viernes, 23 de octubre de 2009

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(Imagen: "Oleaje", Ramiro Rodríguez)

A Lidia Díaz

Me gusta que te guste la poesía,
me gusta que te apasiones por la palabra.
La poesía nos hace entes más humanos
y es benéfico
                     para los astros.

La palabra poética nos inunda en el campo,
en mares indómitos de la lengua.
Corremos por caminos rocosos del sol
y nos petrificamos
en la catarsis
                     de la materia.

Me gusta que te guste la poesía,
me gusta que te abalances sobre los insectos
para fabricar estatuas
                                  en la memoria,
que abras el frasco de la creación compleja,
de líquidos suaves,
                              de aromas rotos
y navegues sobre el oleaje de los pájaros
en intento
                de conquistar el viento.

lunes, 19 de octubre de 2009

La mentira piadosa de Don García


Una de mis obras clásicas favoritas es La verdad sospechosa del dramaturgo novohispano Juan Ruiz de Alarcón (1581-1639). La leí durante mi asistencia a la universidad, como requisito de la clase de literatura mexicana. Después la releí cuando tomé la cátedra "El siglo de oro" en mis estudios de posgrado. En esta ocasión escribí este texto como una propuesta de análisis literario sobre la obra. Tratando de cuidar el lenguaje de la obra original y el espíritu de la misma, le di al texto de Ruiz de Alarcón un desenlace distinto al agregarle una escena.

Don García se enamora de Jacinta, a quien llama Lucrecia, por el lamentable error de Tristán, criado de Don García. Éste es un hombre que tiene la vocación de mentir, y arma tales enredos, que termina comprometido en matrimonio con Lucrecia, siendo que él amaba a Jacinta. En la escena que agrego, muestro a Don García, magistral en el arte de mentir, que le confiesa a Lucrecia "la verdad" que nadie se atreve a creerle, sólo ella.

Aquí reproduzco la escena, tal y como la escribí en 1997.


LA MENTIRA PIADOSA DE DON GARCÍA

Acto Tercero
Escena XV
Don García, Lucrecia. A solas.

Lucrecia:
   No me es posible creer
   que vos mintáis de mil modos.
   La argucia vulgar me asombra,
   cambia el engaño en escombros
   lo que admiración ya fuese
   antes de asumilla un robo.
   No encuentro elección de acto
   si obedecer a mi asombro
   o escuchar en voz del padre
   la sentencia en que me ahogo.

Don García:
   Lucrecia, señora: escucha
   mi verdad de hombre amoroso
   pues amándoos mintiese
   para alcanzar buen propósito.
   Quiero que comprendáis: tuve
   del sol que alejarme pronto
   porque, es cierto, quise entonces
   nuestra unión en matrimonio.
   Sé bien que Jacinta envidia
   el amor en vuestro entorno
   y el hecho os postra en ventaja
   de ella y de otras y de otros:
   éstos, que mi suerte envidian
   y ellas que odian vuestro gozo
   pues Jacinta no es la única
   que buscaba hallar mi hombro.
   Mas sólo vos lo tenéis
   y lo disfrutáis vos sólo
   por siglos que han de venir
   para encontrarnos sin odio.
   Jamás vi verdad tan cierta
   como la que ahora os nombro:
   os amé en las Platerías
   cuando a Jacinta hablé poco,
   de quien ya sabía el nombre
   pero a quien usaba sólo
   para acercarme hasta vos
   a quien rindo honor e imploro
   pues me movía el saber
   más de vuestro cielo hermoso,
   comprender vuestra belleza
   semejante en brillo al oro
   y que en noches de silencio
   matan el sueño con dolo.

Lucrecia:
   ¿Es verdad lo que decís?
   ¿Conocéis noches de insomnio?

Don García:
   Tan cierto como que hablo
   y asimismo hablan los ojos
   que os auscultan fijamente
   con ferviente amor, y enojo:
   aquél, porque yo soy vuestro
   y éste, por sombras de otros
   que mienten para que huyáis
   del amor que yo os propongo.
   Expulsad cualquier sospecha
   que amenace con destrozos.
   Ved, Lucrecia, lo que advierto
   porque seré buen esposo.

Lucrecia:
   ¿Me amáis de verdad, García?

Don García: (Dánse las manos)
   Desde antes del sacro polvo.
   Con fuerza de viento os amo
   y os amo con bravo aplomo.
   Y si he mentido es por gusto
   de explorar vuestros arroyos
   y encontrar vasta frescura
   que hace largo tiempo invoco.
   No os fiéis vos ya de Jacinta,
   de Don Beltrán, del gracioso,
   pues mi verdad es auténtica
   ante Dios y entre nosotros.
   (Ap.) Perdonad que jure en vano,
   Dios; es por honor y gozo.

De Claustros vedados al penitente (E. A., 2000)


Imagen: biografiasyvidas.com

martes, 6 de octubre de 2009

Profesor comparte su visión


Profesor comparte su visión en "Cosmogonía"

Por Graciela L. Salazar

(...) La presentación del libro de Ramiro Rodríguez, profesor del departamento de Lenguas Modernas, será a las 7:15 p.m. en el salón de conferencias del tercer piso del edificio SET-B.

