sábado, 26 de marzo de 2011

Cementerio clandestino


Aristóteles es un asesino de perros. Tiene un cementerio clandestino en el patio de su casa a cuyas espaldas está un monte poblado de mezquites y nopales, serpientes, tarántulas y conejos. Se los regalan a veces, o los compra cuando son cachorros, para que sus hijos malcriados jueguen con ellos como si fueran objetos de madera.

Después de hacerlos pasar hambre y sed, de maltratarlos a golpes porque se pelean entre ellos, de tenerlos encadenados durante el día para que no se salgan a morder a un cristiano, los que logran sobrevivir por azares del destino terminan con las patas al aire, desenterradas en sus tumbas grotescas. Algunas veces se desencadenan en su desesperación por hallar libertad. Luego se escuchan peleas furiosas entre ellos mismos como consecuencia del malpaso. Aristóteles toma su pistola cuando se harta del caos y les pone un disparo que los calla para siempre. Luego cava tumbas a menos de medio metro de profundidad y ahí arroja a sus víctimas en turno.

Cuando alguno de los niños sale al patio con el propósito de enredarse en travesuras, los perros que son desatados llegan hasta la tumba más reciente para escarbar y comerse los cuerpos descompuestos de sus compañeros de infortunio. Tanta es el hambre. De estos actos son testigos los hijos de Aristóteles, que no sé por qué se llama así, si no piensa. Y si lo hace, todo parece confirmar que lo hace con los pies. Tal vez piensa con los sinsabores de su frustración. La frustración humana puede desencadenar las bestias de conductas incomprensibles.

Después de algunos días, el patio y el monte se llenan de una pestilencia insoportable. Las moscas se convierten en sábana negra, en vibrante aglomeración de alas sobre el montículo de tierra que mal cubre el cadáver del animal asesinado. Los gusanos empiezan a brotar para ser tragados por algunos pájaros que se acercan al banquete.

Los hijos de Aristóteles se quedarán con estas imágenes fijas en su memoria. ¿Qué irán a hacer con las mascotas que en su edad adulta les compren a sus hijos? Nunca lo sabremos.

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