estridencia del silencio, la que señala los colores diversos que se encuentran en formas incoloras: la desnuda metáfora.

En Desnuda Memoria, la escritora matamorense Conchita Hinojosa se sumerge como sirena mitológica en las aguas apacibles de la desnudez metafórica, con la firme decisión de crearse como figura y recrearse como mujer. En su poema “Desnuda”, la poeta dice:

desnuda de oscuras máscaras,
desnuda para el tacto 
                                 de tus manos,
para que percibas la ofrenda que soy,
simple como la flor
                         en tierra árida. (1)

La mujer se niega a portar máscaras que cubren la identidad, rechaza las caretas que ocultan la suavidad de algunos rostros para mostrar facciones de mujeres ficticias. La poeta se desnuda para que los ojos y las manos del mundo vean su verdadero yo, no el yo ficticio del texto estético y retórico, el verdadero yo de la mujer que ilumina y que padece el proceso de transfiguración. Y se muestra “simple como la flor” ante los ojos sorprendidos del lector, con la simpleza natural de la hierba en tierras silvestres, aunque la aridez esté bajo sus pies desnudos. En el mismo poema dice:

Desnuda para tu lengua,
para que muerdas los ángulos 
                                       de mi alma,
para que duermas (…)
entre los senos de mi casa pálida. (2)

La poeta presenta su realidad ontológica; es decir, la realidad exacta del ser, para que se conozca su yo interior a través de los colores vivos de sus letras. La poeta ofrece el reposo, el descanso, como una ofrenda generosa para aquél que la recorre, letra a letra, hasta caer exhausto en los mares infinitos del discurso poético.

En el poema “Sueños de luna”, la poeta extiende la invitación para que el lector la haga suya en el entorno literario, en la realidad literaria que envuelve los espacios vacíos entre líneas:

sorpréndeme con hilos de plata entre tus manos,
escóndeme bajo las pirámides de Egipto,
ocúltame bajo el verde de los árboles; (3)


En una especie de flujo de conciencia, la poeta alarga sus brazos para pedir la correspondencia secreta entre la voz poética y la mudez abstracta del lector. En una intensa manifestación metafórica, ella anhela ocultarse “bajo las pirámides de Egipto”, donde se guardan los tesoros milenarios de la antigua civilización. Es aquí donde la poeta se convierte en alfa y omega, en oriente y poniente, en luna y sol. Inclusive, admite la posibilidad de ocultarse bajo el color verdoso del follaje y las frondas, en una forma de pacto ilícito entre ella y el lector.

El fino erotismo está omnipresente en la desnudez de ciertas metáforas que pululan por las páginas de la obra literaria. Cuando pensábamos que todo estaba dicho en la lengua milenaria de los varones del arte poético, la voz femenina surge con la potencia dominante de las ninfas marinas y la audacia iconoclasta de la pluma rebelde para decir:

Déjame ser gaviota peregrina
que se pose en el mástil de tu embarcación
(4)

Con estas palabras, la mujer toma la iniciativa de los acontecimientos, se alza el estandarte de la virtud para romper con los esquemas tradicionales que acosan a la iniciativa femenina contemporánea. La desnudez de la metáfora se manifiesta en acusaciones directas a la postura tradicional del hombre dentro de la relación amorosa. En el poema “Marino”, la mujer alza la voz para enunciar, anunciar, denunciar la realidad circundante:

Eres estrépito, aletear de águila. (5)

La mujer se coloca a la altura que la tradición le ha concedido al hombre. La tradición obsoleta donde la sumisión es el esquema de la práctica cotidiana queda transformada en humo, en disipación, en suspiro. La mujer habla, la mujer exige, la mujer se imposta ante los ojos masculinos para lanzar la advertencia de la igualdad de derechos. Abogada al fin, poeta por vocación, maestra por decisión, Conchita Hinojosa se eleva en poética levitación sobre los espacios de la tierra para que se escuche su discurso metafórico, un discurso poético que viene a embellecer la creación literaria del noreste tamaulipeco.

(1) Hinojosa, Conchita. Desnuda Memoria.
(2) Idem.
(3) Idem.
(4) Idem.
(5) Idem.

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