sábado, 6 de junio de 2009

De cine, café y loros imaginarios.



1

La sala del cine lució semi vacía. Tal vez por ser una función a temprana hora. Land of the lost me pareció una estupidez surrealista, en ella se volvieron aire seis dólares con veinticinco centavos que debieron haber permanecido en mi bolsillo. Mientras veía dinosaurios, aliens y toleraba la sangre pesada del protagonista, pensaba en puntos dispersos en la conciencia, de esas veces que uno se pregunta qué ocurre con el mundo. Lo malo del asunto es que no llegué a conclusión alguna. Tiempo perdido, dinero perdido.


2

El café lechero con Tere Loera estuvo suave, aunque confieso que un poco insípido. Tal vez mi lengua estaba insensible e incolora, como esos rostros que se dibujan en el aire cuando una tormenta merodea.

Mientras conversábamos sobre sus asuntos personales, yo pensaba en los míos. Tal vez mientras yo hablaba de los míos, ella pensaba en los suyos. Ojo por ojo, diente por diente.


3

Cristina y Jaime vinieron para quedarse por algunos días. Me dio gusto verlos, hablar con ellos un poco, ver los gestos hiperbólicos de Cristina al pelear con un loro imaginario, o con un perro semi ciego. Compartimos un par de Bud Lights, algunos tacos de carne asada que preparó Daniel y pocas palabras profundas.

Después de agradecerle a Blanca sus atenciones, de despedirme de Leticia, me disculpé en medio de un espacio vacío. No pude plantear la pregunta que a todos nos conmueve por su tremendismo. No fue sino hasta que subí al automóvil para iniciar el regreso a casa que me atreví a preguntarle a Jaime por Francisco. Creo que a todos nos duele la duda, la terrible duda, la ausencia y la nostalgia, la ignorancia y la desolación.


Imagen: socoscafe.com

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