lunes, 29 de septiembre de 2008

Letras de la Frontera en San Antonio


(Imagen: Fragmento de Sebastián, Ramiro Rodríguez)

San Antonio y la gente que la habita, la gente de la palabra. “Letras de la frontera: Encuentro de escritores de los dos lados” fue velada de desvelados, borrachera de letras de gente de letras, refugio santo para refugiados santos. Y no sólo gente de Houston que huyó de la furia de Ike, sino locos muy locos en fraternidad con gente muy gente.

Habló Santiago Daydi-Tolson las palabras de la bienvenida. El foro fue la Universidad de Texas en San Antonio, notable centro de la educación profesional en ese estado de la unión americana.

“En las manos inertes crecieron rosas,
en las piernas heridas
espigas de trigo
y de su cabeza rota
brotó el mar”.

Es la voz poética de Alfredo Ávalos, originario de Cárdenas, San Luis Potosí, radicado en San Antonio, licenciado en derecho, quien esa tarde leyó un fragmento narrativo. Su atención se enfoca en la creación de su primera novela.

Del destello solar surgió Celeste Alba Iris, nativa de Ciudad Victoria, Tamaulipas, Premio Estatal de Poesía Joven Juan José Amador 1997, para soltar sus letras poéticas, algunas de ellas en los libros Cualquier día de la semana y Costumbre de vivir.

La voz de Santiago Daydi-Tolson, de Valparaíso, Chile, investigador de las letras hispanoamericanas, también apareció en escena, protagónico en el sentido estricto de la palabra, ya que era uno de los anfitriones:

“Olvidé el reloj hace ya un tiempo”.

Roberto De la Torre Hurtado, narrador de Valle Hermoso, Tamaulipas, radicado en McAllen, tomó la palabra y soltó la rienda del Vampiro del Río Grande. Y así Juan Antonio González-Cantú, poeta y narrador de H. Matamoros, Tamaulipas, radicado en Brownsville, Texas, dejó escapar las notas poéticas recién cocinadas en su primer libro Itineransias (2008):

“doy presteza al arado
que habrá de hender tus firmes laderas”.

Berta Jacobson, de Chihuahua, México, miembro de la Sociedad de Escritores Latinos e Hispanos de San Antonio, residente de San Antonio descendió al foro, mensajera de imágenes y palabras. Y asimismo, Rebeca Gómez Galindo, originaria de México D. F., con publicaciones en España y Estados Unidos, habló con la fuerza femenina esparcida en su narrativa:

“Mi ciudad es una caracola de surcos profundos, con vueltas interminables de olvido y pobreza.”

La belleza, no sólo literaria, de María Gabriela Madrid, nativa de Caracas, Venezuela, cuyo libro Entre los surcos del recuerdo que será publicado en su país de origen, nos dijo:

“Como antídoto al tedio, ofreció ir de voluntaria al país donde se cruzan los cuatro vientos”.

El que esto escribe, quien se lanzó a la vanguardia del mitote literario sin ver hacia atrás, con el hambre de quien sólo piensa en comer sopa de letras con el objeto de formar palabras, dijo:

“El poeta escupe letras,
duerme sobre letras,
eyacula letras,
se orgasma en laderas eróticas de letras”.

Y mi maestro de maestros, quien no canta mal las rancheras en cuanto a mitotes literarios, Alejandro Rosales Lugo, nativo de Ciudad Victoria, Tamaulipas, autor de El paisaje del cuerpo (1998) y De Adán a Cezanne pasando por Newton (2005), emergió de las amenazas profundas de Ike con sus palabras pobladas de poética sensual.

Después vino la fraternidad y la convivencia en casa de Alfredo Ávalos, la declamación, la sonrisa, el vino y el queso, la charla hasta entrada la noche. Al día siguiente, luego de unas tortillas de harina y barbacoa, el arte pictórico de Cezanne, VanGogh, Picasso, Rivera, Monet, entre otros grandes pintores del mundo en el museo McNay. Hay que ir a San Antonio más seguido.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Cronología



A Elvira Meade


¿Dónde se ocultan las letras
que antes hablaban por sí solas?
¿Dónde encontraron tus musas
el reflejo inconfundible del espejo?
Porque la hora del vals
(hora que conoce el mutismo
                   de pájaros invisibles)
quedó colgada en el árbol
de profundas generaciones,
el café cedió su mansedumbre
ante la fuerza de la cronología.
                       Y ahora tu pluma
(prisionera voluntaria del silencio)
canta la canción de la nostalgia,
ahora vuelves al amalgamamiento
de orígenes dispersos en el aire,
ahora las letras se holocaustan
en el bagaje infértil de los años.

Imagen: Gloria Rodríguez