lunes, 4 de mayo de 2015

Poema III, de Angahuan


III


Oímos el canto de grillos
bajo piedra volcánica —su enervante concierto
de violines bajo almohadas de magma,
amenaza que se asentaba en los rincones del oído—,
unción de aves estatuarias;
oímos la púrpura procesión de alas en calles
de un pueblo dormido,
de una vivienda que abría sus puertas una tarde
sin tiempo ni caos ni nombre,
insectos lívidos.

Tocamos la piel de la tierra,
la anchura extraordinaria de un territorio creado
por la generosidad de los dioses,
bebimos el zumo agridulce de las naranjas;
luego pisamos el polvo,
cruzamos por calles concurridas,
espacios conquistados por dos cuerpos de algodón,
evidencia de coloquios pretéritos;
reconocimos nuestros nombres de obsidiana
en nomenclaturas de calles,
nuestros párpados cerrados en el espesor de la tarde,
espejos en rostros purépechas.

De Angahuan (ALJA Ediciones, 2014)

Imagen: "Paricutín", Ramiro Rodríguez.

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