miércoles, 30 de diciembre de 2009

Espuma adormecida


(Imagen: Espuma adormecida, Ramiro Rodríguez)


La nieve del invierno
se tatúa en las alas  
                              sobre el agua, 
los esteros de Matamoros
se vuelven espuma adormecida
en los ángulos
                 de la memoria.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Aroma de café y Cosmogonía


El aroma del café, murmullos en inglés y en español, los adornos navideños, las luces, el micrófono, las sillas y sillones dispersos frente al pequeño escenario, fueron elementos vibrantes la noche del 17 de diciembre. Julie Corpus recibió a los invitados en Savory Perks de Weslaco para hacer uso de la palabra literaria, ya fuera poesía o cuento, canto y anécdotas, en un idioma y en otro.

Me dio gusto haber compartido algunos poemas de Cosmogonía de la palabra y de Letras en el estuario con las personas reunidas esa noche. Como poeta invitado, abrí el ciclo de lecturas. Muchos de los asistentes eran anglohablantes, así que como no traía textos traducidos al inglés, les dije que se dejaran llevar por el ritmo y la cadencia del poema. Al parecer, funcionó.

Al final, después de perdernos por las calles de los pueblos del Valle, los amigos me invitaron a cenar a un restaurante de Mercedes, Texas, donde comentamos las diferencias entre la presentación oral de la poesía en inglés y la poesía en español, mis experimentos en la fotografía, los tomos de Itineransias de Juan Antonio, entre otras cosas.

Agradezco la compañía de Roberto De la Torre, Freddy Peralta y Juan Antonio González, además de la invitación por parte de la escritora Julie Corpus para presentar Cosmogonía de la palabra.

Imagen: panoramio.com

jueves, 17 de diciembre de 2009

Reseña de Miguel Ángel González Gómez

LETRAS EN EL ESTUARIO

Antología de poesía y narrativa
—2009—
Ramiro Rodríguez, compilador.

© Miguel Ángel González Gómez.
Presentación en La Claraboya Literaria
Tampico, 26 de Noviembre de 2009.

Tiempo atrás, cuando formaban parte de un territorio en común, Texas y Tamaulipas se hallaban delimitados por el curso de dos ríos y dos estuarios: el Nueces al norte y el Pánuco al sur. Medio siglo después de estrenar la independencia de dicho territorio común, el río Bravo ya no separaba estados, sino naciones. Muros, cercas, vallas, barreras, todo tipo de obstáculos se han erigido desde entonces, pretendiendo dividir lo que antes estuvo unido; muchos puentes, también, se han tendido para acercar lo que no debió estar separado. Letras en el estuario, expresión de escritores de ambas márgenes del estuario del Bravo, es uno de esos puentes.

En el rigor científico de las ciencias llamadas exactas, la teoría de un matemático revela que dos líneas paralelas se encuentran y se unen en algún punto del infinito. Otra ley científica señala que algunas cosas no se crean ni se destruyen: simplemente mutan, se transforman. En el misticismo chino el Ying y el Yang, nos revela sentidos opuestos pero equivalentes y complementarios: Vida y muerte, día y noche, aquí y allá, el este lado y El Otro Lado, el águila y la serpiente.

Coatl, cuate, en mexica, significa serpiente. Tu alma gemela, tu hermano del alma, tu cuate, es una serpiente que muda permanentemente de piel. El espejo es sólo una raya que te separa de ti mismo en otra dimensión: una para adentro, como el fondo, otra para afuera, como la forma. Así, una raya separa a la esencia de su complemento, a la parte de su contraparte.

Es una raya, como un navajazo brutal sobre el vientre. No mata el rayo sino la raya, pero también es cierto que el que no arriesga no cruza el río. El río como raya que separa al aquí del otro lado. Como raya que separa al primer mundo del tercero. Como raya que nos ralla y nos parte la madre. Como raya que es sólo una raya más en la piel de un ser humano, atigrado y mojado. Y uno está forzado a atravesar todas las rayas de todas las fronteras de su propia vida para cumplir con su destino.

Rayas que inundan la página en blanco, de donde mana el río de letras que embalsa, esfuerzo colectivo y compilación de Ramiro Rodríguez, la antología de poesía y narrativa Letras en el estuario.

Hay, en la poesía de Carlos Acosta, ecos nostálgicos de un provincianismo pueblerino en vías de extinción: tañidos de campanas al romper el alba, torres de iglesia envueltas en bruma, espaldas enrebozadas, antifaces de cartón, hembras de color verde con grandes flores moradas que se mueven al compás del baile, porque así son las marotas. Contemplación y mutismo son elementos del lenguaje, barro y luz sustentan nuestros nombres, se contradicen mil mundos en nosotros porque somos animales irracionales, anónimos, cíclicos, lúcidos, lúdicos, cínicos, únicos…

Elvia Ardalani. Ella, que era muda, se tornó en otra: la que quiso ser siempre. Halló su vocación recuperada en la escritura, que cumple a cabalidad. Amén de poeta es catedrática y por ello cumple, con celo profesional, el mandato que le fue dado y nos transmite: “Dice tu padre que te enseñe la lengua de sus múltiples heridas, que te introduzca poco a poco al páramo infinito de sus voces.”

Conocida y reconocida por nosotros, que con frecuencia somos testigos de su quehacer, siempre es grato reencontrarnos con la poesía de Celeste Alba Iris: inquieta Eva sin Paraíso, juglar de las mujeres en estado de gracia, cocinera de exquisitos postres de amor, consignadora de la costumbre de vivir, a un tiempo partera y parturienta, ella misma, de una poética viva, lozana y rozagante.

A Lidia Díaz se le acabó la gentileza. No pidió permiso de callarse los demonios. Se le fueron agolpando en la garganta hasta que no pudo más y las dejó partir. Emancipadora, libertadora de las palabras, sus hijas. Con el amor maternal y tutelar por los hijos que han partido se pregunta: ¿qué dimensión las viste ahora que sus ropas han perdido la inocencia?

La nostalgia del mar sólo se siente en tierra firme. Nuestras almas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir. Hay, en la obra poética de Federico Fernández, remembranzas de Nostalgia de la muerte, de Xavier Villaurrutia; de Algo sobre la muerte del mayor Sabines, de Jaime Sabines; de las Coplas a la muerte de mi padre, de Jorge Manrique. Sin embargo, y más allá de toda posible influencia, las elegías de Federico a la pérdida del ser querido son únicas, originales e incomparables. Aún con los pies plantados en tierra firme a Federico lo sorprenden horizontes en lontananza, divisa en ellos la vida y la muerte que anuncia el mar de cuerpo entero.

Luminosa, como la Pascua, es la obra poética de César Osvaldo Hernández, para quien la poesía es un acto de resurrección y los días reviven porque aquí, también, ha pasado la poesía. En posible deuda con ambos, retribuye los versos que Walt Withman recibió de otro eximio: los versos con que César Osvaldo homenajea la grandeza de Federico García Lorca están, sin duda, animados por la misma admiración mutua.

Desnuda, despojada de oscuras máscaras, medias tintas, simulaciones y falsos oropeles. Desnuda para el tacto de tus manos, plena de sensualidad y sutil erotismo. Es brasa, es fuego, es deseo, semilla de mujer. Es la poesía de Conchita Hinojosa.

Rosa Evelyn Limá manifiesta en sus letras la ansiedad de ser de palabras y no de sentires. ¿De dónde le vendrá esa urgencia suya, se pregunta, de cambiar realidades por quimeras? Escribe su vida nada más porque al leerla la reencuentra y la siente. Anhela ser libro, hojearse y tenerse libre. Por su perseverancia y tenacidad la quimera se le volvió realidad.

Un tiempo intemporal, eterno y universal permea la atmósfera poética de Teresa Loera. El péndulo de sus relojes oscila entre la desesperanza, los sueños fallidos, el desconsuelo, y el estallido de la vida, el milagro presente, el amor y la esperanza renacida.

Marino, navegante de mares de azogue, de los oleajes intensos y cálidos —verano permanente— que provoca la memoria del cuerpo amado. A un tiempo portador del pecado y la penitencia, Antonio Quintero transmite versos heridos en su costado por una flecha de luz que, desde el cielo, los dioses le otorgan sin reposo.

