lunes, 30 de abril de 2012

Flor de junio


"Flor de junio", A Leticia Sandoval. Autor: Ramiro Rodríguez
Incluido en la antología Sueños al viento (Cofradía de Coyotes, 2010) 
de Eduardo Villegas Guevara.

sábado, 28 de abril de 2012

De la naturaleza y del amor

PRÓLOGO DEL LIBRO DE LA NATURALEZA Y DEL AMOR
DE TERESA LOERA LOERA

Poesía del sonido, sonido poético. Exquisitez poética, poesía exquisita. La poeta desciende por los ángulos multiformes del verso, por las vertientes multitemáticas de la métrica. Libertad espiritual, espíritu libre. El sueño recobra la dimensión neorromántica del tiempo sin tiempo.

La poesía de Teresa Loera Loera es un crisol de voluntades y pretensiones, un híbrido memorable del interior y el exterior, del líquido de los huesos y el alma del viento, un eco constante dando tumbos por las frondas de los árboles y las manos de las estaciones, el vientre del cosmos y la tierra húmeda de los campos. “Verano de tocar”, “verano de ser”. Se agudizan los sentidos, se expanden y se contraen. Y si la poeta toca “con la punta / de los dedos”, el lector la entiende sin temor a equivocarse.

Comunión del lector y de la poesía. Teresa Loera Loera nos ofrece un ramillete espléndido de imágenes cotidianas, que son el cuerpo y la sangre de nuestros sentidos, elementos inadvertidos por nuestra indisposición para aceptar el ritual de la querencia. Porque el hombre común es tan ciego en su rutina que se olvida de la verdadera riqueza que lo rodea: “el tronco del árbol / que en otro tiempo / cobijó el sueño / de los enamorados”.

Carencia de laberintos lingüísticos, despojo de calamidades literarias, la poeta se transmuta de mujer simple a deidad maravillosa. Y lo único que le queda al lector es la esencia irrepetible del momento poético, del clímax al que se asciende sin la mínima atadura de la renuencia. “Cromatismo / en abanico de colores / te manifiestas” y así comparece Teresa ante el lector, rebosante de colorido y de aromas, sencilla, sin los disfraces innecesarios de la retórica vacía, ardiente por el fuego interior de la creación poética.


Ramiro Rodríguez

miércoles, 4 de abril de 2012

Ciencias exactas




Amo las Ciencias Exactas,
concretas claves del juego,
la Física de tu vientre
en el misterio del cuerpo
y el Magnetismo abrumante
de su impactante Segmento.
Amo la simple Aritmética,
Derivada del océano,
explosión de plenitudes
la Estadística del vértigo,
denuncia que se revela
como Binomio de besos,
implosión de la palabra
en la Química del tiempo.
Te confundes en la Estática,
en el Álgebra del fuego,
prolongación inquietante
los Límites de mi templo,
estallido de Vectores,
de fórmulas en el viento,
Leyes de Newton que rigen
Permutaciones sin credo.
Geometría mi lengua
al Ángulo de tus senos,
Logaritmos Naturales
e Hipérboles sin remedio
que ven la Electricidad
en la voz de los encuentros.
Jamás Probabilidad
para nuestro descontento:
el Cálculo Integral viene
en nuestro abrazo perfecto.
Las Ecuaciones del cosmos
descienden como pretexto,
se comprometen de Sigmas
y de Exponentes sin hielo,
de la intrépida Dinámica
que incendia dos universos.

De Moros en la costa (Obra selecta 1992-2002) (ALJA, 2012)