martes, 28 de julio de 2015

La crítica constructiva o la misión imposible

(Imagen: Ramiro Rodríguez)

Cada miércoles, los escritores nos reunimos en torno a una mesa formada por cinco, en un espacio que no se sabe con precisión si se trata de una sala de juntas o un comedor de museo o una burbuja en el tiempo destinada a la reflexión literaria y el comentario crítico. El propósito, entre otros de menor importancia y otros –inclusive– irrelevantes, es leer los textos más recientes y –mejor aún– someter al criterio heterogéneo la dimensión y la unidad del poema, la estructura y la cohesión del cuento, la veracidad y la justificación del ensayo, para recibir el comentario individual que ayude al crecimiento técnico de la creación literaria. Algunos muy receptivos, dispuestos a valorar el juicio personal; otros, renuentes a la evolución, condenados al estancamiento por decisión propia. El grupo de escritores comparte sus textos de creación, esa ventana personal hacia el universo personal, muchas veces consumidos por el deseo ardiente de ser escuchados. Algunos, acaso, también escuchan lo que leen otros. Por otro lado, existen aquéllos que pasan inadvertida la lectura de los compañeros, perdidos en el diminuto universo de la individualidad, inmersos en la relectura del texto propio. Esa acción malsana para ser escuchado por los demás, pero sin escuchar la propuesta de quienes ofrecen una opinión; esa devoción para oír el comentario crítico –no escuchar: oír– sin aceptarlo. Por fortuna, la gran mayoría de los reunidos en esa sala-comedor-burbuja ve con agrado, y agradece, los señalamientos de la colectividad.

Leerles a los compañeros, solicitarles opinión, un comentario crítico que contribuya a la evolución, se ha hecho una práctica cotidiana en las sesiones de los miércoles. Dice el maestro Octavio Paz:

Sensación de desamparo, pronto convertida en desasosiego y después en agresividad”. (1)

Para muchos, aquéllos que forman parte de la resistencia para la evolución, la crítica de otros sobre la obra personal provoca desasosiego incontrolable, incomodidad. El nerviosismo, la aceptación –o no aceptación– de un comentario. ¿Cómo aceptar que otros intervengan en el proceso creativo que condujo a parir el texto que se expone?

Se requiere madurez y oído, humildad y asimilación, silencio absoluto al momento de escuchar las impresiones de quienes opinan sobre la obra que se presenta a la consideración colectiva. No es una alternativa justificar o explicar el texto que no pudo justificarse o explicarse por sí mismo. Cuando el texto llegue al lector en las páginas de un libro o en el cómodo formato electrónico de la modernidad, el autor no estará presente para explicarle al lector aquello que no logró precisar en el momento de la creación literaria.

El texto, sea cuento o poema, debe hablar por sí mismo. El autor debe buscar la manera idónea para saber si aquello que escribió tiene la capacidad para comunicar el propósito que se planteó en el origen, cuando el texto fue concebido por obra y magia de la pluma y la creatividad. Algo muy difícil de asimilar, de lograr que otros lo asimilen, la aceptación de la crítica constructiva es una misión imposible para algunos autores de este grupo al que asisto desde su fundación en 2005.



(1) Paz, Octavio. Renga (1971) Obra poética II (1969-1998). Fondo de Cultura Económica. México, 2004, p. 238. 

martes, 14 de julio de 2015

A contraolvido en Monterrey


La Feria del Libro Independiente de Monterrey

Te invita a la presentación de

A Contraolvido
Poemas para la evocación de los ausentes
(ALJA Ediciones, 2015)

Compilación de 
Alejandro Reyes Juárez

Presentan:
Gloria Rodríguez y Ramiro Rodríguez

Sábado 18 de julio, 2015. 12 horas.

Escuela Adolfo Prieto, Parque Fundidora

Monterrey, Nuevo León.