Ramiro Rodríguez, poeta. Autor del decálogo de la ley de los poetas. Gran caballero templario y supremo sacerdote del templo de los poetas en cuyo altar se inmola, se reconoce y reinaugura. Come letras, suda letras, huele a letras. Poeta nato. Voz que clama en el estuario. Profeta que sabe que el poeta letra es y en letra se convertirá.

Raquel Rodríguez Brayda invoca y convoca el verso, desde el balcón de su bahía. Urde y une silábicos acordes abrumada entre cajas de cerillos, con medio trago y un mal placer, bajo la mirada obscena de un adicto al rock and roll. Traza puntos suspensivos con la marca de la uña y el bolígrafo azul mientras su mes termina con la ropa bailando en el tendedero. Por lo tanto, ¿por qué no podría ella ser tú?

Los hay que multiplican los panes y los peces. Alejandro Rosales Lugo multiplica versos, los disecciona, crea cuerpos que son peces grabados por los siglos; crece, se multiplica y se derrama como un sueño húmedo. Profeta de lo erótico y el bien y el mal que lo contiene. Aplaca poemas con besos a cintura, escribe a una mano e intenta esconder entre sus versos las ramas del manzano. Lo que no logra esconder, para fortuna nuestra, es el desenfado arrebatado y juvenil que destella en sus letras.

Cierto cacique perdonavidas de la huasteca potosina, íntimo de Porfirio Díaz, solía afirmar que la moral es un árbol que da moras. Más allá de la sorna o el descaro a la metáfora no le falta razón. Si en lo público las leyes pretenden obligarnos a seguir un comportamiento ético uniforme, lo cierto es que en lo privado la moral, como los cepillos de dientes, son artículos de uso personal que rara vez se comparten. Es allí, en el sarcasmo de esa doble, múltiple y caleidoscópica visión con que la moral propia suele juzgar a la moral ajena, en la hipocresía revestida de honorabilidad, en el chasco que representa la contradicción evidente entre actos públicos y los privados de donde surge, en buena medida, el ambiente, el instante, el conflicto y muchos de los rasgos distintivos de los personajes de los cuentos de Alfredo Ávalos. Densos, dinámicos y deleitantes. De fino tono irónico y humorístico. De impecable factura.

Quien con niños se acuesta amanece mojado; quien con ilusiones se casa convive con amargas realidades. Nacimiento, matrimonio, defunción y mortaja, del Registro Civil bajan. Toda acta matrimonial tiene algo de cama y ataúd, iglesia y mausoleo, camisón y sudario. Algo de soberbia y humildad, generosidad y avaricia, ira y paciencia, lujuria apasionada y dolores de cabeza. Ramiro Rodríguez, narrador, nos revela magistralmente cómo surgen las implosiones cuando fuerzas opuestas entran en conflicto. Por eso, tanto se engañará aquel que piense que el amor es definitivo, de una vez y para siempre, como aquel que piense que la adolescencia y juventud son etapas idílicas de sueños color de rosa. Ramiro nos conduce, además, en un placentero viaje que abarca ambos del espejo de ese país de maravillas que representa, por un lado, la literatura y, por el otro, las compulsiones y convulsiones que con frecuencia nos atacan a todos aquellos que le profesamos auténtica y profunda devoción.

Dinero llama a dinero. Tierra rica en maquiladoras, la frontera es también pródiga proveyendo a éstas de una de las manos de obra más barata del mundo. Miseria llama a miseria y, como atinadamente señala uno de los cuentos de Juan Antonio González-Cantú, no somos nada. Creado a partir de un epígrafe, otro de los cuentos de González-Cantú aporta un epígrafe que es, en sí mismo, eje del texto y de una realidad: “Tal vez en mi tierra no se den las cosas como yo quisiera. Por eso, mi hermano norteamericano, crucé la frontera”

“Luces en el río”, “Lobos en el río”, “Cruzando el río”… Hay, en los sorprendentes cuentos de Roberto de la Torre, algo sumamente agradecible que lo trasciende como cuentista y lo ubica, lo revela y lo presagia como estupendo cronista. Roberto recopila, consigna y da voz a las anécdotas vivenciales de sus personajes. Éstos, sus personajes lo constituyen seres humanos que el común de la gente podría juzgar insignificantes o, peor aún, despreciables: los más pobres, la carne de cañón. Son ellos individuales o en conjunto, quienes con su trabajo aportan la segunda fuente por ingresos de divisas en nuestro país. Son ellos quienes, con su trabajo, gradual y pacíficamente reconquistan y unen un territorio que nunca debió estar dividido Son ellos quienes amplían, dan verdadero sentido y hacen realidad el sueño americano de “América para todos los americanos”, para todos sin distinción de raza, escolaridad, posición económica o posición geográfica.

Porque en una nación surgida y desarrollada gracias a la contribución de sucesivos flujos migratorios; una nación que contiene en sí misma la mayor mezcla de razas humanas; una nación que, por ese sólo hecho, se convierte en la más universal del planeta, antes que discriminatoria y despectiva está obligada a ser incluyente y agradecida.

Muchos puentes se han tendido para acercar lo que no debió estar separado. Sí, Letras en el estuario es uno de esos puentes. Qué bueno que sea así: es ese cruzar lecturas lo que apunta al corazón de la incertidumbre y desborda linderos, márgenes, muros y fronteras: el miedo a salir hacia el otro desde lo otro. Porque, como menciona la autobiografía del poeta español Roberto Bolaños: “puedes decirte extranjero y amarme”

domingo, 13 de diciembre de 2009

Guitarra y vino tinto



Esta noche me fragmento en la guitarra de Ottmar Liebert. Me hundo en un vaso de vino tinto, me celebro en el hecho de no ser un sordomudo, establezco una analogía entre mi cuerpo y el árbol moviéndose al compás del viento del norte. Pienso en las noches de guitarras en Ciudad Mante, en las noches de versos e imágenes en el puerto de Tampico.

¿Dónde se escombran los protagonistas del verso violento? ¿La imagen de la mujer detrás de las cortinas, con sus senos dibujados en la humedad? ¿Los peces exóticos de Teresa Múzquiz de Lacaille en el arte pictórico? ¿Las libélulas y demás insectos en la luminosidad de la especulación? ¿El vino tinto para acariciar las madrugadas de noviembre?

Las palomas vuelan hacia otros brazos que las alimentan por las tardes. Las ardillas aceptan las nueces de otros visitantes, ebrios de asombro. Los actos inolvidables suceden por razones lógicas. Por el momento escucho a Ottmar Liebert y soy náufrago en un vaso de vino tinto.


Video: Ramiro Rodríguez

jueves, 3 de diciembre de 2009

A manera de ready-made...


LETRAS EN EL ESTUARIO


A MANERA DE READY-MADE O DONDE LAS MIRADAS CONVERGEN

Por Marisol Vera



I.

El mar segregado del mundo, colocado en una vitrina para que lo contemplen los peces. La desembocadura lista para llenarse de palabras. Sube la marea desde los reinos absolutos de Poseidón.

El objeto vacío.

Toda literatura es un ensayo del Silencio. Un caudal por donde la tinta penetra al encenderse las luces del Poema.

Aestuarium. Animación de los vocablos. Abertura de los signos. Lo que se derrama. Ciclo intermitente. Que jamás.


II.

El libro es, ahora, un lugar de paso. Una peña o un acantilado. El libro es un cuerpo lleno de cicatrices. Cada hombre ha traído su propio escalpelo. Rasga la hoja.

“Seríamos el silencio” dirá una página de arcilla arenosa.

Voy a dejar el libro, vertical, sobre la mesa como si fuese una rueda de bicicleta.

Algo se aproxima desde la memoria de otro. De otros. No el galápago de grecas doradas. No la lluvia.

Un reflejo. Un golpe.

El Libro.


III.

