lunes, 19 de julio de 2010

La melancolía hoy



Melancolía en tiempos de inundación y de violencia, en tiempos para sentarnos a llorar en las banquetas ensangrentadas del sueño, en tiempos de lanzarnos como piedras ligeras para rodar por las carreteras como una peregrinación que tiene una manda por cumplir. Fragmentamos nuestras palabras para asfixiar las lenguas de la reminiscencia, las heces de la soledad que gravitan en nuestros ojos, los temores que irrumpen en las puertas de nuestras habitaciones.

Nos implosionamos.

Callar es el estandarte del suplicio.

Hay actos de tristeza que permanecen detrás de nuestros pechos, lágrimas no vertidas que se estancan y que inundan los andamios de estatuas interiores. Pero a los pocos días de habernos creado una muralla para la contención de los cauces, aquellas lágrimas apestan el ambiente y nuestros rostros se vuelven adustos, pétreos, inamovibles.

Nos desconocemos al pasar uno al lado del otro.

Nos olvidamos del entorno.

En ese momento llega el relámpago que ilumina nuestro albedrío. Reconocemos nuestros labios cuando nos enfrentamos a todos los espejos, cuando nos asomamos por las ventanas para cerciorarnos que el día es un ciclo donde el sol muere para renacer al día siguiente, como si nunca hubiera muerto. Nos aceptamos con nuestras carencias y melancolías, con nuestros derechos y obligaciones, con nuestra inserción en la épica moderna.

Abrimos la puerta de la identidad.

A la melancolía se la recibe como a la abundancia y a la plenitud: aprendemos a lidiar con ella y a verla como el evento connatural que se desplaza a nuestro lado. Se la recibe con una sonrisa auténtica y amplísima, aunque a veces el contraste de los colores se despliegue en el lienzo de nuestros rostros.

Le abrimos nuestros brazos como a un miembro de familia. Nos hacemos a su vigilia.

5 comentarios:

  1. El poeta encuentra material poético en todo lo que acontece a su alrededor. Me impresiona el tipo de poeta que eres, Ramiro, a otro nivel :)

    Muchas gracias por las palabras, y a seguirle, que mientras haya por lo menos un ojo lector (ya no pido dos, con uno es suficiente), siempre habrá razón para escribir :)

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  2. Qué tal, Érika. Gracias por las palabras y tu visita. Un abrazo afectuoso.

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  3. Que sean dos... abrazos y nuevos relámpagos.

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  4. Mar y Sol en la Vera, hasta tu nombre se resquebraja de poesía. Saludos.

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  5. Melancolía después de "Alex" Excelente punto de vista mi querido poeta, así quedó nuestro territorio lleno de mealancolía.

    La melancolía no es mas que un vacío atrapado en paredes de cristal, es querer ver más allá del horizonte y tratar de encontrar una respuesta de no se que pregunta que circunda en la razón de un templo llamado humano.

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