martes, 21 de septiembre de 2010

Encuentro de Escritores en UTSA


El escritor es el artesano de la palabra. Modela la figura del texto. Crea y recrea espacios dotándolos con los detalles de su inventiva personal. El escritor también deja constancia infiel e inexacta de los eventos. La historia es harina de otro costal.

El pasado fin de semana, durante los días 17 y 18 de septiembre, días de lluvia y de paseos por el River Walk de San Antonio, noches de España en bares con cantantes y bailarinas de flamenco —exóticas, pero no tan exóticas—, los escritores de Tamaulipas y el Valle del sur de Texas que acudimos al llamado de Alfredo Ávalos y Santiago Daydí-Tolson tuvimos un encuentro con las letras de San Antonio. Desde luego, no hablo de todas las letras en esa región. Pero sí de las de la Sociedad de Escritores Latino/Hispanos de San Antonio. Con el regocijo que nos otorga la amistad, salimos hacia San Antonio Carlos Acosta, Alejandro Rosales, Juan Antonio González, Conchita Hinojosa y Teresa Loera, la madrugada del viernes 17 de septiembre. El café viajó con nosotros, así como la música de los Cadetes de Linares, Shakira y Paquita la del Barrio. Hasta cantantes fuimos por momentos.

En San Antonio nos reunimos con Marcos Rodríguez Leija, Julie Corpus y Javier Villarreal. Pagamos cuatro dólares con cincuenta centavos ese día por utilizar el espacio en el estacionamiento de UTSA, cosa curiosa. Ahí nos reunimos con los dos anfitriones anteriormente mencionados, así como con María Gabriela Madrid, Rebeca Gómez Galindo, Alexandra Botto, Becky Pinet —la maestra de ceremonias—, Lupe M. González, André Csihas, Juan Manuel Pérez, Daniel Weinfield, Ezra Nahmad, Bertha L. Jacobson, entre otros. La lectura fluyó durante un par de horas y media.

La convivencia posterior fue muy singular, interesante y espléndida. Gracias al don de anfitriones de Alfredo Ávalos, los asistentes pudimos compartir los alimentos, así como el vino tinto y las palabras. Una noche inolvidable.

El sábado 18 volvimos a pagar los consabidos cuatro dólares con cincuenta centavos por el espacio en el estacionamiento. Las lecturas continuaron, con la ausencia de algunos que habían leído la tarde anterior. Por las razones que sean, esta situación ocurre muchas veces en los encuentros de escritores. Ya leí, ya me voy.

Comimos en un restaurante después del evento.

Por la tarde esperábamos visitar El Álamo, pero la lluvia cundió por toda la ciudad. Después de colaborar con Alejandro para la formación del Ojo de Cíclope, fuimos entonces de compras a Barnes (gracias, querido Carlos) y a otros centros comerciales en el norte de la ciudad. Las cámaras fotográficas, a la orden del día. Alejandro, con su sueño y cansancio. Juan Antonio que ya tenía que irse. Carlos, con su nostalgia. Conchita y Tere, petrificadas ante el vocabulario estridente de Alejandro. Un servidor con hambre (por eso estoy como estoy). Alfredo tuvo que lidiar con nuestra indecisión para definir el lugar donde cenar. Los únicos que aguantaron estoicos como los héroes que nos dieron patria fueron Julie y Marcos. Aun así, fuimos a parar a un exquisito rincón de España: un restaurante-bar donde la música y el baile flamencos eran ejecutados magistralmente por mexicanos e hispanos de EE. UU. Un paseo por el centro de la ciudad, visita nocturna a El Álamo y al River Walk, un helado de nuez y de fresa. Una noche extraordinaria.

El domingo por la mañana el desayuno continental tan sencillo (cereal, pan, panqueques, jugo de naranja), disfrutado al máximo por la grata compañía. De regreso al Valle, ya mero llegábamos a Laredo por la carretera equivocada. En Robstown no pudimos resistirnos a las hamburguesas norteamericanas de un popular restaurante de comida rápida, de esas enormes que tienen queso y tocino. Ya esperamos con ansiedad al mes de septiembre 2011 para volver volver.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Cosmogonía en UTSA

El Departamento de Lenguas Modernas y Literatura de UTSA
en colaboración con la Sociedad de Escritores Latino/Hispanos de San Antonio
Presentan el libro

Cosmogonía de la palabra
de Ramiro Rodríguez

Dentro de las actividades del Segundo Encuentro de Escritores de la Frontera. 

Comentarios de Juan Antonio González.