Carlos Acosta arponea El Libro con sentencias de animales cíclicos. Voy a su espiral de luz cayéndome de los balcones del tiempo a otros balcones cubiertos de clavos y vidrio. Pero no mientras leo su poema, mientras lo recuerdo a él leyendo su poema. Mientras el poema crece igual que una espiga en mis ojos. “Vamos y volvemos al origen de lo eterno”. Dice. Y una pintura se abre donde el cuerpo tiene olor a almendras: Alejandro Rosales dibuja en un lienzo de caricias los hombros de seda de la amada, la luz gris del invierno que se entrelaza con cadencias de río. Es un hombre que vive entre montañas y sueña con la mar. Su alma es de agua densa, coronada por un beso de sirenas: aquellas que tentaron a Odiseo, con cabeza de ave, y también las mujeres-pez cuyo torso desnudo humedece los otoños.

Entre gemidos de cañaveral, Antonio Quintero lame los límites gozosos de ese páramo tristísimo que es la vida. Voy de su Estío al Paraíso. Hay insectos horadando mi piel. Su piel (nuestra). Todo en sus letras parece cantar y quejarse y volver al vientre de la noche.

Raquel Rodríguez amanece en las Bahías: arrullo de ola / salado vaivén / Pleno Sol / sobre / la / espuma. Hace invocaciones desde mi balcón. El verso ligero y sibilante en los arenales. Celeste Alba no hurga en las calles de la ciudad ni en los bosques de ala espesa ni en la bóveda de soles, no. Escarba su propia carne para tomar en sus manos una estrella.

“Seríamos el polvo del parto de la tierra” dirá la mujer hecha de greda y salitre.

La mujer libro. La mujer Ardalani.


IV.

El Libro es, también, espacio para las legiones. ¿Qué las unifica o separa? “Hay veces que el decir nos bifurca” dirá Lidia Díaz frente a su espejo (o el mío). Un dulzor de mezquite marchito. ¿Qué es lo que no saben los pájaros? ¿lo que se anuncia y nadie atisba?

En todo caso, hay el deseo de transfigurar.

¿Qué son los nombres desprendidos de su reflejo?


V.

Pero

jamás con la cabeza en un horno de cocina. Ni frente a una bala que cruza un campo de trigo con cuervos. Ni en el fondo de las aguas, con piedras en los bolsillos.

A palos, golpeada, en un día sin recuerdos. Sacudida por una corriente alterna.

“Todas las muertes son una lluvia” exclama la voz. ¿De veras, Federico, hay muertes discretas?


VI.

Lo que unifica las voces de El Libro es la sed. El cauce por donde habrán de hacerse paso los buscadores de tesoros. Dieciséis nombres.

Ramiro Rodríguez convoca a la (re)creación de la Palabra en el Estuario. ¿La cosmogonía? El buceador ha despejado el afluente de páginas para que cada quien ice su velamen. Él mismo se ha embarcado hacia la Isla (toda literatura es un laberinto). ¿Llegará?

Aquí, hay lances ficticios. Una secuencia narrativa se hilvana desde la ironía. Lo cotidiano persigue la epopeya. El diálogo interior.

No la certidumbre, sino nuevas búsquedas, han de hacer girar El Libro sobre su eje. Seamos, entonces, lectores.


Tampico, Tamaulipas. Noviembre de 2009

lunes, 30 de noviembre de 2009

La crónica poética de Arturo Castillo Alva

El hombre camina hacia lugares donde la palabra toma otra dimensión. Las palabras se apalabran, se desgajan de ambigüedades, se dispersan en un punto vivo que se ubica entre los ojos. El poeta se agiganta cuando toma la palabra, cuando el público guarda silencio y espera el monólogo dramático o el poema que humaniza y que lo humaniza. El poeta algo tiene de ente extraordinario.

El pasado viernes 27 de noviembre estuve en la Casa de la Cultura de Tampico, Tamaulipas, en la lectura de Arturo Castillo Alva (1946). Me senté en la última fila. Una, porque la sala estaba repleta de almas; otra, porque desde la parte posterior podría ver las reacciones de los invitados al banquete literario.

La lectura del poeta y dramaturgo tamaulipeco estuvo enmarcada con las imágenes fotográficas de Miguel Ángel Camero. Arturo leyó un monólogo de reciente creación, así como algunos de sus poemas.

dame dinero      dios      dame dinero
y carne firme dame      y una cama
y un pedazo de tierra donde
pueda después pudrirme      todo cuesta

Arturo escribe poesía de fuerza emotiva singular, potente, poesía que puede digerirse al momento de leerse por primera vez, de escucharse por primera vez. El poeta/cronista que nos habla de lo que ha escuchado su lengua, lo que han tocado sus ojos, lo que han visto sus manos.

qué tal si era papá      hace muchos años
el que anoche hablaba con fulana
el que oscuramente quería consolar a fulana

Una serie de nombres anduvo gravitando por los espacios del auditorio donde se realizó su lectura, rostros, espejos, lugares tal vez conocidos por el público tampiqueño, la sal y la arena del puerto, las calles vibrantes, las bestias del África y la figura del Presidente.

Alternando la lectura del hombre con la música y la fotografía, los efectos de luz, con un público receptivo y numeroso que le agradeció su intervención a través de los aplausos, pudimos disfrutar la creación de uno de los escritores más importantes del estado.


Fragmentos poéticos tomados de: Años más años menos (CECAT, 1998)
Imagen: Beatriz Durán Maldonado

lunes, 23 de noviembre de 2009

Visa abierta a la creación: Letras en el Estuario.


Por Celeste Alba Iris

El próximo jueves 26 de noviembre se presenta en la Claraboya Literaria de Tampico (ese espacio/ventana hacia el arte) la antología de poesía y narrativa, Letras en el estuario. Juan José Villela, promotor cultural de esta actividad, me ha pedido que acuda al puerto y participe en el preámbulo de las lecturas de esa noche.

Para acercarnos mejor a Letras en el Estuario, el libro, tenemos que remitirnos al año 2002, situándonos en ese agreste lugar denominado frontera: cruce Matamoros/Brownsville. Desde ahí se lanzó la primera convocatoria por el Ateneo Literario José Arrese, proponiéndose desde entonces, levantar su propio puente de palabras con visa abierta a la creación.

El evento tuvo eco y la Universidad de Texas en Brownsville/Texas Southmost College se suma a partir de ahí, a la tarea de investigación y difusión planteada por los escritores de Matamoros.

Luego vinieron algunos otoños de reunión, y con ellos a la par, el desarrollo del trabajo literario de los asiduos implicados. Llegaron premios, becas, más libros, nuevas publicaciones: revistas, suplementos y columnas en prensa, lecturas, talleres...

Fue entonces cuando Ramiro Rodríguez, pieza fundamental de este engrane, se propuso hilvanar las voces que han marcado el relieve; la línea que no busca separar, si no marca otra extensión que nos incluye.

A mí me ha tocado ser convidada a la mesa, juntar dos extremos de hebra en un lazo firme, testigo presencial de archivos electrónicos, observador no participante: papel bond cultural, portada color verde musgo con filtro y el logo al centro...

La antología se editó en el 2008 con el apoyo del Consejo Ciudadano de Cultura de Matamoros, y es un colectivo de 16 escritores, varios de los que se dieron cita para leer sus textos durante los primeros seis años del Congreso Binacional de Literatura que da el nombre al compendio, y el cual ha realizado recién su octava edición.

Algunos nombres de los seleccionados son: Carlos Acosta, Elvia Ardalani, Antonio Quintero Hernández, Alejandro Rosales Lugo, Roberto De la Torre, Juan Antonio González Cantú...

Por su parte, el libro ha comenzado su propia migración. La primicia de su llegada la tuvo el encuentro de escritores Los Santos Días de la Poesía, realizado en el mes de abril del presente año en la localidad de La Florida en Jaumave, Tamaulipas; para luego dar paso a su presentación oficial el pasado 22 de mayo, en el Museo Casamata, con el auspicio del Instituto Matamorense para la Cultura y las Artes, así como el Consejo Ciudadano de Cultura de Matamoros.

Durante este final de noviembre, el libro llegará a hacer acto de presencia en la Galería Municipal de Arte, Ramón Cano Manilla de Ciudad Mante, en la Claraboya Literaria de Tampico y en el salón parroquial San Antonio de Padúa de Tula, Tamaulipas.

