miércoles, 28 de diciembre de 2011

La metafisica palpable



LA METAFÍSICA PALPABLE. UNA PERSPECTIVA DE PROSAS RIMADAS
DE JOSÉ ARRESE FALCÓN.

A lo largo de los siglos, muchos poetas han descendido por las escalinatas de la conciencia para explorar el universo íntimo, el que está más allá de la carne y los huesos, los órganos y la sangre, el universo del que se habla pero que no se mira, el que existe pero que no se palpa con los surcos dactilares. El universo desconocido hacia el que navegamos después de pasar por los elementos tangibles de la tierra, después de emparentarnos con la cronología y lo visible.

El poeta regiomontano José Arrese Falcón (1851-1917), radicado en H. Matamoros, Tamaulipas, durante su etapa profesional y hasta su muerte, publica un solo libro en 1904, Prosas rimadas, el cual reúne su poesía filosófica con la estructura modernista de la literatura hispanoamericana de la época. Con pretextos más bien sencillos —por ejemplo, dedicatorias a las personas en ocasión de su aniversario o de su fallecimiento, textos a partir de su actividad como docente y periodista—, el poeta rasga sus propias paredes hasta poner el pie en los espacios interiores. Reflexiona sobre la idea y el pensamiento, la muerte y la vida, la física y la metafísica. Busca la comprensión de la humanidad y su origen, sus propiedades y principios, desde su trinchera de experiencia retórica como individuo compuesto de letras. Se desplaza por las columnas de su propio pensamiento con la fijeza de revelarse a sí mismo la concepción humana para aceptarse como entidad pensante.

La muerte después de la vida, el espíritu, la esencia, la metafísica palpable, no con el tacto de las manos, sino con las palabras, con la espuma del entendimiento, con la mirada introspectiva. Ese es el tema central del libro y de estas reflexiones, a partir de su lectura. No es un tema nuevo, por supuesto. Grandes poetas de todos los tiempos, incluyendo aquéllos de su propia época, han abordado el tema de la vida y la muerte. El poeta nicaragüense Rubén Darío dice en su poema “Lo fatal”:

¡y no saber adónde vamos
ni de donde venimos! (1)

En Prosas rimadas, José Arrese cuestiona la sujeción del ámbito humano a la fugacidad natural de los objetos, a la estancia efímera de los suspiros. No discurre sobre la materia que nos conforma, sino en lo que hay más allá del momento en que el cuerpo deja su carácter dinámico para transformarse en polvo sin movimiento. En el poema “A la memoria de Alfredo Torroella”, el poeta regiomontano-tamaulipeco dice:

Es triste creer la humanidad formada
tan sólo de materia,
¡condenada a vivir en la miseria
para volver a convertirse en nada! (2)

El poeta se resiste a la creencia de la fugacidad humana. Sostiene que debe haber algo más a partir del momento en que el cuerpo deja de moverse para siempre, cuando el sistema de irrigación sanguínea se detiene para siempre. Años después, con esa necesidad de resistirse a la alternativa de la fugacidad humana, el poeta mexicano Xavier Villaurrutia diría en “Nocturno miedo”, incluido en el libro Nostalgia de la noche:

El miedo de no ser sino un cuerpo vacío
que alguien, yo mismo o cualquier otro, puede ocupar,
y la angustia de verse fuera de sí, viviendo,
y la duda de ser o no ser realidad. (3)

En el poema “Dios”, José Arrese reflexiona sobre el espacio ubicado más allá del espacio físico, más allá del silencio definitivo del cuerpo, el ultraespacio, en el que cree con la devoción que dicta la fe:

El infinito existe (4)

Desde su perspectiva de observador metódico, de alzarse sobre las cosas como testigo de los acontecimientos que circundan al ser humano —aunque la observación y su carácter de testigo sean producto de la fe—, el poeta define al hombre desde el ángulo preciso en que se ubica su convicción personal:

Seres compuestos de materia y alma. (5)

