lunes, 2 de diciembre de 2013

Lascivia (ALJA, 2013) en el CEMAVI


El Ateneo Literario José Arrese, el Centro Matamorense para las Artes Visuales y ALJA Ediciones le invitan a la presentación del libro Lascivia (ALJA, 2013) de Ramiro Rodríguez, narrador, poeta y ensayista.

La presentación se realizará el miércoles 11 de diciembre, 2013, en punto de las 6:30 de la tarde, en el CEMAVI, calle Séptima, Abasolo y González. Centro Histórico de H. Matamoros, Tamaulipas.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Transmutación en la UAT


Ayer jueves 14 de noviembre fui invitado para dictar una conferencia sobre la importancia de la lectura para el éxito profesional y personal en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, Ciudad Victoria, así como para participar en un panel sobre la lectura como parte de la formación integral del estudiante universitario al lado de grandes amigos y creadores literarios.


También tuve el honor de presentar el libro Transfiguración (ALJA Ediciones, 2013) cuya intervención analítica del maestro Carlos Santibáñez Andonegui, crítico y poeta de la Ciudad de México, dio mayor realce a mi participación. También compartí la mesa con la escritora defeña NoraIliana Esparza M, amiga entrañable, quien presentó su colección de poemas Dirección opuesta (ALJA Ediciones, 2013).

Grandes momentos con grandes amigos.

Sin oficio ni beneficio en Letras en el estuario 2013


Del 7 al 9 de noviembre se realizó el XII Congreso Binacional "Letras en el estuario" en las ciudades de Matamoros, Tamaulipas y Brownsville, Texas. En esta ocasión presentamos la colección de cuentos Sin oficio ni beneficio (ALJA, 2012) en el Texas Southmost College de la ciudad texana.  


También estuvimos presentando lecturas en diversos foros como la Escuela Primaria Franklin D. Roosevelt, la Universidad del Noreste de México, el Tecnológico de Matamoros, así como en la zona peatonal de Matamoros y en el Centro Comercial Plaza Sendero.

Experiencias nuevas y gratificantes.

martes, 3 de septiembre de 2013

lunes, 22 de julio de 2013

El mismo rostro


Si Sabines dice que la luna se come a cucharadas
yo me atraganto de luna 
naufrago como suicida en su redondez infinita de piedra blanca 
en su pubis húmedo / en sus pezones oscuros
me pongo hasta la madre de escarcha
me orgasmo en su ebriedad
se hunde mi palabra
desvirgo como macho desbocado su feminidad indescriptible—
vuelan los pájaros para alcanzar el óvulo perfecto 
fantasma lúbrico de secretos / el mismo rostro
de sus fases milenarias.


Imagen: Nazario Álvarez

jueves, 6 de junio de 2013

Monseñor Ramírez es el hombre


Los grandes hombres dejan huella indeleble en aquéllos que lo suceden en esta brevedad llamada Vida. Monseñor Roberto Ramírez Hernández es de esos hombres que permanecen en aquéllos que tuvimos el privilegio de conocerlo. Hombre de palabras pausadas, sabiduría abundante y de mucho corazón, digno representante de la Iglesia.

Dice su biografía, publicada en el sitio oficial de la Diócesis de Matamoros: "Nació en Tarimoro, Guanajuato el 19 de agosto de 1922. Inició sus estudios sacerdotales en el Seminario de Morelia, Michoacán y los concluyó en el Seminario Nacional de Montezuma, Nuevo México. Ahí se ordena sacerdote el 22 de marzo de 1947. Prestó sus servicios sacerdotales en la Arquidiócesis de Morelia durante 12 años".

Monseñor, de trayectoria respetable, además de dedicarse al sacerdocio con verdadera vocación y entrega, de ser dinámico promotor del arte y la cultura, fue destacado narrador e historiador en la ciudad de Matamoros. Autor de diversos prólogos y presentaciones de libros diversos, Monseñor impartió múltiples charlas y conferencias sobre historia, arte, cultura y literatura, no sólo de Matamoros, sino de México y otros países.