Esa es la constancia que extiende la obra Letras en el estuario, el registro de quienes han colaborado en la creación de un cuerpo de letras en la poesía y narrativa desde el norte de nuestro estado y el sur de Texas.


Tomado de El Expreso Online, Ciudad Victoria.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Elsa Cross en H. Matamoros




La escritora mexicana Elsa Cross lee el poema "Héroe" de su libro Los sueños Elegías durante el VIII Congreso Binacional "Letras en el estuario" en H. Matamoros, Tamaulipas, los días 13 y 14 de noviembre, 2009. Video: Ramiro Rodríguez.

5. El héroe (fragmento)


Intocado por el recuerdo o el deseo,
sólo dejándose penetrar del verde,
lancetas sonoras de los grillos
                                                            en pleno día;
detenido en la red de la apariencia,
mira las visitaciones de los grajos,
los paraguas amarillos de las prímulas
                                                                cubriendo el césped.

La savia se vuelve fulgor rojizo.
La letanía del cenzontle
penetra despacio entre las hojas vivas
                                                                       y las muertas.

Abismado en su no hacer,
afligido como los vagabundos y los locos,
mira en los montones de hojarasca
                                                             un barco en pique. (…)

jueves, 19 de noviembre de 2009

Murmullo de Gloria




Las palabras nadan
                en la superficie
                      de
         la lengua / del vino
ella me escucha como al viento
en los ojos de la ventana.


Imagen: Muchacha en la ventana, Salvador Dalí.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Cosmogonía en UTPA




Sigma Delta Pi
Presenta el libro

Cosmogonía de la palabra
de Ramiro Rodríguez


Con comentarios de Elvia Ardalani
y Rossy Evelin Limá.

Jueves 19 de noviembre, 12:00 P. M.
Edificio COAS, Salón 350.
University of Texas-Pan American
Edinburg, Texas.

Calendario de presentaciones, Nov. 2009.

Calendario de presentaciones. Noviembre, 2009.

Miércoles 25 de noviembre
8:00 P. M.
Galería de Arte "Ramón Cano Manilla".
Ciudad Mante, Tamaulipas.
Organizadores:
R. Ayuntamiento de El Mante
Galería de Arte "Ramón Cano Manilla"
Colectivo 3
Ateneo Literario José Arrese

Jueves 26 de noviembre
8:30 P. M.
Zona Centro.
Tampico, Tamaulipas.
Organiza Lic. Juan José Villela Rodríguez.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Caracol en Playa Bagdad




Caracol en Playa Bagdad, Ramiro Rodríguez.



Viajes que no tenían fin.
Cruzábamos un mar abierto,
un piélago en los límites de la propia mente,
pasando las estribaciones
hacia pulsos desconocidos.


Elsa Cross, Bomarzo (2009)

viernes, 23 de octubre de 2009

Me gusta



(Imagen: "Oleaje", Ramiro Rodríguez)

A Lidia Díaz

Me gusta que te guste la poesía,
me gusta que te apasiones por la palabra.
La poesía nos hace entes más humanos
y es benéfico
                     para los astros.

La palabra poética nos inunda en el campo,
en mares indómitos de la lengua.
Corremos por caminos rocosos del sol
y nos petrificamos
en la catarsis
                     de la materia.

Me gusta que te guste la poesía,
me gusta que te abalances sobre los insectos
para fabricar estatuas
                                  en la memoria,
que abras el frasco de la creación compleja,
de líquidos suaves,
                              de aromas rotos
y navegues sobre el oleaje de los pájaros
en intento
                de conquistar el viento.

lunes, 19 de octubre de 2009

La mentira piadosa de Don García


Una de mis obras clásicas favoritas es La verdad sospechosa del dramaturgo novohispano Juan Ruiz de Alarcón (1581-1639). La leí durante mi asistencia a la universidad, como requisito de la clase de literatura mexicana. Después la releí cuando tomé la cátedra "El siglo de oro" en mis estudios de posgrado. En esta ocasión escribí este texto como una propuesta de análisis literario sobre la obra. Tratando de cuidar el lenguaje de la obra original y el espíritu de la misma, le di al texto de Ruiz de Alarcón un desenlace distinto al agregarle una escena.

Don García se enamora de Jacinta, a quien llama Lucrecia, por el lamentable error de Tristán, criado de Don García. Éste es un hombre que tiene la vocación de mentir, y arma tales enredos, que termina comprometido en matrimonio con Lucrecia, siendo que él amaba a Jacinta. En la escena que agrego, muestro a Don García, magistral en el arte de mentir, que le confiesa a Lucrecia "la verdad" que nadie se atreve a creerle, sólo ella.

Aquí reproduzco la escena, tal y como la escribí en 1997.


LA MENTIRA PIADOSA DE DON GARCÍA

Acto Tercero
Escena XV
Don García, Lucrecia. A solas.

Lucrecia:
   No me es posible creer
   que vos mintáis de mil modos.
   La argucia vulgar me asombra,
   cambia el engaño en escombros
   lo que admiración ya fuese
   antes de asumilla un robo.
   No encuentro elección de acto
   si obedecer a mi asombro
   o escuchar en voz del padre
   la sentencia en que me ahogo.

Don García:
   Lucrecia, señora: escucha
   mi verdad de hombre amoroso
   pues amándoos mintiese
   para alcanzar buen propósito.
   Quiero que comprendáis: tuve
   del sol que alejarme pronto
   porque, es cierto, quise entonces
   nuestra unión en matrimonio.
   Sé bien que Jacinta envidia
   el amor en vuestro entorno
   y el hecho os postra en ventaja
   de ella y de otras y de otros:
   éstos, que mi suerte envidian
   y ellas que odian vuestro gozo
   pues Jacinta no es la única
   que buscaba hallar mi hombro.
   Mas sólo vos lo tenéis
   y lo disfrutáis vos sólo
   por siglos que han de venir
   para encontrarnos sin odio.
   Jamás vi verdad tan cierta
   como la que ahora os nombro:
   os amé en las Platerías
   cuando a Jacinta hablé poco,
   de quien ya sabía el nombre
   pero a quien usaba sólo
   para acercarme hasta vos
   a quien rindo honor e imploro
   pues me movía el saber
   más de vuestro cielo hermoso,
   comprender vuestra belleza
   semejante en brillo al oro
   y que en noches de silencio
   matan el sueño con dolo.

Lucrecia:
   ¿Es verdad lo que decís?
   ¿Conocéis noches de insomnio?

Don García:
   Tan cierto como que hablo
   y asimismo hablan los ojos
   que os auscultan fijamente
   con ferviente amor, y enojo:
   aquél, porque yo soy vuestro
   y éste, por sombras de otros
   que mienten para que huyáis
   del amor que yo os propongo.
   Expulsad cualquier sospecha
   que amenace con destrozos.
   Ved, Lucrecia, lo que advierto
   porque seré buen esposo.

Lucrecia:
   ¿Me amáis de verdad, García?

Don García: (Dánse las manos)
   Desde antes del sacro polvo.
   Con fuerza de viento os amo
   y os amo con bravo aplomo.
   Y si he mentido es por gusto
   de explorar vuestros arroyos
   y encontrar vasta frescura
   que hace largo tiempo invoco.
   No os fiéis vos ya de Jacinta,
   de Don Beltrán, del gracioso,
   pues mi verdad es auténtica
   ante Dios y entre nosotros.
   (Ap.) Perdonad que jure en vano,
   Dios; es por honor y gozo.

De Claustros vedados al penitente (E. A., 2000)


Imagen: biografiasyvidas.com

martes, 6 de octubre de 2009

Profesor comparte su visión


Profesor comparte su visión en "Cosmogonía"

Por Graciela L. Salazar

(...) La presentación del libro de Ramiro Rodríguez, profesor del departamento de Lenguas Modernas, será a las 7:15 p.m. en el salón de conferencias del tercer piso del edificio SET-B.

"Es un libro que reúne un promedio de 100 poemas que hablan sobre mi visión muy personal acerca de lo que es el poema, lo que es el poeta", dijo Rodríguez. "Digamos que son reflexiones pero de manera poética sobre mi concepto o mi visión sobre lo que es la poesía".