El temor a los elementos desconocidos —temor en el sentido de respeto hacia aquello que no se puede probar como teoría— no es sólo un sentimiento, sino una actitud en la que navega la humanidad del hombre y la mujer. Desde pequeños se nos hereda la creencia, desde el momento en que nuestra madre nos amamanta, de que existe el universo físico, el que tocamos, el que vemos, el que olemos, el que se comprueba a través del encanto de los sentidos; y el universo invisible, el que está más allá de las cosas que se posan sobre la tierra y que gravitan en el espacio, al que se llega de manera irreversible cuando los ojos se cierran para siempre. En el mismo poema, Arrese llega a la conclusión premeditada, según su entendimiento individual de las cosas:

Hay, pues, dos universos: el sensible
y el moral, misteriosos y profundos,
el uno material, el de los mundos:
el otro, de las almas, invisible. (6)

Para llegar a la conclusión que defiende la existencia del más allá, José Arrese reflexiona sobre un tema constante en la literatura de todos los tiempos: la muerte, ese estado final en el que el cuerpo, como señalara en el siglo diecisiete la célebre poeta mexicana del hábito religioso, es cadáver, es polvo, es sombra, es nada (7). En el poema “Ante las cenizas de los niños María y Leopoldo Cicero”, mediante la retórica ingeniosa de la antítesis, el poeta se pregunta y se responde:

¿Qué es la sombra? La imagen de la muerte.
¿Y qué es la muerte? Nada más que sombra. (8)

La muerte es sombra, contorno, negritud, el color negro que predomina en el texto poético para adjudicarle el ambiente propicio. La evocación de la muerte física que padecen los cuerpos, unos a tiempo, otros a destiempo. Más adelante en la cronología de las letras, en los andamios de la literatura mexicana de mediados del siglo XX, el poeta veracruzano Neftalí Beltrán diría en el poema “Al sueño”:

Conciencia perseguida, fuerza inerte,
ventana a lo ignorado siempre abierta,
¡oh sueño, mitad vida, mitad muerte! (9)

También Jorge Luis Borges establece un paralelismo entre el sueño y la muerte. En su poema “Arte poética”, mediante un ingenioso juego de palabras, el pensador argentino dice:

Sentir que la vigilia es otro sueño
que sueña no soñar y que la muerte
que teme nuestra carne es esa muerte
de cada noche, que se llama sueño. (10)

Como ser humano, temeroso de la vida que hay después de la vida, según los ángulos de su creencia individual, Arrese dice en el poema “En la muerte de la Sra. Francisca de la G. de Villavicencio”:

Y al volver a la tierra lo que es tierra,
lo que del cielo vino, vuelve al cielo. (11)

El poeta tiene la certeza de que dentro del cuerpo —que es la forma— yace el espíritu —que es la esencia. Esta propuesta ontológica se manifiesta en el texto poético “En la velada fúnebre A la memoria del maestro y general Don Francisco Montes de Oca”, donde Arrese establece las anteriores analogías con el objeto de comprenderse a sí mismo como ser finito en la tierra, pero infinito en el espacio denominado “más allá”:

En el cuerpo la vida es pura forma
que ya la muerte en sus entrañas lleva:
la materia se rompe y se transforma,
y (en) la esencia, el espíritu se eleva. (12)

En el mismo poema, Arrese asevera la postura de que la vida y la muerte van de la mano, juntas, aliadas inseparables frente a los seres humanos, como eventos dependientes uno de otro.

Lo que creemos muerte, eso es la vida:
lo que llamamos vida, eso es la muerte. (13)

Años después, el poeta y ensayista mexicano, Octavio Paz, abordaría el mismo tópico en su Libertad bajo palabra, la misma convicción en referencia a lo dicho por Arrese, en el poema”La poesía”:

En su húmeda tiniebla vida y muerte,
quietud y movimiento, son lo mismo. (14)

En el proceso de comprensión de los actos y los eventos humanos, en la observación detallada de los orígenes que engendran el rumbo de los acontecimientos, José Arrese reitera la indiscutible relación entre causa y efecto, señalando que con frecuencia los seres humanos no alcanzamos a comprender la naturaleza de las cosas que nos circundan durante nuestro itinerario de vida. En “Misterios”, poema con la estructura clásica del romance por su carácter narrativo, Arrese enuncia:

