miércoles, 28 de enero de 2015

Ojos verdes


Ella tenía los ojos verdes. Morena de ojos verdes, clarísimos. Con algún poder extraordinario, habían logrado embrujarme como a muchos otros hombres que quedaron como estatuas en las calles. Yo no perdí mi movimiento. Me rendí a sus pies, suplicándole que me diera como ofrenda, no sólo sus ojos, sino su cuerpo. En el origen de sus ojos verdes había un dios adicto a la mota. Así se embrutecía mi cerebro al mirarla, desnuda como flor oscura, sobre las sábanas blancas de mi cama.

Una noche le mordí sus ojos. No de manera violenta, sino con delicadeza para no hacerle daño. No me perdonaría jamás hacerle una herida que la sujetara al sufrimiento permanente. Ella me amó más que nunca. Se quedó en mi cama para siempre. Desde entonces mis ojos también son verdes.

De Brevedad urbana Antología de microrrelato en la ciudad (ALJA Ediciones, 2012).