Él explicó que cosmogonía es el universo.

"Cosmogonía se refiere al tratado o al estudio del universo, del cosmos", platicó. "Entonces, Cosmogonía de la Palabra es una manera de poner, por ejemplo, el universo de la palabra".

El libro, publicado en diciembre del 2008, contiene poemas desde el 2005.

"Cada uno de esos poemas es una parte de mí, una parte de mi visión, es un fragmento de lo que soy, inclusive fragmentos de lo que no soy también podemos encontrar en esas páginas", señaló el autor.

Cosmogonía de la palabra se divide en cinco capítulos.

"Tienen que ver con cada uno de los sentidos del ser humano, sentido de la vista, sentido del tacto, sentido del gusto", mencionó Rodríguez. "Cada poema que está en cada uno de los capítulos está relacionado con alguno de los sentidos".

El poemario de Rodríguez se editó con un recurso económico otorgado en el 2008 por el estado mexicano de Tamaulipas.

"Se me concedió el Premio Estatal de Poesía ‘Altaír Tejeda de Tamez’, que otorga la Secretaría de Educación en Tamaulipas y, con ese recurso, es como surge la edición de Cosmogonía de la palabra", expresó el profesor.

Rodríguez comentó que, para él, compartir lo que escribe es una necesidad.

"Pienso que todos los seres humanos tenemos capacidades, tenemos sensibilidad, tenemos creatividad", explicó. "A mí me gusta canalizarla a través de la poesía, a través del cuento, a través del ensayo, a través del teatro, que es lo que escribo. Me satisface poder compartir lo que puedo hacer".

"Cosmos", uno de los poemas incluidos en el libro, tiene un valor muy personal para Rodríguez.

"Hago una especie de reflexión sobre lo que es la creación poética pero en relación con mi pareja", dijo. "Hablo de mi esposa, por ejemplo, pero en relación con la poesía. Muchos podrían decir pareciera que habla de su pareja amorosa, pero otros podrían decir que su pareja es la poesía. Es un poema que me parece especial".

Juan Antonio González, profesor en el departamento de Lenguas Modernas, ya leyó el libro.

"Me gustó, está bien escrito, es un libro excelente", mencionó González. "Es un punto de vista muy personal de lo que es la obra poética. … Nos da una visión muy personalísima de lo que significa el poetizar".

González opinó acerca del poemario de Rodríguez.

"Es como la comunión del poeta con la creación", platicó. "Es la búsqueda de esa sustancia en las palabras que van conformando los versos que confluyen en la estrofa para formar el poema".

González recomendó leer el libro.

"Lo recomendaría ampliamente, es una visión personal, pero es una visión muy elogiable de un autor excelente que ha obtenido varios premios estatales de poesía", concluyó. (...)

El poeta también es profesor en TSTC (Texas State Technical College) y en la Escuela Secundaria Juan José de la Garza de Matamoros.

Otros de los libros de Rodríguez son: Claustros vedados al penitente (2000), Alfalogías (2001), Destiempo (2002), Desierto Azul (2005) y Letras en el estuario (2008), que será presentado en el mes de noviembre durante el Octavo Congreso Binacional Letras en el Estuario que organiza UTB/TSC y el Ateneo Literario José Arrese de Matamoros. (...)

El evento forma parte del festejo del Mes de la Herencia Hispana en UTB/TSC y es auspiciado por el departamento de Lenguas Modernas y el club Café Literario.


Nota tomada del: Collegian Online
Foto: Elizabeth A. Perez/Collegian

sábado, 3 de octubre de 2009

Espiga de trigo


A Rosa Elva Paz Treviño

La mujer que muere un cuatro de octubre
es espiga de trigo destinada a los pájaros,
jardín de estatuas, llovizna clara en el otoño.

Es árbol de aguacate en el patio de su casa,
caligrafía de mi nombre en la piedra
Su aroma de almendras puebla la memoria
en chispazos luminosos de madreselvas.

La mujer que besa los labios de los ríos
se bebe el cielo inundado de vinos perpetuos,
se conmemora de viento, se agiganta,
desdibuja en el polvo sus pétalos de rosa
una tarde de memoria piadosa con los labios,
se consuma de dimensiones para tatuarse
de violines abstractos en altares de iglesias.

La mujer que muere un cuatro de octubre
extiende sus alas de mariposa monarca.
Ya son mil noventa y cinco noches sin rostro
en las intuiciones líquidas de la melancolía.

Sin embargo,
la contemplo en el viento,
la recuerdo cuando celebro el fruto de mayo
en el árbol enorme que ofrece su sombra.


De Ritual de la tierra (ALJA Ediciones, 2012)

sábado, 26 de septiembre de 2009

Sorry, we're closed

Sabías que tu cuerpo se convertiría en ceniza para confundirse con el polvo de la tierra. La ocasión había llegado con los últimos vientos de octubre, cuando los colores de las cosas toman otra dimensión. Siempre relacionaste tu cuerpo con la ceniza, presentiste su alianza natural, al observar los cigarros que fumabas con avidez, uno tras otro, sin importarte un comino que el humo incomodara a las personas que estuvieran cerca de ti.

La tarde que presentiste la anticipación de la ceniza, viste una nube de humo cubriendo el techo en la oficina. Ahí prestabas tus servicios como técnico procesador de datos. El ingeniero Saúl García y tus compañeros de oficina estaban perdiendo la paciencia para tolerar tu descaro por la nicotina. Después de todo, eras un hombre de sangre pesada, según rumores de las secretarias, neurótico, antisocial, un insípido ermitaño. Esa fama negativa te había ganado antipatía entre la gente que laboraba en la misma oficina. La necesidad de fumar te postraba, te hacía padecer crisis de nerviosismo, aunque trataras de ocultarlo ante los ojos de los demás.

Esa tarde necesitabas un cigarrillo con la urgencia de las adicciones. Registraste los bolsillos de tu camisa con la esperanza de encontrar al menos uno, disperso, olvidado, que subsanara la emergencia momentánea. Sentiste fuego debajo de tu piel, quemando la sangre. Pero no era el clima. Ya habían llegado las primeras ráfagas del norte, como pocas veces en la historia de San Juan de los Esteros.

Esperaste las cinco de la tarde para salir de la oficina como liebre perseguida por los perros. Lo primero que hiciste al salir a la calle Cuarta, fue acudir a la tienda de Quinta y Guerrero para comprar una cajetilla de Importados, tus cigarros favoritos. Cuando solicitaste la marca, el señor te respondió que no tenía Importados. Entonces le pediste que te vendiera cualquier cajetilla, eso era lo de menos. Inclusive, pensaste en la posibilidad para fumar cigarros mentolados, en caso necesario. El hombre te dijo que ya no expendía cigarros en apoyo a la campaña contra el tabaquismo, para no contribuir con la contaminación de cuerpos, almas y mundos. “Viejo pendejo”, pensaste antes de salir de la tienda con el rostro enrojecido de ira por la pérdida de tiempo, “quédese con su tendajillo de mierda”. Dadas las circunstancias, lo que antes te pareciera tienda, ahora te parecía tendajillo. Después de caminar un par de cuadras, no sentiste vergüenza al pedirle un cigarro al vendedor de cuentos de la plaza, quien fumaba en la esquina de Sexta e Independencia. Estuviste a punto de arrebatarle lo que le quedaba cuando se disculpó diciendo que era el último cigarro que traía, que tal vez en el puesto de revistas de Sexta y Terán tendrían algunos en venta. “No estoy para mantener vagos ni viciosos”, pensó el vendedor de cuentos, sonriendo con cinismo, al ver que te alejabas con tu vergüenza fallida y tu derrota. Maldijiste el momento en que pasaste frente al puesto de revistas esa mañana, cuando te dirigías a la oficina. No te detuviste para asegurar una cajetilla que satisficiera la necesidad del día. Las zancadas que diste te llevaron hasta el umbral del puesto. Tu decepción fue mayor cuando observaste el letrero que decía: Sorry, we’re closed. No era hora para que el changarro estuviese cerrado. Esa mañana que pasaste por ahí, las puertas estaban abiertas de par en par, como diciéndote pásale, no seas pendejo. El puntapié en la puerta metálica del negocio logró llamar la atención del hombre que estaba al cruzar la calle, preparando su puesto de tacos para la actividad nocturna. Corriste hacia él, ignoraste el tráfico de la Sexta. Te movía la esperanza de que el taquero pudiera tener algún cigarro disponible.

