lunes, 27 de junio de 2011

Los animales negros y el esclavo


LOS ANIMALES NEGROS Y EL ESCLAVO
En El reino de este mundo


Había sido mosca, ciempié, falena, comején, tarántula, vaquita de San Antón y hasta cocuyo de grandes luces verdes.” [1]
Gansos, caballos, cerdos, moscas, cisnes, toros, lebreles, gallinas, iguanas y otros animales domésticos y salvajes, aparecen con frecuencia en los escenarios literarios de El reino de este mundo, novela del escritor cubano Alejo Carpentier. Estos animales no son elementos que surgen como consecuencia del azar o como producto de la casualidad durante el proceso creativo, sino que el autor premedita su existencia en el ambiente físico del texto, planea su desplazamiento y la razón de su aparición. Es decir, los elementos fortuitos pierden su significación en los espacios de la obra literaria. Es posible observar cierto paralelismo entre los paradigmas de fauna antes mencionados y los hombres blancos y los esclavos negros. En general, el esclavo aparece relacionado con la figura animal de atributos pobres, de características salvajes, inclusive de pequeñez que raya en insignificancia. En cambio, al hombre blanco se le atribuyen aspectos admirables, comparables con animales inteligentes, de fiereza peculiar, con predominio abrumador sobre la posición de otros animales:
Había príncipes duros como el yunque, y príncipes que eran el leopardo...” [2]
Mackandal —uno de los personajes centrales de la novela, y esclavo, también— tiene el asombroso poder de recurrir a la metamorfosis corporal con la finalidad de alcanzar la figura de algún animal premeditado. En este recurso estilístico radica lo real–maravilloso que el escritor cubano aduce en el prólogo de la obra, en donde la fe de los esclavos es de inamovible firmeza, magnitud extraordinaria y eminente intensidad, situación que nos permite pensar en la posibilidad de las extrañas transformaciones que padece el negro Mackandal:
Una iguana verde se había calentado el lomo en el techo del secadero del tabaco; alguien había visto volar, a medio día, una mariposa nocturna...” [3]
Aunque el ritmo de vida del esclavo es agobiante y agotador, el trabajo en el campo, intenso, y la alimentación, en reiteradas ocasiones, inadecuada, su complexión física es de admirable fortaleza. El esfuerzo por su trabajo cotidiano, la exposición diaria al sol del Caribe y la agresión rutinaria del amo, no aniquilan la fuerza interior que se desdobla dentro de su cuerpo flagelado por la furia de estos elementos. Por el contrario, su condición se fortalece. Así, la alusión sobre animales fuertes y vigorosos en relación al esclavo es poco frecuente en el discurso narrativo:
Había elegido sin vacilación aquel semental cuadralbo, de grupa redonda, bueno para la remonta de yeguas que parían potros cada vez más pequeños.” [4]
Mientras que la aparición de animales durante el transcurso de la obra representa una frecuencia relevante, la mención de cosas u objetos negros u oscuros crea también un sistema de imágenes muy estrecho con el posible tema central de la obra: el esclavismo agobiante y la cotidianidad maravillosa de los negros en Haití a finales del siglo XVIII. Los objetos negros aparecen de manera reiterada, situaciones donde predominan sombras y oscuridades, elementos naturales —como la misma negrura de la noche— que vienen a crear una correspondencia absoluta con la situación vivencial de los esclavos:
 “Como si todas aquellas criaturas de ojos en sombras, que miraban sin mirar...” [5]
Además de la simbología convencional del color negro en la piel, existe la exaltación de la nula relevancia otorgada al esclavo por el hombre blanco: la ausencia de voz para determinar sus inconformidades, la carencia de cualquier manifestación de palabra en defensa del rigor al que era sometido, la pequeñez étnica en la que se postraba al trabajador de las plantaciones del trópico. Vocablos todos emparentados con la negritud, elementos relativos a la oscuridad, el contorno sin detalles definidos a causa de la sombra. En las siguientes citas textuales, los adjetivos “negro” y “carbonizado” cumplen con su función reiterativa de fusionarse con el esclavo:
 “Antes de morir sobre montones de bucráneos negros, de costillares carbonizados...” [6]
La constante alusión a la oscuridad en todas sus posibles manifestaciones, la fijación casi obsesiva por elementos oscuros dentro de ambientes interiores y exteriores, la tendencia a presentar acontecimientos con el poder indiscutible de las manifestaciones plásticas, son recursos ingeniosos que contribuyen a la ambientación de los lugares en donde se desarrollan los eventos. La "madera negra" que encontramos en la siguiente cita bien podía haber sido de otro color. Aquí el empeño por no separarse de la columna vertebral que sostiene las extremidades temáticas de la novela del escritor cubano:
Al pie de pilastras macizas, que sostenían un gran sol de madera negra, montaban la guardia dos leones...” [7]
La conjugación de ambos sistemas de imágenes, relacionados con estrechez al tema central antes mencionado, adquiere mayor importancia con la mención de ciertos animales de piel, pelambre o plumaje negros, como inminente premonición adversa que involucra la inestabilidad del esclavo haitiano:
Los techos estaban cubiertos de grandes aves negras, de cabeza pelada, que esperaban su hora...” [8]
Cuando el autor menciona la presencia del zopilote, lo hace de tal manera que el animal aparece en el ambiente físico donde se desarrollan los acontecimientos en toda la expresión de su fealdad y aspecto grotesco, el ave poco deseada alrededor del ser humano por su intrínseca simbología de muerte. En ocasiones, Carpentier se refiere a otros animales con características en masiva conexión al maligno, como en el siguiente caso en que describe los detalles físicos y habituales del chivo negro:
De noche solía aparecerse en los caminos bajo el pelo de un chivo negro con ascuas en los cuernos.” [9]
Dichos animales negros no sólo eran augurio de padecimientos y males para los esclavos, sino que algunos de ellos eran la personificación de la muerte misma. La tortura y la impiedad con que esos animales eran privados de la vida, refleja el padecimiento inhumano del esclavo en manos de la prepotente tiranía del hombre blanco, quien se empeña en ignorar la postura humana que también caracteriza a los esclavos:
El machete se hundió súbitamente en el vientre de un cerdo negro, que largó las tripas...” [10]
La muerte tremenda del animal es —para el hombre blanco— de la misma naturaleza que la del esclavo, la descripción del espacio donde mueren dichos animales, la condición que antecede y que se deriva también es muestra exacta del trato inhumano:
Más adelante, varios pollos negros, atados por una pata, se mecían, cabeza abajo, a lo largo de una rama grasienta[11]
En la novela El Reino de Este Mundo, el autor cubano relata los cambios históricos y sociales en Haití. En particular, el narrador profundiza en el tópico controversial del esclavismo, el cual adquiere fuerza y expresión mayores con la utilización sistemática de imágenes de animales negros, ya que de este modo permite realidades visuales creadas tras el reflejo casi fotográfico de la situación lamentable que seres humanos inocentes vivieron, en un tiempo transcurrido con la pereza que origina el odio, la desigualdad, el maltrato inhumano, el estrato social, la discriminación de las razas y el sufrimiento.


