martes, 16 de junio de 2009

Las raíces y el origen en La primera voz que oí

Por Ramiro Rodríguez

El poeta posee la magia imperturbable de las palabras, la capacidad connatural para crearse y recrearse, para jugar con la ductilidad del verso y sus componentes, para modificar la realidad desde su propia visión y experiencia. Es decir, el poeta tiene el poder sobre las palabras, reina sobre ellas en un imperio luminoso de cadencia, idea y sonido. Recordemos que el poeta chileno Vicente Huidobro dijo alguna vez en su poema “Arte poética”:

El poeta es un pequeño dios.

Hablar de Brenda Nettles Riojas es referirse a una joven voz que tiene la urgencia de comunicarse con el mundo, la necesidad estremecedora de cruzar ríos y escalar montañas para llegar a aquéllos que se interesan en el placer estético de la lectura.

La temática poética de La primera voz que oí es muy diversa. Sin embargo, como agua de ríos que confluye en los mares, anda los caminos que conducen invariablemente a los espacios donde la figura materna le habla con la expresiva voz de su hispanidad.

La estética literaria de su poesía radica en un lenguaje sencillo, sin barroquismos ni exageraciones lexicológicas, sin la negritud del lenguaje rebuscado, pero fuerte en el carácter emotivo que sólo despierta el amor materno.

La primera voz nunca se olvida,
no importan los años,
no importa dónde esté.

La voz poética sintetiza el propósito fundamental del libro: el recuerdo de la madre. A lo largo del libro, la poeta recuerda a su madre, los elementos maravillosos que la rodean, las cosas simples, las personas ligadas con estrechez al ser que despierta en ella la melancolía y la alegría simultánea, para perderse en el murmullo sublime de la plenitud humana.

La lluvia inundó la casa
dejándola vacía con moho,
y yo no he vuelto a entrar.

La autora mantiene una conversación casi íntima con la madre ausente, le platica al oído los acontecimientos en los espacios cotidianos, la soledad de las cosas, el vacío en las habitaciones y en los jardines, la melancolía de las plantas que alguna vez florecieron con el rostro de la madre. Aquí la autora recrea aquel propósito estético de los poetas del romanticismo del siglo XIX sobre “la falacia romántica”, donde el poeta encuentra el reflejo de su interior en los cuerpos de la naturaleza y las cosas.

Por los años fui dejando mi primer lenguaje […]
Al final, las palabras de mi cuna murieron con mi mamá.

La situación común, pero dolorosamente profunda, del hispano en los Estados Unidos, cuando casi abandona la lengua española a fuerza de exponerse a la lengua inglesa. Versos que son el reflejo exacto, el espejo que no miente, de muchos hispanos en el país norteamericano. La poesía social, la que muestra la realidad que circunda al poeta, surge con la fuerza natural que le conceden los hechos.

Aquí oí
stories of la Llorona followed,
con miedo de dormir, or listening
for La Sirena or El Gallo
to fill Chalupa spaces, ansiosa de ganar.

En ese ambiente de dos países, en esta multiculturalización, dos idiomas que se arraigan en la sangre, la autora plantea el poema en lengua inglesa como parte de su yo. Sin embargo, las raíces que permanecen, su hispanidad, le exigen incorporar elementos propios de su gente, porque al llamárseles a esos elementos con palabras en otro idioma pierden su esencia.

Mi mamá cruzó su destino y el mío
de un lado del río hasta aquí.

La autora se refiere nuevamente a las raíces, al origen. Hablar de hispanos en el sur de los Estados Unidos es también hablar de río, de puente, de mezquites, de destinos y todos aquellos elementos que se desplazan, a veces estáticos como en una pintura al óleo, por los ambientes que circundan a la escritora.

Tu abuelita a tu lado,
cerca de tía Adelita,
y un angelito en el rincón,

Los personajes de la familia irrumpen de repente en algunos versos. Porque hablar del origen, de las raíces, de la madre, es hablar también de los parientes. Porque la familia es un elemento central en la hispanidad de la gente.

El mes de María,
Nuestra Virgencita
nos acerca
a su Hijo que guía
el camino a la santidad

Los elementos de la fe católica surgen con frecuencia en los poemas de este libro: la Virgen Morena, el Miércoles de Ceniza, la Misa, el Padre. Aquí la poeta nos deja ver las figuras que son centrales en su vida cotidiana como si estuviéramos en una Iglesia.

La primera voz que oí de Brenda Nettles Riojas es un acercamiento muy concreto a las raíces de la poeta, a su visión sobre los hechos que marcaron con relevancia su conducta, a su espléndido entorno en una infancia vivida con amor y ternura, un atisbo a la voz amada de la madre, a los recuerdos que nos quedan cuando se vive en plenitud dentro de la familia.

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