Ente miserable el hombre
cuyo obcecado cerebro
no alcanza ni a concebir
las causas de los efectos
sabiendo que sin aquéllas
no pueden existir éstos. (15)

La reflexión filosófica es frecuente en los poemas de José Arrese, una reflexión no sólo estética ni retórica sino, en continuas ocasiones, una propuesta didáctica. En el soneto de perfecta estructura “El tiempo y el espacio”, el autor juega con las palabras cuando dice:

El tiempo y el espacio son engaño:
la eternidad es tiempo sin medida
y el infinito, espacio sin tamaño. (16)

Aunque por momentos sus aseveraciones se presenten como teóricas (el autor no deja espacios en blanco cuando se trata de ser persuasivo, no deja resquicios endebles que ofrezcan posibilidades alternativas), José Arrese confiesa que la propuesta filosófica en su poesía es su visión personal de las cosas. En el soneto “La esencia y la forma” dice:

Es la esencia un arcano indescifrable. (17)

Mediante la manipulación de sus propias convicciones, a través de la inamovilidad de sus creencias ante posibles réplicas o cuestionamientos, con su fe como único testigo, con el planteamiento de respuestas persuasivas para las preguntas humanas respecto al destino asentado más allá de la muerte, el escritor ofrece una manera de palpar la metafísica teniendo como único instrumento el manejo de las palabras, elementos lingüísticos convincentes, herramientas sintácticas categóricas, sobre un tema que siempre será controversial.

Bibliografía:
Arrese, José. Prosas rimadas. Imprenta de El Puerto de Matamoros. México, 1904. Segunda reimpresión, México 1990.
Beltrán, Neftalí. Poesía (1936-1996). Instituto Veracruzano de Cultura. México, 1997.
Borges, Jorge Luis. Obras completas II. Emecé Editores España,  S. A. España, 1996.
Darío, Rubén. Poesía. Editorial Planeta, S. A. España, 2000.
De la Cruz, Sor Juana Inés. Obras Completas Tomo I Lírica personal. Fondo de Cultura Económica. México, 1951.
Paz, Octavio. Obra Poética (1935-1988). Editorial Seix Barral, S. A., España, 1990.
Villaurrutia, Xavier. Obras Poesía Teatro Prosas varias Crítica. Fondo de Cultura Económica, México, 1953. Quinta reimpresión, 2006.



(1) Darío, Rubén. Poesía. Pág. 147.
(2) Arrese, José. Prosas rimadas. Pág. 13.
(3) Villaurrutia, Xavier. Obras, Pág. 45.
(4) Arrese Falcón, José. Prosas rimadas. Pág. 3.
(5) Ídem. Pág. 5
(6) Ídem. Pág. 5
(7) De la Cruz, Sor Juana Inés. Lírica personal. Pág. 277.
(8) Arrese, José. Prosas rimadas. Pág. 8
(9) Beltrán. Neftalí. Poesía (1936-1996), Pág. 51.
(10) Borges, Jorge Luis. Obras completas II. Pág. 221.
(11) Arrese, José. Prosas rimadas. Pág. 15
(12) Ídem. Pág. 31
(13) Ídem. Pág. 32
(14) Paz, Octavio. Obra poética 1935-1988. Pág. 104.
(15) Arrese, José. Prosas rimadas. Pág. 151
(16) Ídem. Pág. 251
(17) Ídem. Pág. 252

2 comentarios:

  1. Gracias, Ramiro, por un equilibrado e informativo trabajo crítico de un autor del que no todos somos conocedores.Ciertamente que el tema del dualismo filosófico ha sido a lo largo de los siglos una constante de la lírica hispánica, tal vez incluso antes del que el poeta llamada al alma dormida a despertar y contemplar "cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte tan callando".
    Mis felicitaciones.
    stgo

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  2. La obra de José Arrese, aunque breve, se distingue por su perfección estilística posmodernista, así como por el manejo extraordinario del lenguaje y el concepto. Gracias por tu lectura, Santiago.

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