viernes, 6 de marzo de 2009

Carta a Laura Rodríguez Vázquez

(Imagen: "Escollera", Ramiro Rodríguez)

Laura, nombre con humedad de poesía en cada una de sus letras, nombre con tintes luminosos de pinturas al óleo, sabores mágicos de la cocina mexicana, sonidos diversos de música y de insectos, aromas que se enredan sobre ramajes de árboles a orillas de los ríos. Laura me suena a Ciudad Victoria, a Universidad Valle del Bravo, a CONALEP, a amistad genuina, a estudiante, a familia, a Colegio Don Bosco. Conozco a muchas mujeres que llevan el nombre de Laura, mujeres inolvidables que deben serlo sólo por llevar ese nombre desde la pila del bautismo. No conozco a una Laura que se escude en la maldad de un corazón terrible. Todas las Lauras son hermosura y benevolencia, sencillez y bendición: Laura Villarreal, Laura Vázquez, Laura Lucio, Laura Torres, Laura Benavides, Laura Rocha, Laura Guillén, ¡Laura Rodríguez Vázquez! Son muchas Lauras para tan pocas horas en el día.

Mi prima Lupe Benavides echó raíces en Houston, Texas. Y Berthita es ahora mujer casada, profesionista y madre de familia. Para mala fortuna no tengo contacto con ellas, pero sé que están bien, aunque lejos. Mi prima siempre ha sido uno de los elementos de la familia de mayor aprecio. Y al mencionarla en tu carta se me agolpan, simultáneos, los recuerdos de infancia, se me vienen encima con su claridad de inolvidables.

Como ves, los días no se detienen a contemplarnos. Vuelan en su loco desenfreno a la completitud, nos dejan a la vera del camino con un sabor de amistad en la lengua. Y ese sabor nos fortalece, se convierte en alimento que nos ayuda a ser mejores hombres, con la experiencia inigualable de haber experimentado el cariño hacia gente buena, el afecto que nunca termina cuando su autenticidad nos grita con sus alas de ave en pleno vuelo.

Un abrazo.


LAURA
Este es momento dedicado a Laura,
a Laura que con su amistad me acosa,
Laura que surge de tiempos ocultos
trayendo la hermosura que me asombra.

Es Laura, más que sólo nombre, selva,
selva es de inocencia, frescura y soles
donde encuentro agua que dota de calma
y aliento encuentro que sana temores.

¿De Laura Vázquez refiero belleza
sólo encontrada en belleza profunda?
¿O es Laura Lucio quien ahuyenta ira
ante sombras y fuegos que me inculpan?

Puede Laura Villarreal ser quien vive
o quien vive ser puede Laura Torres,
porque aquélla –aunque distante– perdura
y ésta –cercana– presiente emociones.

¿No será Laura Rodríguez un canto
o Laura Rocha será quien mencione?
¿O Laura Benavides, de mi sangre,
será quien multiplique bendiciones?

Este es momento dedicado a Laura,
a Laura que con su amistad me acosa,
Laura que surge de tiempos ocultos
trayendo la hermosura que me asombra.

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