En la página de la Diócesis de Matamoros se lee: "Fue invitado a la Diócesis de Matamoros por quien fuera su primer Obispo, Mons. Estanislao Alcaraz y Figueroa. Se trasladó a Matamoros en 1959 para trabajar en la Curia diocesana como Canciller y Vicario General. Trabajó en el Seminario como prefecto de estudios y Rector por 18 años. Fue profesor de latín, literatura, historia, filosofía y derecho canónico".

De espíritu afable y actitud cordial, de sonrisa diáfana y mirada franca, Roberto Ramírez cultivó la amistad y la admiración de muchos matamorenses.

Sigue la misma cita: "Su actividad en el terreno cultural fue amplia. Perteneció a la Sociedad Tamaulipeca de Historia, Geografía y Estadística de la que fue presidente. Fue miembro del Patronato de la Casa de la Cultura donde fungió como presidente y de la Asociación de Amigos del Museo Casamata. Como escritor tuvo algunas publicaciones, entre ellas Retablo patrio (1996). Recibió el Doctorado "Honoris Causa" por la Universidad del Noreste de México y fue distinguido por el Santo Padre como Protonotario apostólico supernumerario". 

Publicó Un viejo amor Memorias de un monaguillo (E. A., 2000), un libro donde se aprecia su vocación para las letras. Tuve el privilegio de saludarlo, de platicar con él en numerosas ocasiones y de escribirle este texto poético, publicado por el escritor Eduardo Villegas en el libro Sueños al viento (Cofradía de Coyotes, 2011) y, luego, incluido en el libro Ritual de la tierra (ALJA Ediciones, 2012) de mi autoría. Se despide de los vivos durante la madrugada del 3 de junio de 2013 en Matamoros, Tamaulipas. Descanse en paz, Monseñor Roberto Ramírez Hernández.


SOY EL HOMBRE
  
A Mons. Roberto Ramírez

Soy el hombre a la orilla del río,
mis raíces de árbol beben el agua de la palabra.
En esta soledad de mundo no estoy solo:
Dios camina adelante.
Yo sigo la huella de sus pasos.
Mis manos tiemblan cuando se encaran
sus trazos de vida frente a mi pecho:
la vibración del coloquio que invade mis venas
al saberme hijo predilecto.
Soy el hombre que se mira en el espejo
y el reflejo regresa los labios de Dios:
mi lengua habla las palabras de la Palabra;
mi rostro, los hechos de los Hechos.
Cuando abro mis brazos para atrapar el viento
recuerdo a Aquél que tatuó su cuerpo en la cruz.
Cargo las cruces de otros.
Habla la voluntad de mis actos,
habla el agua que se entrega a los ríos
con los ojos puestos en la espesura del mar.
Soy el hombre en el silencio de su cuarto,
el hombre que junta los rostros de sus manos
para hablar por los otros,
por aquéllos que no tienen palabras.

Imagen: Diócesis de Matamoros

miércoles, 15 de mayo de 2013

Confusión de cuerpos en Tampico


El maestro Alejandro Rosales Lugo, incluido en Confusión de cuerpos Antología de poesía erótica (ALJA, 2013), compilado por Ramiro Rodríguez, presentará esta colección en DegasCafé, Teatro metropolitano, Tampico, Tamaulipas.

miércoles, 24 de abril de 2013

Brevedad urbana en El Mante


Catarsis Revista Literaria, Grupo Literario "Graciela González Blackaller" 
y la Peña Literaria "Carlos R. Fantini"

Tienen el honor de invitarlo a la presentación del libro
Brevedad urbana
del escritor
Ramiro Rodríguez

Este 30 de abril, 2013. 5:00 p.m.
En la Galería de Arte Ramón Cano Manilla

martes, 23 de abril de 2013

El cuento infantil


Charla literaria "El cuento infantil"
Lectura del libro Me narrarré hasta encontrarme (ITCA, 2012).
Viernes 26 de abril, 2013.
Biblioteca Municipal "Benito Juárez".
11:00 horas.
Valle Hermoso, Tamaulipas.

