sábado, 10 de mayo de 2008

Sonetos a mi Madre


“...más voces ni plegarias sollozantes
que el majestuoso tumbo de las olas”.

Manuel Gutiérrez Nájera

I

¿Qué son las estrellas, madre, para hablar de ti
y qué el majestuoso tumbo de las olas verdes?
¿Qué son los fulgores regios —en el sol te pierdes?
¿Qué los crepúsculos blancos de espuma organdí?

Las constelaciones fundan su estancia de diosas
en cantos de pájaros, en encanto de flores,
en el cósmico templo de impacientes colores
y en jardines translúcidos poblados de rosas.

Te presentan los árboles celeste homenaje,
te obsequian almendras en su líquido tatuaje
y encienden sus destellos en aromas de sal.

Las gladiolas de México parecen pequeñas,
de suavidad inconsútil amanecen dueñas
y en su inquieto perfume el suspiro natural.



II

Y es que, madre mía, si tuviera que pintarte
con palabras que inventaran certitud sonora,
con versos que anunciaran tu semblante en la flora,
tendría que encontrarte en la infinitud del arte.

Plantar ramos de flores con intrépido llanto,
llevarte arrecifes son sus cangrejos y peces,
decir que en las claras voces del mar apareces,
que libertas dentro del sueño un lírico canto.

Aunque de suaves murmullos careciera mayo
y este ensayo no fuera más que vulgar ensayo,
tendría que encontrarte en la infinitud del arte.

Porque tú eres mi madre, porque yo soy tu hijo,
porque me quieres con fuerza aunque sea prolijo,
no descansan mis labios dulces para besarte.

3 comentarios:

  1. Lindo e inspirado poema,dulce al oido y placentero al espiritu.

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