—Lo siento, camarada, pero no fumo —te dijo con una indiferencia que confundiste con discriminación. Estuviste a punto de mentarle la madre por el esfuerzo en vano de llegar hasta ahí, por el peligro al que te expusiste al pasar la avenida llena de automóviles, a punto de ser arrollado, donde la gente manejaba con prisa y arrebato para llegar a casa, después de ocho horas de trabajo forzado en mueblerías, bancos, oficinas de gobierno, tiendas de ropa, restaurantes y otros negocios y dependencias en el centro de la ciudad.

La pesera con ruta a la Modelo hizo alto en la esquina de Sexta y Terán, ya que el semáforo así lo indicaba. Al verte, doña Chonita Landeros, la anciana que esperaba la oportunidad para cruzar la calle, pensó que recordabas tus maldades, ya que una sonrisa de frustración se dibujó en tu rostro. Pensabas que hacía mucho tiempo las peseras habían dejado de cobrar un peso y aún la gente las llamaba así. Te subiste al transporte colectivo con la fijeza de pedirle un cigarro al conductor, más que por llegar temprano a casa. Pagaste el importe del boleto y se lo pediste. Te dijo que no traía, que estaba esperando la oportunidad para pedirle uno a algún pasajero que subiera fumando, o con una cajetilla visible en el bolsillo de la camisa. Después reflexionaste sobre la rareza de una pesera vacía. Llegó a tu mente un dibujo periodístico donde el caricaturista criticaba al transporte público: una pesera con brazos, cabezas y piernas humanas saliendo por las ventanas y la puerta. Volteaste hacia los tres pasajeros que viajaban en el vehículo colectivo. Les preguntaste si alguien traía un cigarro, ya no que te regalara, sino que te vendiera, a ver si de esta manera lograbas un resultado más alentador. Dos de ellos agitaron la cabeza en señal negativa. El otro ni se dio por aludido. Se te crisparon los dedos por rabia o impotencia o desesperación o las tres cosas, pero no tuviste más remedio que sentarte para aguardar el momento de bajar y dirigirte a tu casa.

Después de algunos minutos que te parecieron horas, donde lo único que lograste fue chuparte el dedo pulgar derecho con fruición, bajaste con una dosis adicional de mal humor. Entonces recordaste la nube de humo en el techo de la oficina. Te sentiste ceniza esparciéndose por banquetas y calles de tu barrio, se te fueron desprendiendo los dedos con el viento vespertino, las manos, los brazos, las piernas. Tu cabello se convirtió en humo, al igual que tu boca y tus orejas. Sólo te quedó la colilla y la angustia de saber que nadie te fumaba.

De Sin oficio ni beneficio (ALJA, 2012)

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Presentación del libro


El Departamento de Lenguas Modernas
y el Café Literario de UTB/TSC

presentan
el libro

Cosmogonía de la palabra
de Ramiro Rodríguez

Martes 6 de octubre.
7:15 P. M.
Sala de Conferencias. SET B, Tercer Piso.
University of Texas at Brownsville/Texas Southmost College.

sábado, 29 de agosto de 2009

Presentación Letras en el Estuario


Ramiro Rodríguez, Juan Antonio González-Cantú, Alejandro Rosales Lugo, Antonio Quintero.
Lidia Díaz, Elba Macluf Lajud, Conchita Hinojosa, Raquel Rodríguez Brayda.


El pasado 22 de mayo, 2009, se realizó la presentación de la antología literaria Letras en el estuario (2009) de Ramiro Rodríguez, coordinador general del Congreso Binacional "Letras en el estuario", en la Sala María del Pilar del Museo Casamata. Mientras que Rodríguez, Rosales, Quintero, Díaz, Hinojosa y Rodríguez Brayda leyeron poesía, González-Cantú leyó cuento. En la fotografía aparecen los escritores anteriormente mencionados, incluidos en el libro, acompañados por la Directora de IMACULTA, Sra. Elba Macluf Lajud.

viernes, 28 de agosto de 2009

Lunas



Mis cuarenta y tres lunas en agua pretérita
son epílogo simbólico de ciudades milenarias,
crestas inquietas sobre olas de piedra,
murmullos en la arena
                                 (partículas en el polvo).
Veo los hechos a través de ventanas dormidas.
Mis ojos encuentran el fondo de espejos
y yo duermo
                     en la memoria,
amanezco en ramajes de árboles centenarios,
tatuado el rostro con la sal luminosa del cosmos,
cerveza espumosa
                              de insectos en el aire.
Penetro esta casa blanca de relojes desnudos
para fundirme
                      en palabras de vidrio.

sábado, 22 de agosto de 2009

¿Y si...?


¿Y si el miedo me sofoca?
¿Y si el vértigo me aterra?
¿Y si renazco en la guerra
donde mucha fe es tan poca?
¿Si ella fuera quien provoca
la inmersión a mi condena?
¿Si celda fuera? ¿O cadena?
¿Y si penumbra ella fuera?
¿Y si al tenerla tuviera
que amar lo que no se ama?
¿Y si fuera voz que llama
a que, aun muerto, muriera?

De Claustros vedados al penitente (E. A., 2000)

lunes, 10 de agosto de 2009

Rosario Castellanos


Rosario Castellanos (25 de mayo, 1925 - 7 de agosto, 1974.)
En el XXXV aniversario de su viaje.

martes, 4 de agosto de 2009

Me entiendes, Méndez...



Me entiendes Méndez o te explico Federico. A veces las celebraciones no salen como se planean, aunque eches la casa por la ventana, incluyendo a los habitantes. Nunca falta el revoltoso, hundido en el placer alcohólico de las copas, haciendo circo maroma y teatro frente a los invitados, algunos con el miedo en el rostro; otros, con el placer morboso de los momentos distintos, fuera de los rumbos cotidianos. Que si la comida no es lo que venía en la imagen que presentaba el menú, es una burla, un fraude, un fiasco. Que si la música falla a media celebración y el abuelo, ya medio compadre birongas, les recuerda la progenitora a los músicos, en medio de su pena y su vergüenza ante la multitud. Así son las cosas a veces, me entiendes Méndez.

Este fin de semana fui a una celebración de familia, con la confianza de que sería una ocasión inolvidable. Y fue inolvidable. Me gustó la iglesia, la misa en un español italianizado, el mural religioso, impresionante. Desde luego, estar con la familia, estar, aunque sin poder entablar una conversación clara a causa de la manifestación de los instrumentos. Pero la cena, caray, la cena, triste, jodida, como para cometer suicidio frente a los ojos llenos de asombro de los cocineros. La barra libre fue una broma, de esas sorpresas donde no sabes si ponerte a reír o a llorar. Las primas y la tía por allá y nosotros por acá, separados por una distancia física enorme, como si existiera un viejo pleito de familia. Pero bueno, no éramos los anfitriones.

No siempre las fiestas son sinónimo de diversión, me entiendes Méndez o te explico Federico.