Libros extraordinarios


Este 23 de abril de 2013, Día Internacional del Libro y de los Derechos de Autor, tuve el privilegio de celebrarlo en compañía de los estudiantes del CBTIS 189 de H. Matamoros, Tamaulipas, como parte de las actividades del Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes y el programa permanente de Círculos de Lectura en Tamaulipas.

Pienso en los libros que han marcado mi experiencia de lectura y mi actividad como escritor. 


Desde mi punto de vista, la obra maestra entre todos aquellos ejemplares que han caído en mis manos y que conservo guardado -después de haberlo leído varias veces- en el estante principal de mi área de lectura y creación en casa es, sin pensarlo dos veces, Cien años de soledad (1967), del escritor colombiano Gabriel García Márquez. Seguiéndole apenas a una corta distancia, ubico entre mis devociones literarias a la única novela del escritor mexicano Juan Rulfo, Pedro Páramo (1955), cuya trama fragmentada me parece excepcional. Poco después, entre mis preferencias, encuentro a El mono gramático (1974) del escritor mexicano Octavio Paz, la cual es un extraño híbrido de narrativa, ensayo y poesía.


Después, en un exquisito desorden de títulos y de nombres, llegan como una acumulación caótica de murmullos, de imágenes arbitrarias, entre aromas intensos por conocidos:

Tínisima de la mexicana Elena Poniatowska.
Arráncame la vida de la mexicana Ángeles Mastretta.
El vino de las cosas de la mexicana Elsa Cross.
Nostalgia de la noche del poeta mexicano Xavier Villaurrutia.
El laberinto de la soledad de Octavio Paz.
Versos y oraciones del caminante del poeta español León Felipe.
Coliseo del escritor mexicano Héctor Carreto.
Del amor y otros demonios de Gabriel García Márquez.
* La verdad sospechosa del dramaturgo mexicano Juan Ruiz de Alarcón.
* El amor en los tiempos del cólera de Gabriel García Márquez.
* The Cantos del escritor norteamericano Ezra Pound.
* Elogio de la sombra del poeta argentino Jorge Luis Borges.
* Altazor del poeta chileno Vicente Huidobro.
* Los heraldos negros del peruano César Vallejo.
* Lírica personal de la poeta mexicana Sor Juana Inés de la Cruz.
* Malena es un nombre de tango de la narradora española Almudena Grandes.
* Leaves of grass del poeta norteamericano Walt Whitman.
* Caín del narrador portugués José Saramago.

Tantas otras obras extraordinarias de la literatura escrita en español y lo relativamente poco que he leído en inglés me inducen a crear esta breve lista. Tener un buen libro en manos es una experiencia sensacional.

Brevedad urbana en Ciudad Victoria


Catarsis Revista Literaria y el Grupo Literario "Graciela González Blackaller"

Tienen el honor de invitarlo a la presentación del libro
Brevedad urbana (ALJA, 2012)
Compilador: Ramiro Rodríguez.

Este 29 de abril en el auditorio del Museo Regional
6:00 p. m.
Ciudad Victoria, Tamaulipas.

martes, 16 de abril de 2013

Diálogos sobre poesía


Puente Literario
Presenta
Diálogos sobre poesía

con el escritor tamaulipeco
Ramiro Rodríguez

Lectura de obra y charla con estudiantes de posgrado
sobre poesía y creación

Jueves 18 de abril de 2013, 6:00-7:00 p.m.

Health Sciences & Human Services West 1.122
University of Texas PanAmerican. Edinburg, Texas.
No faltes. Te esperamos.

miércoles, 10 de abril de 2013

El Eco de El Mante 8 de abril 2013

(Para leer, pulse la imagen)

El periódico El Eco de El Mante publica en su sección Suplemento Cultural del 8 de abril, 2013, algunos textos narrativos tomados de Brevedad urbana Antología de microrrelato en la ciudad (ALJA, 2012). Mi agradecimiento para Miguel Ángel Villalobos, dirigente de Colectivo3.

jueves, 28 de marzo de 2013

Brevedad urbana en Reynosa


Llegamos al Parque Cultural Reynosa, un edificio multicolor impresionante, en punto de las tres treinta de la tarde. La presentación de Brevedad urbana Antología de microrrelato en la ciudad (ALJA, 2012) es lo que nos había reunido esa tarde a Conchita Hinojosa (H. Matamoros), Damián González (Reynosa), Víctor González Treviño (Reynosa) y a quien esto escribe. Entre las diversas salas que componen este edificio cultural, la librería fue el espacio indicado para platicar con una treintena de lectores, la mayoría de ellos jóvenes entre dieciséis y veinticinco años. 


