Cargo a mis muertos como flores rojas entre mis
brazos, como burbuja que crece al paso vertiginoso de los años. Cargo a mis
muertos con el sudor en mi frente como señal impuesta por Dios para caminar por
las tierras del mundo.
Mis
muertos son memoria en mis soledades, pan sobre la mesa cuando el hambre entra
a mi cuerpo con su violencia de siglos, espejos donde me veo en algún futuro
incierto, símbolos de compañía cuando el cansancio me vence por las noches.
Mis
muertos tienen nombres múltiples, luminosos, sonoros como sonido de violines:
María Socorro Martínez Garza, Luciano Rodríguez Rodríguez, Ramiro Rodríguez
Martínez, Luciano Rodríguez Martínez, María del Socorro Rodríguez Martínez,
María Garza Cisneros, Enrique Martínez Santana, Humberto Martínez Garza,
Armando Martínez Garza, Héctor Martínez Garza, René Villarreal, Eleazar
Benavides Guerra, Arturo Martínez Echazarreta, Cristina Indira Garza Rodríguez,
Rosa Elva Paz Treviño.
Mis
muertos son míos porque me cuestan un poco de mi vida conforme experimento su
ausencia. Al morirse ellos, también se muere un poco uno. Algo de nosotros se
llevan dentro de sus ataúdes. Algo escondido entre sus manos.
Mis
muertos, en realidad, no están muertos: viven mientras vivo.

0 comments:
Publicar un comentario