lunes, 19 de octubre de 2009

La mentira piadosa de Don García


Una de mis obras clásicas favoritas es La verdad sospechosa del dramaturgo novohispano Juan Ruiz de Alarcón (1581-1639). La leí durante mi asistencia a la universidad, como requisito de la clase de literatura mexicana. Después la releí cuando tomé la cátedra "El siglo de oro" en mis estudios de posgrado. En esta ocasión escribí este texto como una propuesta de análisis literario sobre la obra. Tratando de cuidar el lenguaje de la obra original y el espíritu de la misma, le di al texto de Ruiz de Alarcón un desenlace distinto al agregarle una escena.

Don García se enamora de Jacinta, a quien llama Lucrecia, por el lamentable error de Tristán, criado de Don García. Éste es un hombre que tiene la vocación de mentir, y arma tales enredos, que termina comprometido en matrimonio con Lucrecia, siendo que él amaba a Jacinta. En la escena que agrego, muestro a Don García, magistral en el arte de mentir, que le confiesa a Lucrecia "la verdad" que nadie se atreve a creerle, sólo ella.

Aquí reproduzco la escena, tal y como la escribí en 1997.


LA MENTIRA PIADOSA DE DON GARCÍA

Acto Tercero
Escena XV
Don García, Lucrecia. A solas.

Lucrecia:
   No me es posible creer
   que vos mintáis de mil modos.
   La argucia vulgar me asombra,
   cambia el engaño en escombros
   lo que admiración ya fuese
   antes de asumilla un robo.
   No encuentro elección de acto
   si obedecer a mi asombro
   o escuchar en voz del padre
   la sentencia en que me ahogo.

Don García:
   Lucrecia, señora: escucha
   mi verdad de hombre amoroso
   pues amándoos mintiese
   para alcanzar buen propósito.
   Quiero que comprendáis: tuve
   del sol que alejarme pronto
   porque, es cierto, quise entonces
   nuestra unión en matrimonio.
   Sé bien que Jacinta envidia
   el amor en vuestro entorno
   y el hecho os postra en ventaja
   de ella y de otras y de otros:
   éstos, que mi suerte envidian
   y ellas que odian vuestro gozo
   pues Jacinta no es la única
   que buscaba hallar mi hombro.
   Mas sólo vos lo tenéis
   y lo disfrutáis vos sólo
   por siglos que han de venir
   para encontrarnos sin odio.
   Jamás vi verdad tan cierta
   como la que ahora os nombro:
   os amé en las Platerías
   cuando a Jacinta hablé poco,
   de quien ya sabía el nombre
   pero a quien usaba sólo
   para acercarme hasta vos
   a quien rindo honor e imploro
   pues me movía el saber
   más de vuestro cielo hermoso,
   comprender vuestra belleza
   semejante en brillo al oro
   y que en noches de silencio
   matan el sueño con dolo.

Lucrecia:
   ¿Es verdad lo que decís?
   ¿Conocéis noches de insomnio?

Don García:
   Tan cierto como que hablo
   y asimismo hablan los ojos
   que os auscultan fijamente
   con ferviente amor, y enojo:
   aquél, porque yo soy vuestro
   y éste, por sombras de otros
   que mienten para que huyáis
   del amor que yo os propongo.
   Expulsad cualquier sospecha
   que amenace con destrozos.
   Ved, Lucrecia, lo que advierto
   porque seré buen esposo.

Lucrecia:
   ¿Me amáis de verdad, García?

Don García: (Dánse las manos)
   Desde antes del sacro polvo.
   Con fuerza de viento os amo
   y os amo con bravo aplomo.
   Y si he mentido es por gusto
   de explorar vuestros arroyos
   y encontrar vasta frescura
   que hace largo tiempo invoco.
   No os fiéis vos ya de Jacinta,
   de Don Beltrán, del gracioso,
   pues mi verdad es auténtica
   ante Dios y entre nosotros.
   (Ap.) Perdonad que jure en vano,
   Dios; es por honor y gozo.

De Claustros vedados al penitente (E. A., 2000)


Imagen: biografiasyvidas.com

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