Iniciamos con mi intervención. Hablé sobre el proyecto Brevedad urbana, sobre los autores seleccionados en esta edición, sobre mi visión personal del microrrelato o microficción o microcuento o minificción y mi experiencia como compilador de la obra. Hablamos también sobre las citas textuales de Carlos Monsiváis y Orlando Ortiz, sus visiones personales sobre la narrativa mexicana y tamaulipeca, hablamos sobre Víctor Orduña "Shamir" (H. Matamoros), Joaquín Peña Arana (Tampico), NoraIliana Esparza M (D. F.), Alfredo Ávalos (San Luis Potosí) y Mercedes Varela (Tampico). Después leímos nuestros propios textos. 


Al final tuvimos un interesante intercambio de ideas y comentarios con los jóvenes, quienes demostraron su vocación lectora y creativa. Pienso que su asistencia a los círculos de lectura promovidos en ese centro cultural están rindiendo frutos al demostrar conocimiento de la actualidad literaria en Tamaulipas, ya que en los estantes de la librería pudimos ver las recientes publicaciones del Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes (ITCA). Mi reconocimiento público para los coordinadores de la charla, Damián González y Víctor González Treviño, así como para el entusiasmo y atención que demostraron estos jóvenes reynosenses.


Imágenes: Damián González.

domingo, 24 de febrero de 2013

Gobierno, padres, magisterio


Amenecí pensando en aquel viejo libro de Español Uno de Idolina Moguel, uno de mis favoritos en la Escuela Secundaria General No. 1 Lic. y Gral. Juan José De la Garza, a la que asistí de 1978 a 1981. Recordé algunas de sus lecturas que, de tanto leerlas, las memoricé durante algún tiempo: "El terrible Marcos en la calle de San Fuego", "La olla rota", entre otras. Todavía hoy las recuerdo casi en su totalidad. Nuestros padres tenían que comprarnos esos libros para poder realizar nuestros estudios. Unos diez libros con un valor promedio de 120 pesos cada uno: Español, Matemáticas, Biología, Física, Química, Geografía, Historia, Civismo, Inglés y Educación Artística. Los estudiantes teníamos que cargar una mochila que pesaba un mundo, pero lo hacíamos sin que nos costara mayor trabajo que cargarlas, dándole el valor y la importancia invariable a cada uno de nuestros libros. 

Ahora las cosas son distintas. El gobierno les obsequia los libros a los estudiantes, hasta su dotación de cuadernos, mochilas y otros útiles escolares. Lo curioso, lo más triste del caso, es que la gran mayoría de los jóvenes no quiere leer ni escribir. La verdad es que muchos de ellos, en tercer año de secundaria, no saben ni siquiera leer ni escribir. Llevan sus mochilas casi vacías, con la única intención de que en el transporte colectivo se les cobre tarifa de estudiante. Por más que el profesor les insista para que lleven el libro de texto, se niegan a hacerlo, poniendo como pretexto cosas absurdas como la pérdida o el olvido, sin importarles quedarse fuera de la clase (que tal vez sea el objetivo de muchos de ellos) ni reprobar la asignatura. En la clase de español deben llevar un cuaderrnillo de composición literaria. Pero cuando hay composición por entregar, sólo de cinco a diez estudiantes, de treinta y cinco, lo entregan.

Más triste aún es que a los padres de familia no les interesa la situación que están viviendo sus muchachos. Si así fuera, estarían al pendiente de ellos asistiendo a las reuniones de entrega de calificaciones. A los estudiantes se les exige vestir de manera adecuada, con cierto corte de pelo, sin depilación de ceja ya no sólo en las muchachas sino también en los hombres, herencia de las modas musicales caribeñas. Luego comprendemos la realidad que viven cuando vemos a los padres con la presentación física que se les prohíbe a los estudiantes. Caramba, un cúmulo extenso de contradicciones y de inconsistencias que invaden a la educación. 