Bibliografía
Carpentier, Alejo. Obras completas 2. El reino de este mundo. Los pasos perdidos. Siglo XXI Editores, S. A. México 1991.



[1] Carpentier, Alejo. El reino de este mundo, p. 42.
[2] Ídem, p. 24.
[3] Ídem, p. 37.
[4] Ídem, p. 21.
[5] Ídem, p. 108.
[6] Ídem, p. 33.
[7] Ídem, p. 79.
[8] Ídem, p. 33.
[9] Ídem, p. 38.
[10] Ídem, p. 52.
[11] Ídem, p. 76.

Imagen: Wikipedia.

domingo, 19 de junio de 2011

Hombre sencillo


Mi padre es un hombre sencillo.

Sus brazos hablan del ritual de la tierra,
resguardan sus ojos el sol de septiembre.
La humedad del agua inunda su mirada,
el color del polvo se extiende en su rostro
como un poema de Nezahualcóyotl.

Mi padre comenta que las cosas son ásperas,
señala que los caminos son inhóspitos.
Dice que la lluvia es fría en el temblor del invierno,
pronuncia palabras sin adornos ni retórica.

Árboles que callan a la llegada del sueño.

Mi padre se funde con el canto de la tierra,
se desentumece la geometría del oriente.
Llega de las montañas que encierran el viento,
se pierde por las tardes en brazos de mi madre:
se abren las alas de las aves sin tiempo.

Mi padre es un hombre sencillo.

De El ritual de la tierra (ALJA, 2012)

domingo, 12 de junio de 2011

Crónica de Río Bravo/Río Grande

(Escenario. Foto: Gloria Rodríguez)

“Los versos son como las perlas: llagas, / tumefacciones de enfermiza mente / que del poeta la existencia minan / y cruel veneno en sus entrañas vierten.” Así dice el poema “Símil” de José Arrese Falcón, poeta regiomontano, matamorense por adopción, cuando inicié la conducción del Primer Encuentro Binacional de Poesía "Río Bravo/Río Grande", en punto de las siete treinta de la noche en el Teatro de la Reforma, en Matamoros, el día martes 7 de junio, 2011. No podía quedar fuera la voz filosófica de un hombre que ha sido piedra angular en el desarrollo poético del estado de Tamaulipas, desde 1904, año en que publicó su único libro Prosas rimadas.