Imagen: Iglesia de la Asunción en Houston, Ramiro Rodríguez.

domingo, 26 de julio de 2009

Entre escritores y amigos



Algunas imágenes memorables en diversos encuentros de escritores de Tamaulipas, Texas, Nuevo León (Letras En El Estuario, Los Santos Días De La Poesía) y convivencia entre amigos: Lidia Díaz (Buenos Aires, Argentina), Celeste Alba Iris (Cd. Victoria), Elvia Ardalani (H, Matamoros), Rossy Evelin Limá (McAllen), Conchita Hinojosa (H. Matamoros), Nubia Nava (Brownsville), Lizette Alvarez (Cd. Victoria), Teresa Loera (Cd. Mante), Leticia Sandoval (Monterrey), Ruth Martínez Meraz (H. Matamoros), Mercedes Varela (Reynosa), Raquel Rodríguez Brayda (H. Matamoros), Cinthia Rodríguez Leija (Nuevo Laredo), Linda González (Nuevo Laredo), Rolando Hinojosa-Smith (Austin), Carlos Acosta (Cd. Mante), Arturo Castillo Alva (Tampico), Marcos Rodríguez Leija (Nuevo Laredo), Ramiro Rodríguez (H. Matamoros), Antonio Quintero (Cd. Mante), Javier Villarreal (Corpus Christi), Alfredo Ávalos (San Antonio), Federico Fernández (H. Matamoros), Juan Antonio González (H. Matamoros), Alejandro Rosales Lugo (Cd. Victoria), Roberto De la Torre (McAllen), Santiago Daydí-Tolson (Santiago de Chile), Francisco Salazar Acevedo (Reynosa). Además, Laura Vázquez y el fondo musical de Enya "Boadicea". Video: Ramiro Rodríguez.

El aeropuerto



Nos encontramos en el aeropuerto una tarde de julio. No nos habíamos visto en varios meses, desde aquella vez en que tomé protesta como presidente del grupo de escritores. Le pregunté a dónde viajaba y me dijo que iba a Guadalajara para ver un caso legal sobre divorcio necesario. Después de preguntarme sobre mi asunto fuera de la ciudad, le dije que iba a la capital, a un encuentro de escritores organizado por la Universidad Nacional. Se quejó con cierta amargura. Me dijo que su trabajo no le permitía desarrollarse como escritor. Él era bueno, lo reconozco, aunque tuviera otras prioridades que le exigían atención para el sustento de su familia. Le dije que siempre habría pretextos para alejarse de las letras. Yo también tenía mucho trabajo toda la semana. Y aunque no era candidato al Nobel, siempre encontraba un momento propicio para crearme y recrearme con las palabras.

Se disculpó porque ya era hora de abordar el avión. Lo hizo después de escuchar a una mujer invisible en el altavoz, anunciando su vuelo, vaciando miel abundante en los labios del aire. Yo esperaría algunos minutos más. Los destinos de los seres humanos pueden ser tan dúctiles como la memoria, tan diversos como las líneas en la palma de la mano. Mientras esperaba el anuncio de mi salida, mientras pensaba en la voz femenina de inflexiones celestiales, me dispuse a escribir sobre la fugacidad de un encuentro inesperado.

martes, 21 de julio de 2009

Chicharras sanjuaneras


Aparecen en el verano, así nomás. Aunque hay muchísimas especies, según los zoólogos, hay una que me atormenta por su desfachatez para estremecerme los testículos, así nomás. Se agolpan dentro de mis ojos los vestigios de antiguas canículas, la reminiscencia invariable, el recuerdo de otros tiempos. La memoria es la imagen fotográfica del pasado.

Las chicharras sanjuaneras son la prueba irrefutable de la temporada, el martirio psicológico al que nos somete la ubicación geográfica, el portazo infinito que nos da la naturaleza al concedernos el lamento melancólico de insectos asfixiantes. Se anticipan al sonido de la alarma para despertarme a un nuevo día de trabajo, así nomás. También anuncian la llegada de la noche. Se posan en el limbo entre la luz y la sombra para iniciar su concierto de violines malditos. Se entrelaza su monótona quejumbre en una constante inserción en el cerebro, martillos interminables golpeándome la cabeza. El dolor de cabeza es la explosión de las neuronas.

Pero bien saben que si se atreven a cantar durante el día se las lleva la chingada, así nomás. Hay muchas aves en búsqueda de un bocado suculento. Entonces guardan silencio absoluto, enmudecen las muy astutas, hijas de su insecta madre, para perderse en el follaje de árboles misericordiosos, se mimetizan en paisajes de troncos rugosos en espera del momento propicio para continuar con su estridente solfeo. La cautela no es exclusiva de los seres humanos.

Al final de la canícula, las chicharras sanjuaneras se callan para siempre. Y un buen día todo amanece en silencio absoluto. La temporada de lluvias en septiembre y los primeros vientos del norte terminan con el martirio prolongado por casi dos meses. Entonces todo vuelve a la calma.


Imagen: masscic.com

sábado, 18 de julio de 2009

Al color de la naranja


La Quinceañera se viste al color de la naranja. Su aroma es así, a cítrico que anuncia la temporada de cosecha, a flor que se abre como estrella pequeña en los ramajes de marzo. El rostro, los ojos, el cabello abundante. Por lo general, en estas celebraciones predomina el color rosa. Pero esta ocasión no, no ésta. Se inundan las paredes del salón con el color naranja, las alfombras, las sillas, los manteles largos, las flores sobre las mesas.

La Quinceañera baila el vals de la perpetua juventud. Gira, una y otra vez, tomada de la mano de los chambelanes que se desplazan a su alrededor sobre la pista. Son quince soldados vestidos de negro con corbata al color de la naranja. Mantienen sus ojos fijos en la figura hermosa de la adolescencia, la niña-mujer, la flor dentro de la flor: la metaflor.

Los instrumentos musicales emiten la secuencia organizada de las notas en las canciones de moda, las voces privilegiadas, los sonidos. Entran por los oídos de la gente y salen a través del movimiento de los cuerpos que se mueven al ritmo de la samba y de la cumbia, del merengue y del hip hop. La cadencia adopta otro concepto, así como la luz iridiscente entre las cuatro enormes paredes del salón de eventos.

La Quinceañera es bella, es el rayo luminoso que se desprende de la naranja, el centro de atención de amigos y familiares. Los padres la contemplan, con esa contemplación que connota la satisfacción prolongada de sus esfuerzos. Comparten sus emociones con la gente. La multitud celebra el regocijo de los padres en una colorida explosión de alegría, mientras afuera cierra sus brazos una calurosa noche de julio.

Imagen: robertreeveslaw.com

domingo, 12 de julio de 2009

El abuelo


En la falda de la Sierra Madre
donde nace el río Guayalejo
el Abuelo observa el coloquio de campesinos
ebrios de música /
                            se denuncia al sol
se suelta sobre las lenguas de la tierra
dibuja el perímetro
de un espacio que se abre
                                          al mundo.

Los cuervos hienden
como flechas negras la claridad del aire
y las nubes se alimentan
de letras desnudas
                             en los árboles.

Un nogal se rejuvenece
con palabras tiradas sobre sus raíces
fertilizante abstracto
para su antigüedad
                             de casi tres siglos.

Sus brazos caen al suelo
como buscando equilibrio para alzarse
gigante de nueces
                      y no convertirse en polvo.

Sus ramas son bastones que sostienen
a los hombres viejos cuando pasean recuerdos
por las plazas
                       de pueblos solitarios.

Aparecerán un día
las flores que dan el fruto de temporada
con humedad de aguas guayalejas
de tierra fértil
                      de sol en la memoria.

Otros campesinos llegarán de tierras lejanas
para estremecerse / para alimentarse
de nueces que soltarán
                                   una recua de palabras.

lunes, 6 de julio de 2009

Intimidad con la noche

El pasado cuatro de julio, el Consulado de los Estados Unidos en Matamoros celebró el aniversario de la independencia de ese país con una serie de eventos artísticos y culturales con estampas representativas de la tierra anglosajona.

Para tal ocasión, el Lic. Héctor Delgado me extendió la invitación para que colaborara en algún evento de enfoque literario, como presidente actual del Ateneo Literario José Arrese. Estructuramos la presentación de un programa de poesía norteamericana. Ya había leído algunos libros de Walt Whitman y Emily Dickinson, así como algunos poemas de Robert Frost y William Carlos Williams. Sin embargo, mi interés natural me pone la visión sobre las obras de la literatura hispana.

“I have been one acquainted with the night.
I have walked out in rain —and back in rain.
I have outwalked the furthest city light.”

Yo he tenido intimidad con la noche.
He salido con lluvia —y con lluvia he vuelto.
He dejado atrás la última luz de la ciudad. (1)

Me dispuse a realizar una investigación sobre los poetas norteamericanos más representativos. Confieso que sólo había escuchado mencionar y/o citar sobre el arte literario de Ezra Pound, pero nunca me había interesado realizar una exploración de su obra. Grande fue mi sorpresa cuando me encontré con un poeta y ensayista excepcional, de gran inteligencia y vida interesante.