¿Y los culpables, según la sociedad y las instituciones? Los maestros, claro, sin ser mi propósito proyectarlos como procesión de mártires. ¿Así o más injusto el señalamiento? 

jueves, 14 de febrero de 2013

El tiempo en la poesía de Rafael Alberti


La literatura española es una de las más impresionantes de todos los tiempos. Desde las primeras manifestaciones del castellano ya como lengua durante la Edad media, España ha sido cuna de grandes escritores que han dado solidez a la literatura escrita en la lengua de Cervantes. En el caso concreto de la poesía, España contiene infinidad de voces, diversidad de tonalidades, pero en conjunto conforman una de las literaturas más importantes del mundo: desde Garcilaso de la Vega, Francisco de Quevedo, Luis de Góngora y Argote, Gustavo A. Bécquer, hasta los contemporáneos como Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca, Rafael Alberti, entre otros.

Es consabido que el afán prioritario de la poesía es despertar placer estético en el hombre mediante su lectura. Es el deleite literario, la pasión de la palabra que entra por los ojos para perfumar la sangre. Sin embargo, resulta interesante ir más allá de la palabra hasta encontrar la raíz, el motivo, la libertad dentro del parámetro del verso; y esto se logra al emprender un análisis e interpretación del texto poético.

El Dr. José L. Varela–Ibarra, citando la perspectiva del crítico literario Ricardo Gullón, propone algunos elementos clave que pueden ser considerados en el análisis de textos poéticos. Entre ellos me permito mencionar al tiempo, el espacio y la distancia. Todos estos elementos, de algún modo, nos acercan a la intención primaria que invade al poeta. El Dr. Varela–Ibarra dice:

“El problema del tiempo en la literatura es, al decir de Henry James, el más difícil con que el escritor tiene que luchar. […] No hay, de alguna forma, estructura poética que no sea estructura temporal.” (1)

El tiempo es, para el poeta, lo que él quiere que sea. Es su voluntad o su capricho durante la creación de imágenes. Es el tiempo como barro que el poeta modela a su antojo creando figuras diversas y giros sintácticos originales. De esa ideología surge la potente voz del chileno Vicente Huidobro para apoyar en su “Arte poética” la idea de que “El poeta es un pequeño Dios.” (2)

Porque el poeta es un creador. Y todos los elementos de que se vale son reconstruidos una y otra vez para crear lo increado, para rehacer lo deshecho. En ocasiones, el tiempo es más que tiempo: es destiempo, contratiempo, algo atemporal. Es el tiempo, además un verdadero pretexto, un vocablo lúdico para pequeños dioses como el poeta mexicano Renato Leduc:

“Sabia virtud de conocer el tiempo;
a tiempo amar y desatarse a tiempo;
como dice el refrán: dar tiempo al tiempo
que de amor y dolor alivia el tiempo.” (3)

Considero interesante explorar el manejo del tiempo en la poesía del último exponente de la Generación del 27 acaecido recientemente, Rafael Alberti (n. en Cádiz, 1902–1999). El enfoque de este análisis es sobre el manejo del vocablo “tiempo” y sus múltiples variantes: siempre, nunca, hoy, ahora, miércoles, siglos, etc. Es notorio que cada pieza poética –poema– se ubica en un ciclo, en un ambiente temporal, pero la intención personal es el análisis de la palabra que nos ocupa en el marco poético albertiano.

