martes, 8 de julio de 2008

Lluvia en Matamoros


El agua simboliza la continuidad de la vida, la certeza del fruto exquisito que nos entregará la tierra, la sed saciada, la bendición a la fertilidad de los campos. Pero en Matamoros el agua también simboliza inundación, descontento ciudadano y desmadre vehicular.

El lunes 7 de julio, teníamos una cita Juan Antonio González, Lidia Díaz y el que esto escribe, con Ernesto Velarde Danache en el programa televisivo Con Sentido Común. La lluvia había provocado caos automovilístico en las principales arterias de Matamoros. Cuando no había agua estancada en las calles, había automóviles detenidos con el motor encendido esperando la señal del agente de tránsito inmerso en su letargo; a veces era posible ver coches y agua en una simultaneidad gráfica terrible; coches encendidos en lenta marcha como manada de corderos, uno detrás de otro; coches somnolientos por la asfixia con el agua en los motores; coches en sentido contrario sacando la vuelta a las calles inundadas: un perfecto y hermoso caos donde el agua se cagó de risa hasta morirse. La cita era a las 7:30 de la tarde.

Tratando de evitar la aglomeración vehicular en el bulevar Cavazos Lerma, con el propósito de llegar a tiempo a la transmisión televisiva, me introduje por los laberintos indómitos de la Mariano para llegar al edificio de la televisora por la parte posterior. Mi sorpresa fue mayúscula cuando vi la enorme laguna en que estaban convertidas las calles de la colonia Residencial. Sería imposible que mi Avenger se convirtiera en lancha de motor que surcara el tremendo oleaje que dejaban las camionetas 4X4 y los camiones del transporte colectivo. Se acercaba la hora de la cita. Decidí salir por la parte posterior de la Mariano para tomar la avenida que está frente al fraccionamiento Puerto Rico, cerca de los terrenos nuevos de la Feria que cada año está más triste. La calle principal estaba igual de inundada que las calles anteriores. No me quise arriesgar a quedarme a la deriva. Tomé la decisión de regresar por el fraccionamiento Victoria, por teléfonos de México, pero me topé con otra laguna similar a las anteriores. Desesperado porque ya iban a ser las ocho, hora en que iniciaría el programa, pude llegar a la calle Sexta por la calle lateral del Burger King. Tomé un retorno y retomé el Cavazos Lerma, para al menos ofrecerle una disculpa a Velarde. Llegamos a la televisora a las 8:30. Lo que me daba consuelo es que Juan Antonio y Lidia sí habían llegado a tiempo. El programa se realizaría. Me lo confirmó Gloria cuando le llamé para preguntarle si ya estaban al aire.

Al entrar al estudio donde se realizaba la entrevista, Ernesto me pidió que me uniera al panel durante la transmisión de comerciales televisivos. Al final, pude leer algunos textos dedicados a Gloria, a Lupita y a la lluvia, que ya reiniciaba cuando terminó el programa.




Llueve en Matamoros

I

Esta tarde llueve en Matamoros.
Las aguas en turbulencia
son recua incontenible de dioses
y capricho infantil de nubes.
              Lágrimas contentas que corren
por la calle lamiendo horizontes,
voces femeninas que forman riachuelos
para buscar salida hacia no sé dónde.

Casi nunca llueve como esta tarde.
A veces el agua es como viento
                                      y no como agua.
No es agua que cae para olvidarse
de las alturas que fueron su vientre:
es algo más constante que la soledad
y que se vuelve incomprensible.

Mientras llueve,
recuerdo otras tardes de agua y sal
en los senos de Playa Bagdad,
tardes de luz, de aromas marinos
y sonido de gaviotas hendiendo el aire.

Esta tarde llueve en Matamoros…

De Destiempo (2002)

Imagen: rodriguezpelaezcs.org

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