"Es un libro que reúne un promedio de 100 poemas que hablan sobre mi visión muy personal acerca de lo que es el poema, lo que es el poeta", dijo Rodríguez. "Digamos que son reflexiones pero de manera poética sobre mi concepto o mi visión sobre lo que es la poesía".

Él explicó que cosmogonía es el universo.

"Cosmogonía se refiere al tratado o al estudio del universo, del cosmos", platicó. "Entonces, Cosmogonía de la Palabra es una manera de poner, por ejemplo, el universo de la palabra".

El libro, publicado en diciembre del 2008, contiene poemas desde el 2005.

"Cada uno de esos poemas es una parte de mí, una parte de mi visión, es un fragmento de lo que soy, inclusive fragmentos de lo que no soy también podemos encontrar en esas páginas", señaló el autor.

Cosmogonía de la palabra se divide en cinco capítulos.

"Tienen que ver con cada uno de los sentidos del ser humano, sentido de la vista, sentido del tacto, sentido del gusto", mencionó Rodríguez. "Cada poema que está en cada uno de los capítulos está relacionado con alguno de los sentidos".

El poemario de Rodríguez se editó con un recurso económico otorgado en el 2008 por el estado mexicano de Tamaulipas.

"Se me concedió el Premio Estatal de Poesía ‘Altaír Tejeda de Tamez’, que otorga la Secretaría de Educación en Tamaulipas y, con ese recurso, es como surge la edición de Cosmogonía de la palabra", expresó el profesor.

Rodríguez comentó que, para él, compartir lo que escribe es una necesidad.

"Pienso que todos los seres humanos tenemos capacidades, tenemos sensibilidad, tenemos creatividad", explicó. "A mí me gusta canalizarla a través de la poesía, a través del cuento, a través del ensayo, a través del teatro, que es lo que escribo. Me satisface poder compartir lo que puedo hacer".

"Cosmos", uno de los poemas incluidos en el libro, tiene un valor muy personal para Rodríguez.

"Hago una especie de reflexión sobre lo que es la creación poética pero en relación con mi pareja", dijo. "Hablo de mi esposa, por ejemplo, pero en relación con la poesía. Muchos podrían decir pareciera que habla de su pareja amorosa, pero otros podrían decir que su pareja es la poesía. Es un poema que me parece especial".

Juan Antonio González, profesor en el departamento de Lenguas Modernas, ya leyó el libro.

"Me gustó, está bien escrito, es un libro excelente", mencionó González. "Es un punto de vista muy personal de lo que es la obra poética. … Nos da una visión muy personalísima de lo que significa el poetizar".

González opinó acerca del poemario de Rodríguez.

"Es como la comunión del poeta con la creación", platicó. "Es la búsqueda de esa sustancia en las palabras que van conformando los versos que confluyen en la estrofa para formar el poema".

González recomendó leer el libro.

"Lo recomendaría ampliamente, es una visión personal, pero es una visión muy elogiable de un autor excelente que ha obtenido varios premios estatales de poesía", concluyó. (...)

El poeta también es profesor en TSTC (Texas State Technical College) y en la Escuela Secundaria Juan José de la Garza de Matamoros.

Otros de los libros de Rodríguez son: Claustros vedados al penitente (2000), Alfalogías (2001), Destiempo (2002), Desierto Azul (2005) y Letras en el estuario (2008), que será presentado en el mes de noviembre durante el Octavo Congreso Binacional Letras en el Estuario que organiza UTB/TSC y el Ateneo Literario José Arrese de Matamoros. (...)

El evento forma parte del festejo del Mes de la Herencia Hispana en UTB/TSC y es auspiciado por el departamento de Lenguas Modernas y el club Café Literario.


Nota tomada del: Collegian Online
Foto: Elizabeth A. Perez/Collegian

sábado, 3 de octubre de 2009

Espiga de trigo


A Rosa Elva Paz Treviño

La mujer que muere un cuatro de octubre
es espiga de trigo destinada a los pájaros,
jardín de estatuas, llovizna clara en el otoño.

Es árbol de aguacate en el patio de su casa,
caligrafía de mi nombre en la piedra
Su aroma de almendras puebla la memoria
en chispazos luminosos de madreselvas.

La mujer que besa los labios de los ríos
se bebe el cielo inundado de vinos perpetuos,
se conmemora de viento, se agiganta,
desdibuja en el polvo sus pétalos de rosa
una tarde de memoria piadosa con los labios,
se consuma de dimensiones para tatuarse
de violines abstractos en altares de iglesias.

La mujer que muere un cuatro de octubre
extiende sus alas de mariposa monarca.
Ya son mil noventa y cinco noches sin rostro
en las intuiciones líquidas de la melancolía.

Sin embargo,
la contemplo en el viento,
la recuerdo cuando celebro el fruto de mayo
en el árbol enorme que ofrece su sombra.


De Ritual de la tierra (ALJA Ediciones, 2012)