Para Rafael Alberti lo que no fue en tiempos pretéritos, será factible en tiempos futuros. Y de esta forma lo manifiesta en el poema “Marinero en tierra”, poema 8:

Pirata de mar y cielo,
si no fui ya, lo seré.
Si no robé la aurora de los mares,
si no la robé,
ya la robaré. (Antología poética, p. 19)

El tiempo pasa y si el hombre no ha conseguido lo que busca, el tesón le dará el triunfo. Lo importante es no declinar vez alguna. Declina el día, declina el perdedor, pero nunca aquel que busca el triunfo por encima y debajo de las cosas con el objeto de conseguir lo que ambiciona. En el mismo poema –apartado 29–, Alberti aborda la perspectiva del tiempo que reserva o depara un suceso determinante en la vida:

Si mi voz muriera en tierra,
llevadla al nivel del mar
y dejadla en la ribera. (Antología Poética, p. 19)

Porque el transcurso del tiempo hace presentir al hombre lo que está por venir. Es decir, el transcurso del tiempo permite al hombre vislumbrar las metas que puede alcanzar, los momentos cuya realización debe efectuarse o, simplemente, asumir lo inevitable.

El tiempo transcurre sin observar intereses persona-les, el tiempo carece de compasión y no regresa para enmendar errores. En el poema “Cita triste de Charlot” se comprueba:

Lo más triste, caballero, un reloj;
las 11, las 12, la 1, las 2.
A las tres en punto morirá un transeúnte. (Antología Poética, p. 99)

Vivir atado al transcurso del tiempo. Estar limitado o regido por un par de manecillas es –para el poeta– lo más triste. ¿Es el reloj el tiempo? Pero la marcha del tiempo es imparable –a veces se detiene por instantes, pero sólo a veces– y cada momento morirá una fe, morirá una acción, porque a todos alcanza el rigor extremo del fin del tiempo.

Hay elementos cotidianos que son lo mismo a través del tiempo, sólo con distinta fecha: el mismo mar, el mismo cielo, las mismas sombras y los mismos poetas. (4) Porque los años no logran cumplir la metamorfosis de algunas cosas y Alberti lo pregona en “Invitación al aire”:

Te invito, sombra, al aire.
Sombra de veinte siglos,
a la verdad del aire,
del aire, aire, aire. (Antología Poética, p. 116)

Sombra de veinte siglos, aquello que no cambia a pesar del flagelo de los años, de la evasión de siglos. Un tiempo perpetuo, interminable, un lapso eterno entre dos puntos que no terminan de conjugarse nunca: el tiempo que desconoce final para algunos elementos.

A veces no hay un tiempo que valga, que remedie la problemática del hombre. Es un tiempo que existe sin existir momentáneamente. En “El toro de la muerte” es posible confirmar lo anteriormente expuesto:

No hay reloj,
no hay ya tiempo,
no existe ya reloj que quiera darme tiempo a salir de la muerte. (Antología Poética, p. 164)

En estos versos Alberti juega con las diversas connotaciones que puede sugerir el vocablo tiempo. El tiempo se agota. Y aquello que no se realizó en cierto momento quedará pospuesto para siempre en calidad de irrealizado, de nunca–germinado. Todo lo que ha de ocurrir, ocurrirá, porque el hombre siempre llega al momento de caducidad corporal.

Sin embargo el tiempo es benévolo en ciertos momentos en la vida del hombre. Cuando la juventud esplende en el ser humano, el entorno se percibe distinto, desde otra perspectiva más positiva:

Esta mañana, amor, tenemos veinte años. (Antología Poética, p. 300)

La edad es consecuencia del tiempo. Y una edad temprana es símbolo de vigor, de potencia, de dominio y control. La sexualidad es de mayor frecuencia y rendimiento cuando Alberti presenta el verso anterior. Aquí la juventud es amiga del tiempo, pero éste es eterno mientras que aquélla no lo es. El tiempo le arrebatará algún día lo que hoy le entrega.

En “La soledad”, poema compuesto de tres momentos en lenguaje cotidiano –pero no menos bello que el retórico–, el poeta presenta tres fases o manifestaciones del tiempo a manera de monólogo interior. De la primera, se extrae el siguiente fragmento:

Vendrá.
Vendrá.
Lo ha escrito.
La semana que viene. (Antología Poética, p. 323)

Para el poeta, el tiempo crea en él confianza en lo que va a suceder, certeza en que ocurrirá, realizabilidad, devenir. Aunque una semana falta para reunirse con su amada amante –lo cual podría despertar impaciencia y arrebato–, el tiempo transcurrirá con la certeza de que se cumplirá lo prometido. Más adelante, en la misma parte del poema, puede apreciarse esa invariabilidad que la seguridad en sí mismo le proporciona:

Todo está preparado.
Vendrá. Pienso que el martes…
si no, a lo más tardar,
la mañana del miércoles…
o quizás en la noche… (Antología Poética, p. 123)

En determinado momento, los puntos suspensivos pueden connotar cierta inseguridad o improbabilidad: titubeo, reticencia. Pero, por otra parte, sugieren también ansiedad para que se cumpla lo esperado, impaciencia para encontrarse con quien espera.