Una acertada conjunción de esfuerzos en pro de la promoción literaria del Valle del Sur de Texas y del estado de Tamaulipas, y la cultura en la ciudad de Matamoros por parte del Gobierno Municipal encabezado por el Ing. Alfonso Sánchez Garza, del Instituto Matamorense para la Cultura y las Artes dirigido por la Lic. Hilda Corina Ramírez García, el Consulado de México en Brownsville a cargo del Sr. Cónsul Rodolfo Quilantán Arenas, el Festival Internacional de Otoño dirigido por la Sra. Florinda González de Pérez y el Ateneo Literario José Arrese de Matamoros, el cual me honro en presidir desde mayo de 2008.

La Lic. Hilda Corina Ramírez García dio la bienvenida oficial por parte de la máxima institución cultural matamorense mejor conocida como Imaculta. También la Lic. Claudia G. Martínez Castillo, Contralora Municipal, dirigió un mensaje en representación del Ing. Sánchez Garza.

(Federico Fernández, Ramiro Rodríguez, Eduardo Villarreal. Foto: Joaquín Peña Arana)

Esta noche sonaron voces diversas en inglés, español, textos en ambos idiomas por parte no sólo de artistas texanos sino de tamaulipecos. Espejo vibrante de dos culturas. En la primera mesa de lectura intervinieron Roberto De la Torre (McAllen), Raquel Rodríguez Brayda (H. Matamoros), Víctor González Treviño (Reynosa), Antonio Quintero Hernández (Ciudad Mante) y Brenda Nettles Riojas (Harlingen). Posteriormente la segunda mesa conformada por los poetas Conchita Hinojosa (H. Matamoros), Juan Antonio González-Cantú (Brownsville), Melitón Hinojosa (San Benito), Ruth Martínez Meraz (H. Matamoros) y Érika Said Izaguirre (McAllen). En la tercera mesa leyeron los poetas Federico Fernández Morales (H. Matamoros), Arturo Saldaña (Port Isabel), Joaquín Peña Arana (H. Matamoros), Ismael Rubio Torres (H. Matamoros) y Alejandro Cabada Fernández (McAllen). Y en la última mesa, los poetas Alejandro Rosales Lugo (Ciudad Victoria), Julie Corpus (Weslaco) y Eduardo Villarreal de los Reyes (Brownsville).

(Arriba: Ramiro Rodríguez, Melitón Hinojosa, Ismael Rubio, Antonio Quintero, Federico Fernández, Arturo Saldaña, Alejandro Cabada, Juan Antonio González, Eduardo Villarreal, Roberto De la Torre. Abajo: Erika Said, Brenda Nettles, Julie Corpus, Ruth Martínez, Conchita Hinojosa, Raquel Rodríguez Brayda, Alejandro Rosales, Víctor González, Joaquín Peña. Foto: G. R.)

Las voces de los poetas estuvieron disponibles a la venta a la entrada del teatro mediante algunas de sus publicaciones anteriores. Voces desde el Casamata (ALJA, 2010) del Ateneo Literario José Arrese, Escarlata (Ed. Campamocha, 2009) de Alejandro Cabada Fernández, Desnuda memoria (ALJA, 2007) de Conchita Hinojosa, El vampiro de Río Grande (Lago Ed., 2007) de Roberto de la Torre y Cosmogonía de la palabra (ALJA, 2008) de quien esto escribe, entre otras publicaciones.

Los cuatro organismos involucrados en este encuentro de poesía presentarán en breve una edición-memoria del evento, donde se reúne la voz poética de los 19 poetas cuyas voces resonaron en un Teatro de la Reforma concurrido por niños, jóvenes y adultos, situación que nos llena de entusiasmo y gusto al saber que tanto padres de familia como maestros promueven en los jóvenes el placer estético de la palabra. 

domingo, 5 de junio de 2011

Puertas


Una puerta se cierra, dos se abren. La vida está llena de puertas que se cierran, puertas clausuradas, puertas calladas para siempre. A veces el impulso que las cierra es engendrado con tal rabia que la puerta se rompe, se inutiliza, queda sellada para alguna persona que quisiere abrirla. Estas son puertas maltratadas, víctimas de gente sin escrúpulos que no se detienen a pensar el daño que causan con actitudes como ésta. El pasillo por el que caminamos está lleno de puertas tan cerradas que a veces las confundimos con la pared en un extraño fenómeno de mimesis. Caminamos tan de prisa que las puertas parecen integrarse a paredes infinitas.
En ocasiones somos nosotros mismos quienes las cerramos para siempre. Tal vez si las cerráramos con cuidado, las puertas permanecerían en buen estado por si quisiéramos regresar alguna ocasión para reabrirlas. Nunca es conveniente clausurar la puerta que cerramos. Cuando alguien más nos cierra la puerta, otras se abren: dos, tres, diez. La actitud es la llave que abre puertas.
La habilidad para abrirlas se multiplica al paso del tiempo. La visión, la pericia, la fortaleza en la mano para girar el picaporte. Siempre con los ojos buscando otras puertas que pudieran abrirse para nuestros propósitos y proyectos. El día en que dejemos de ver puertas, de abrir puertas, empezaremos a ser otros que no somos.

Imagen: agroterra.com