domingo, 5 de junio de 2011

Puertas


Una puerta se cierra, dos se abren. La vida está llena de puertas que se cierran, puertas clausuradas, puertas calladas para siempre. A veces el impulso que las cierra es engendrado con tal rabia que la puerta se rompe, se inutiliza, queda sellada para alguna persona que quisiere abrirla. Estas son puertas maltratadas, víctimas de gente sin escrúpulos que no se detienen a pensar el daño que causan con actitudes como ésta. El pasillo por el que caminamos está lleno de puertas tan cerradas que a veces las confundimos con la pared en un extraño fenómeno de mimesis. Caminamos tan de prisa que las puertas parecen integrarse a paredes infinitas.
En ocasiones somos nosotros mismos quienes las cerramos para siempre. Tal vez si las cerráramos con cuidado, las puertas permanecerían en buen estado por si quisiéramos regresar alguna ocasión para reabrirlas. Nunca es conveniente clausurar la puerta que cerramos. Cuando alguien más nos cierra la puerta, otras se abren: dos, tres, diez. La actitud es la llave que abre puertas.
La habilidad para abrirlas se multiplica al paso del tiempo. La visión, la pericia, la fortaleza en la mano para girar el picaporte. Siempre con los ojos buscando otras puertas que pudieran abrirse para nuestros propósitos y proyectos. El día en que dejemos de ver puertas, de abrir puertas, empezaremos a ser otros que no somos.

Imagen: agroterra.com

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