miércoles, 24 de diciembre de 2008

Medianoche



(Foto: Monterrey al entrar la noche, Ramiro Rodríguez)

La medianoche se escombra frente a mis ojos
cuando las campanas tañen su advertencia.
La ciudad se humedece con el artificio de cuerpos
en la habitación junto a los árboles del marasmo,
los pájaros nadan en el aire de ojos invisibles
y las nubes de fuego se concentran en la esquina.

Si pudiera celebrarme en esta medianoche
en que mujeres de sal se abren ante mis ojos,
quitaría la venda de piedra que me enceguece
en la hora en que las calles danzan de erotismo,
extendería mis alas para alzarme sobre las cosas
y soltar resquicios que quedan en la memoria.

Si pudiera escombrarme en esta medianoche
en que el alcohol me lame hasta parir olvidos,
sería estatua de bronce con máscara de polvo
en calles desiertas que se humedecen de lluvia.
Sin embargo, la ciudad de vaho se estremece
en la ansiedad que se acumula bajo la lengua.

De Íngrima la ciudad (ITCA/CONACULTA, 2011)

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