sábado, 22 de noviembre de 2008

Teorema


(Foto: Bagdad embravecido, Ramiro Rodríguez)


—Por enseñarme una parte del sol, gracias.

—No hay nada que agradecer, deidad de alas.

—¿Recuerdas la noche de marzo en Bagdad?
Te dije que desconocía la raíz del     o d i o.

—Sí, lo dijiste entre mis brazos de bronce.
Luego corriste desnuda, con tus senos al viento.

—Ya estoy aprendiendo. Soy buena alumna.
Y por esa enseñanza nunca te daré las gracias.

1 comentario:

  1. Me gusta como se hace el dialogo en este poema. Ademas hay un erotismo muy agradable.

    Saludos.

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