“My city, my beloved, my white! Ah, slender,
listen! Listen to me, and I will breathe into thee a soul.
Delicately upon the reed, attend me!”

¡Mi ciudad, mi amada, mi blanca! ¡Ah, esbelta,
escucha! Escúchame, y soplaré dentro de ti un alma.
¡Delicadamente ante la caña, atiéndeme! (2)

Con esta experiencia de inmersión en la poesía norteamericana, me queda la inquietud por conocer con mayor detalle la literatura en esa lengua, en particular, la vasta obra de Ezra Pound.

Felicito al Consulado de los Estados Unidos por esta excelente iniciativa. Y me felicito por haber descubierto a uno de los modelos literarios más interesantes de la literatura universal.

(1) Frost, Robert. “Acquainted with the night”.
(2) Pound, Ezra. “N. Y.”

Imagen de Robert Frost: wikipedia.com
Imagen de Ezra Pound: isola-di-rifiuti.blogspot.com

domingo, 5 de julio de 2009

Los dos



Tú y yo en la noche de julio
disueltos en el agua de Cancún (1)
recorremos el cauce de los ríos
amanecemos bajo el sol (2)
nos volvemos lluvia invisible
nos abrimos en la tierra / en los peces (1)
en la brillantez de la luna
en la profundidad del mar (2)
los dos sin nombre / los dos
violentos en el olor de las manzanas (1)
de uvas secas y vino tinto
tú y yo en la noche de julio
disueltos en la arena de Cancún. (2)

Autores: (1) Ramiro Rodríguez y (2) Gloria Rodríguez 

Imagen: globeimages.net

lunes, 22 de junio de 2009

Ebrio



(Imagen: "Fuego", Ramiro Rodríguez)

Tengo en el rostro, tengo tus dedos,
tengo tu nombre de cielos húmedos,
el vaho de tus ojos claros
                                                   —el vaho,
los labios,
tu cabello castaño
                                      —los labios.
Sin decir tu nombre me desnudo,
amanezco en la sed de dioses dormidos
y me hablas al oído
                                        —me hablas,
me entumeces con sal de la marea alta,
encallo en tus manos,
                                        ebrio en tu cuerpo,
ventanas profundas —ventanas abiertas,
ventanas que ocultan
                                    la luna de julio.

Algunos subgéneros de Mario


Hace poco menos de un mes abrí una encuesta para conocer la opinión de la gente que pasa por estas páginas. Me interesaba definir la perspectiva de los lectores sobre el subgénero literario mejor logrado del escritor uruguayo Mario Benedetti (1920-2009).

Con una participación pequeña, ya que sólo votaron 21 usuarios, la encuesta mostró la siguiente tendencia: Los cinco subgéneros: 9, Poesía: 8, Novela: 3, Cuento: 1, Teatro: 0, Ensayo: 0, Ninguno: 0.
Podemos deducir que los lectores que votaron piensan en Mario Benedetti como un escritor en todo el sentido de la palabra.

Como pequeño homenaje, realicé este video con el poema “Es tan poco”, en voz del autor, e imágenes que capté con mi cámara, a finales del 2008, en las ruinas de Antiguo Padilla, en Tamaulipas, México.

Video: Ramiro Rodríguez

martes, 16 de junio de 2009

Las raíces y el origen en La primera voz que oí

Por Ramiro Rodríguez

El poeta posee la magia imperturbable de las palabras, la capacidad connatural para crearse y recrearse, para jugar con la ductilidad del verso y sus componentes, para modificar la realidad desde su propia visión y experiencia. Es decir, el poeta tiene el poder sobre las palabras, reina sobre ellas en un imperio luminoso de cadencia, idea y sonido. Recordemos que el poeta chileno Vicente Huidobro dijo alguna vez en su poema “Arte poética”:

El poeta es un pequeño dios.

Hablar de Brenda Nettles Riojas es referirse a una joven voz que tiene la urgencia de comunicarse con el mundo, la necesidad estremecedora de cruzar ríos y escalar montañas para llegar a aquéllos que se interesan en el placer estético de la lectura.

La temática poética de La primera voz que oí es muy diversa. Sin embargo, como agua de ríos que confluye en los mares, anda los caminos que conducen invariablemente a los espacios donde la figura materna le habla con la expresiva voz de su hispanidad.

La estética literaria de su poesía radica en un lenguaje sencillo, sin barroquismos ni exageraciones lexicológicas, sin la negritud del lenguaje rebuscado, pero fuerte en el carácter emotivo que sólo despierta el amor materno.

La primera voz nunca se olvida,
no importan los años,
no importa dónde esté.

La voz poética sintetiza el propósito fundamental del libro: el recuerdo de la madre. A lo largo del libro, la poeta recuerda a su madre, los elementos maravillosos que la rodean, las cosas simples, las personas ligadas con estrechez al ser que despierta en ella la melancolía y la alegría simultánea, para perderse en el murmullo sublime de la plenitud humana.

La lluvia inundó la casa
dejándola vacía con moho,
y yo no he vuelto a entrar.

La autora mantiene una conversación casi íntima con la madre ausente, le platica al oído los acontecimientos en los espacios cotidianos, la soledad de las cosas, el vacío en las habitaciones y en los jardines, la melancolía de las plantas que alguna vez florecieron con el rostro de la madre. Aquí la autora recrea aquel propósito estético de los poetas del romanticismo del siglo XIX sobre “la falacia romántica”, donde el poeta encuentra el reflejo de su interior en los cuerpos de la naturaleza y las cosas.

Por los años fui dejando mi primer lenguaje […]
Al final, las palabras de mi cuna murieron con mi mamá.

La situación común, pero dolorosamente profunda, del hispano en los Estados Unidos, cuando casi abandona la lengua española a fuerza de exponerse a la lengua inglesa. Versos que son el reflejo exacto, el espejo que no miente, de muchos hispanos en el país norteamericano. La poesía social, la que muestra la realidad que circunda al poeta, surge con la fuerza natural que le conceden los hechos.

Aquí oí
stories of la Llorona followed,
con miedo de dormir, or listening
for La Sirena or El Gallo
to fill Chalupa spaces, ansiosa de ganar.

En ese ambiente de dos países, en esta multiculturalización, dos idiomas que se arraigan en la sangre, la autora plantea el poema en lengua inglesa como parte de su yo. Sin embargo, las raíces que permanecen, su hispanidad, le exigen incorporar elementos propios de su gente, porque al llamárseles a esos elementos con palabras en otro idioma pierden su esencia.

Mi mamá cruzó su destino y el mío
de un lado del río hasta aquí.

La autora se refiere nuevamente a las raíces, al origen. Hablar de hispanos en el sur de los Estados Unidos es también hablar de río, de puente, de mezquites, de destinos y todos aquellos elementos que se desplazan, a veces estáticos como en una pintura al óleo, por los ambientes que circundan a la escritora.

Tu abuelita a tu lado,
cerca de tía Adelita,
y un angelito en el rincón,

Los personajes de la familia irrumpen de repente en algunos versos. Porque hablar del origen, de las raíces, de la madre, es hablar también de los parientes. Porque la familia es un elemento central en la hispanidad de la gente.

El mes de María,
Nuestra Virgencita
nos acerca
a su Hijo que guía
el camino a la santidad

Los elementos de la fe católica surgen con frecuencia en los poemas de este libro: la Virgen Morena, el Miércoles de Ceniza, la Misa, el Padre. Aquí la poeta nos deja ver las figuras que son centrales en su vida cotidiana como si estuviéramos en una Iglesia.

La primera voz que oí de Brenda Nettles Riojas es un acercamiento muy concreto a las raíces de la poeta, a su visión sobre los hechos que marcaron con relevancia su conducta, a su espléndido entorno en una infancia vivida con amor y ternura, un atisbo a la voz amada de la madre, a los recuerdos que nos quedan cuando se vive en plenitud dentro de la familia.