sábado, 19 de junio de 2010

José Saramago duerme

Las letras mundiales están de luto. No más palabras nuevas desde la pluma del escritor portugués José Saramago (1922-2010). Apenas ayer, 18 de junio, se cerraron sus ojos, se petrificó su cuerpo. Pero las palabras guardan su nombre en la memoria de los pueblos. José Saramago duerme.

Un mes antes había terminado de leer Caín (2009), novela irreverente pero deliciosa, de prosa fluida y de lectura difícil de posponer. Hay libros que causan adicción. En efecto, antirreligioso hasta las raíces, con tendencia firme al materialismo histórico. Un hombre extraordinario al momento de recrearse en la palabra. Bien merecido el Nobel de Literatura 1998.

A través de caín, el asesino de abel (así, con minúscula), hice un recorrido por espacios conocidos desde mi infancia, después de leer los primeros libros del Antiguo Testamento. Con una prosa donde la inserción del diálogo se funde con la voz narrativa, conocí a un caín irrespetuoso, prepotente, humorístico, inteligente. A veces, un caín divertido, insolente, mamoncísimo hasta los tuétanos:

"Y quién eres para poner a prueba lo que tú mismo has creado" (Pág. 39), le dice al señor llamándolo soberbio, entre otros adjetivos no menos escandalosos entre los miembros de la iglesia.

Terminé disculpándole sus manos sangrantes, aunque no justificándolo. Al final del camino, ¿quiénes somos para juzgar las acciones humanas?

2 comentarios:

  1. Me uno a la tristeza. Pues precisamente acabo de acercarme a él con el Evangelio según Jesucristo. Ahora quiero leer caín.

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  2. Te recomiendo Caín, te la vas a pasar bien con este Saramago y con su caín.

    Saludos, Linda.

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