lunes, 29 de noviembre de 2010

Gaviotas en Playa Bagdad


Cuando comento que la playa es mejor en el invierno, la gente me mira como tratando de recapitular mis palabras, de darse cuenta si escucharon bien o si sólo quise pasarme de listo con mi comentario. Desde luego, no hablo de bañarme en pleno viento del norte. Me gusta caminar por la orilla, bien abrigado, con una taza de café. En el invierno, playa Bagdad está sola. Y en esa soledad la playa toma otra dimensión. Esta práctica se ha extendido ya por varios años, desde que descubrí que la soledad también nos beneficia de vez en cuando. A mi hermana Leticia y a mi sobrina Alejandra también les gusta la playa en el invierno. A Gloria, a mis muchachos.


Este video fue tomado hace un par de años, durante una de esas caminatas que se antojan en el invierno. Es un espectáculo extraordinario ver a las gaviotas y los pelícanos revoloteando, tratando de conseguir el alimento, llenando de sonidos el ambiente y los túneles del oído. Me gusta playa Bagdad, más que la Isla del Padre, u otras playas. Es la playa de mi niñez. 

viernes, 19 de noviembre de 2010

La respuesta



Hoy es una de esas veces, de ésas en que uno se asoma al espejo y espera encontrar imágenes del pasado, precisas y brillantes. Cuando me miro en el espejo convergen los rostros de aquellas personas que me han dejado su huella permanente en el rostro, en el núcleo de los ojos, en las llanuras de la frente. El egoísmo me contempla con sus ojos desnudos. Quisiera ser el creador único de lo que me circunda, el pintor ingenioso de lo que me conviene y lo que me place. Muchas personas han entrado en mi vida y me han llenado de puntos extraordinarios, de tintes diversos y de palabras como tatuajes. Algunas permanecen cerca, muy cerca. Otras navegan lejos, en los mares impíos de la distancia. Pero nunca en la desmemoria, jamás en el olvido. Afortunadamente tú permaneces cerca, tan cerca que la ciudad pareciera no tenerte. Lo digo porque al abrir un libro me susurras, me lees con tu voz suave, pausada. Esa conexión no termina. Me guardas en tu memoria como si yo fuera un objeto de valor incalculable. Me emparientas con el otoño y me haces un acontecimiento cíclico. Todos aspiramos a ser inolvidables. Gracias por recordármelo.

Imagen: fourheartsgallery.blogspot.com

lunes, 8 de noviembre de 2010

La contradicción inefable


(Anécdota de Santo Tomás de Aquino)

Un día Tomás de Aquino
caminaba por la arena,
miraba las lenguas líquidas
con sus palabras dispersas.
En contradicción inmerso
navegaba su conciencia,
se empeñaba en el misterio
que a tantos enmudeciera
y se hacía la pregunta
al fondo de sus creencias:

“¿Cómo es que las tres personas
sólo una persona sean?
¡Oh, cuántas interrogantes
se encienden en mi cabeza!
¡Cuánta oscuridad desborda
de explicación y materia!
¿Es tan inmundo el cerebro
que desencuentro respuesta?
Padre, Hijo, Espíritu Santo…
¿Cómo es que una noción sean?”

Se interrumpió su monólogo
por un pequeño en su senda;
sus brazos y piernas, pájaros
desde el agua hacia la arena.
Se impuso a la interrogante
que reclamaba respuesta
y ante el impulso del niño
para seguir la carrera,
el hombre que lo observaba
trazó en su rostro molestia.

Vio que el infante llevaba
un recipiente en la diestra
y, corriendo sin cansancio,
le robaba al mar su esencia
para vaciarla en un hoyo
que construyera en la arena.
Y Santo Tomás de Aquino,
con su enojo y su extrañeza,
le interrumpió su inquietud,
le preguntó en impaciencia:

¿Cuánto te desbocas, necio,
de aquí hacia allá en tu demencia,
un recipiente entre manos
y sin descanso en tu empresa?
Continuó el niño sus pasos
con más ahínco y más fuerza
y en el candor de su esfuerzo
le ofreció como respuesta:
¡Pretendo vaciar las aguas
en esta zanja de arena!

El hombre, lleno de asombro,
mofándose en la incongruencia
de las palabras del niño,
le entabló una reprimenda:
¿Cómo quieres, niño absurdo,
vaciar las aguas completas
dentro de ese hoyo inconcluso
que tú cavaste en la arena?
¿No ves que el mar es inmenso
y esa zanja es tan pequeña?

Sin escucharle el regaño,
sin verle al rostro siquiera,
el niño, sin detenerse,
le dijo al hombre en la senda:
Y dígame usted, señor,
que conoce las respuestas,
¿cómo es que busca vaciar
la blanca Magnificencia
de la Trinidad Santísima
adentro de su cabeza?

De Moros en la costa (Obra selecta 1992-2002) (ALJA, 2012)

Imagen: moonmentum.com

martes, 2 de noviembre de 2010

Tierra de sed perpetua (ALJA, 2009)



Tierra de sed perpetua (ALJA, 2009) es una colección de veinticinco textos poéticos sobre el ambiente físico, la naturaleza, la gente, las costumbres y la sociología de Minas de Barroterán, Coahuila. No es un texto histórico, sino una manifestación lírica desde una perspectiva personal del autor. El libro fue presentado el 1 de octubre, 2010, en la Universidad Tecnológica de Matamoros.