martes, 6 de marzo de 2012

Se llama Gabriel



Se llama Gabriel. Lo conocí hace muchas páginas. Mi primer encuentro con él fue en aquel pueblo desolado de El Coronel no tienen quien le escriba. Ahí conocí a un Coronel y a su mujer. El café cobró otra dimensión, los gallos de pelea y las cartas que nunca llegaron a mi buzón.
Después hablé con él en “En este pueblo no hay ladrones”, un relato de Los funerales de la Mamá Grande. Nunca he sido bueno para el billar.
Luego de algunas historias de éste y otros libros, abrí las páginas de Cien años de soledad. Aquí es donde el asombro llegó para mover mis ventanas interiores. El ingenio humano puede llegar muy lejos. Primero las intervenciones de los gitanos cuyas novedades eran el único contacto con el mundo exterior. Para José Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán las cosas eran más simples. Para Aureliano Buendía, tener hijos aquí y allá también era simple. Me asalta la realidad mágica para narrar acontecimientos extraños. Aún padezco la peste del insomnio; a veces las aves llegan para morir sobre mi cama; la sangre de José Arcadio Buendía hijo me anuncia la inminencia de los hechos; o veo mariposas amarillas volando sobre la cabeza de Mauricio Babilonia. Desde entonces, les temo a las hormigas.
Tiempo después llegó Santiago Nasar, en Crónica de una muerte anunciada. A veces unos conocen la muerte de otros, menos aquél que la padece.
El amor en los tiempos del cólera vino a confirmar el ingenio de este hombre llamado Gabriel. El amor es para siempre. Florentino Ariza amó sin que los golpes de los años cambiaran su convicción para esperar a Fermina Daza.
Un día encontré el libro Noticia de un secuestro, relato extenso de un acontecimiento que aún padecen muchos pueblos hispanos.
La Memoria de mis putas tristes vino a ser la cereza en la superficie del pastel. El proyecto lúdico-humorístico sigue siendo recordado. Y seguirá.
No todos los escritores tienen el privilegio —casi divino— de verse en vida como un exponente clásico de la literatura.


Imagen: Portada del libro Noticia de un secuestro.

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