martes, 1 de noviembre de 2011

Mis muertos


Cargo a mis muertos como flores rojas entre mis brazos, como burbuja que crece al paso vertiginoso de los años. Cargo a mis muertos con el sudor en mi frente como señal impuesta por Dios para caminar por las tierras del mundo.

Mis muertos son memoria en mis soledades, pan sobre la mesa cuando el hambre entra a mi cuerpo con su violencia de siglos, espejos donde me veo en algún futuro incierto, símbolos de compañía cuando el cansancio me vence por las noches.

Mis muertos tienen nombres múltiples, luminosos, sonoros como sonido de violines: María Socorro Martínez Garza, Luciano Rodríguez Rodríguez, Ramiro Rodríguez Martínez, Luciano Rodríguez Martínez, María del Socorro Rodríguez Martínez, María Garza Cisneros, Enrique Martínez Santana, Humberto Martínez Garza, Armando Martínez Garza, Héctor Martínez Garza, René Villarreal, Eleazar Benavides Guerra, Arturo Martínez Echazarreta, Cristina Indira Garza Rodríguez, Rosa Elva Paz Treviño.

Mis muertos son míos porque me cuestan un poco de mi vida conforme experimento su ausencia. Al morirse ellos, también se muere un poco uno. Algo de nosotros se llevan dentro de sus ataúdes. Algo escondido entre sus manos.

Mis muertos, en realidad, no están muertos: viven mientras vivo.

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