domingo, 8 de junio de 2008

Décimas a un cuadro



“Una puesta de sol
en Acapulco...”

Es un cuadro misterioso
que luce un par de colores;
del mar canta los olores,
de las olas, lo sinuoso.
Fuera del hecho asombroso
es la costumbre, el olvido,
lamento, sombra, un gemido
en lo inconcebible atado;
si acaso, es sol recordado
pero siempre restituido.

Es sólo fugaz momento
bajo un vidrio capturado,
donde el cielo consternado
sangra con tenaz acento.
Gime de dolor el viento
y el agua del mar colora
las dulzuras en que otrora
los destellos fulgurantes,
hoy lívidos y distantes,
cantaran con voz sonora.

Sólo sombras permanecen
en el cuadro de la nada
y, ante la mar observada,
las alturas se anochecen.
Las estrellas enloquecen
porque la peña se esconde
dejando yo no sé dónde
la pasión desvencijada,
la inquietud inusitada
y la voz que no responde.

Una sombra casi humana,
mi silueta frente al mar,
dio lo que tuvo que dar
aquella tarde lejana.
Y ya no habría un mañana
para esa constante voz
que un día fuera feroz
y que ahora el sol oculta
como una triste resulta
de aquella tarde de adiós.

De Desierto azul (E. A., 2005)

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