En la segunda parte del mismo poema (escena II), aquello que se esperaba con la certeza de realizabilidad parece no cumplirse:

Hoy es miércoles ya… (Antología Poética, p. 123)

El poeta empieza a dudar de aquello que fue certeza. Aquella seguridad temprana empieza a declinar cuando el plazo predeterminado se cumple y aún no se encuentra aquello que se espera. Cierta melancolía empieza a deslizarse por las letras de los vocablos “hoy”, “ya”.

Y en la escena III del poema, empieza un conteo regresivo del tiempo. Todo a partir del miércoles es motivo de posibilidad. Más bien, desesperanza que refleja reminiscencias de lo que fue certeza:

¿Vendrá?
Puede que venga. (Antología Poética, p. 123)

El tiempo y la distancia son elementos heterogéneos en un poema. Mas el pequeño dios se atreve a atisbar en ambos y encuentra que en ciertos momentos sus componentes se relacionan entre sí absolutamente. En el poema “Tú hiciste aquella obra” puede constatarse lo anteriormente afirmado:

Pero cuando después,
a casi veinte años de distancia,
fue tocado aquel toro,
el mismo que arremete por tus venas,
bajaste sin que nadie lo ordenara
a la mitad del ruedo,
al centro ensangrentado de la arena de España. (Antología Poética, p. 336)

Extrañamente distancia equivale a tiempo. El tiempo nos puede sugerir –en este caso– ambivalencia entre kilómetro y tiempo, entre afecto y tiempo. Sin embargo, en este poema se habla de una distancia afectiva interpuesta entre dos puntos.

El tiempo desespera en ciertas ocasiones. El tiempo perdido es casi siempre causa de lamento y el poeta lamenta haber perdido el tiempo hace tiempo. En el poema “Así como sueña” es notorio:

La nieve sin tal vez puede ser buena para remontar los años.
[…]
El puto tiempo, ah, niños perdidos. (Antología Poética, p. 349)

Existe cansancio –ah– de pensar en lo mismo y en lo mismo. El poeta lamenta no haber vivido al máximo tiempos pretéritos. Los espacios que lo invaden le exigen culparse por aquello que es imposible de enmienda. El tiempo es inexorable, transcurre sin detenerse entre los vivos. La agresión al tiempo muestra ese enfado hacia lo que pudo ser pero que no fue.

Hablar sobre el tiempo ha sido tarea de muchos grandes poetas de todos los tiempos. Pero es tan grande el universo, es tan maravillosa y tan única la creatividad del hombre, que pueden pasar los siglos y siempre habrá alguien que maneje el concepto tiempo desde diversos planos. Siempre habrá un tiempo sin tiempo. Siempre habrá en el tiempo poetas sin tiempo.

(1) Varela-Ibarra, José L. La poesía de Alfonso Cortés, p. 75.
(2) Montes de Oca, Francisco. Poesía Hispanoamericana, p. 293.
(3) Garza Ramírez, María Estela. Español 3, p. 35.
(4) León Felipe. Nueva antología rota, p. 23.


Bibliografía:

Alberti, Rafael. Antología Poética. Losada, S.A. Primera reimpresión 1998.
Garza Ramírez, María Estela, et al. Español 3. Editorial Santillana. México, 1998.
León Felipe. Nueva antología rota. Editores Mexicanos Unidos, S.A. Primera edición, 1983.
Varela–Ibarra, José L. La poesía de Alfonso Cortés. Universidad Autónoma de Nicaragua.

Imagen: rafaelalberti.es