Viernes 17 de septiembre, 2010. 6:00 p.m.
Buenavista Building Room 1.322
University of Texas at San Antonio
San Antonio, Texas.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Lento amargo animal



Poema "Lento, amargo animal" del escritor chiapaneco Jaime Sabines, tomado del libro Horal (1950)

sábado, 11 de septiembre de 2010

Encuentro de Escritores de la Frontera


Segundo Encuentro de Escritores de la Frontera en San Antonio. Las letras regionales convergen en el corazón de Texas. Lecturas de creación ensayística, narrativa y poética, en voces ricas por diversas.

Organizado por el Departamento de Lenguas Modernas y Literaturas y la Sociedad de Escritores Latino/Hispanos de San Antonio, el encuentro se realizará los días 17 y 18 de septiembre, 2010, en UTSA Campus Downtown. Gracias al contacto con Alfredo Ávalos y Santiago Daydí-Tolson, narradores y ensayistas de esta ciudad, estaremos asistiendo algunos escritores de Tamaulipas y del Valle del Sur de Texas.

Carlos Acosta (Ciudad Mante), Teresa Loera Loera (Ciudad Mante), Alejandro Rosales Lugo (Ciudad Victoria), Ruth Martínez Meraz (Matamoros), Conchita Hinojosa (Matamoros), Marcos Rodríguez Leija (Nuevo Laredo), Juan Antonio González-Cantú (Brownsville), Julie Corpus (Weslaco), Javier Villarreal (Corpus Christi) y quien esto escribe, nos daremos cita en la ciudad sede para compartir con los escritores de San Antonio y otras ciudades.

En el 2008, algunos de nosotros tuvimos la oportunidad de estar en el Primer Encuentro y la experiencia fue muy buena. Además fue ocasión para construir los puentes de amistad perdurable que nos permite la creación literaria. Gracias a los organizadores por este intercambio, el cual será benéfico para todos los involucrados, los asistentes y las letras de la región.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Sueños





Y noche a noche, la noche,

despierta en cuna la luna, 
buena fortuna es, fortuna,
y cada noche hay derroche.
Que bajo la luna, el coche,
encuentro en Gloria la gloria,
como la histeria en la historia
lo interminable termina,
noches que al sueño destina
la memorable memoria.

De Poemas a propósito (ALJA, 2012)

jueves, 2 de septiembre de 2010

Yo no festejo



Este septiembre no festejo ni mi cumpleaños. Hay tanto luto por morder que no quedan ganas de inundarme de festividades, de sentarme frente a los manteles largos ni de escuchar vítores huecos a la memoria de los héroes que nos dieron patria. Los doscientos años de libertad y de justicia los pospongo para otra ocasión, una donde el estado anímico sea más apropiado, más adecuado con el ambiente cívico y más acorde con la realidad que me circunda. Por lo pronto no festejo. ¿Qué puedo festejar si una sombra negra cubre los territorios de mi patria?

Al abrir los libros de historia encuentro que la historia es la misma. Ya lo dijo León Felipe: “¿Quién lee diez siglos en la historia y no la cierra/ al ver las mismas cosas siempre con distinta fecha?”


Yo no festejo el Bicentenario, amigos, no en este momento ni en estas condiciones. Pareciera que el pesimismo tomara tintes permanentes de cinismo: el pecinismo. Pareciera que la amargura fuera el apellido que siguiera las seis letras de mi nombre. Me vería muy bien en pleno festejo, con fuegos artificiales, música y pendones tricolores ondeando al movimiento jubiloso de mi mano frente a los políticos que proclaman que no pasa nada, mientras las fuerzas armadas de mi país me tratan como si trajera una bomba en mi coche. ¡Cuánta abulia para festejar, sin percatarme de la situación de otros que lloran las ausencias anticipadas de sus deudos!

Creo que debería escuchar menos a los malos periodistas de la radio en mi ciudad, desdibujar los rostros de López Dóriga y de Loret de Mola, y aun el de Lolita, con sus ojos clarísimos de mujer hermosa. Las malas noticias son el polvo que cubre la pantalla de mi televisor, la escarcha que se estampa en las ventanas de mi casa en plena canícula.

Yo no festejo el Bicentenario, señores. La vergüenza que deben estar sintiendo los restos mortales de Hidalgo, Morelos y Ortiz de Domínguez. Me mantengo al margen de las celebraciones cívicas por desánimo, flojera o amargura. Da lo mismo. A mi país lo sacude un fenómeno telúrico peor al de Haití o de Chile, huellas terribles en las páginas de la historia y en la memoria de los ciudadanos.

Este septiembre no festejo ni mi cumpleaños.

Imagen: noticias.terra.es