domingo, 21 de diciembre de 2014

Oda a la escollera



Nos fragmentamos en las venas del mar
cuando rompe la lluvia,
nos desnudamos el cuerpo de arena,
de sonidos profundos.

Tú, infinita,
castigada por el abalanzamiento
de tempestades continuas,
con el sabor salado a piedra agitada
bajo el rigor del oleaje.

Yo, con mi aliento suspendido,
ahíto sobre la sal, esperando la llegada
oportuna de las aves.

De Bagdad (ALJA Ediciones, 2012)

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